Cristina Morales: "El mundo me parece basura"

Cristina Morales ha estado en Zaragoza y ha presentado en el Centro Social Librería La Pantera Rossa la reedición en Anagrama de sus dos primeras novelas, 'Los combatientes' e 'Introducción a Teresa de Jesús' -que fue anteriormente publicada con el título 'Malas palabras'-

Cristina Morales, Manolo Kabezabolo y Elvira Lozano, librera de la Pantera Rossa. Fotografía: Guido Lo Zurdo.

Cristina Morales ha estado en Zaragoza y ha presentado en el Centro Social Librería La Pantera Rossa la reedición en Anagrama de sus dos primeras novelas, Los combatientes e Introducción a Teresa de Jesús -que fue anteriormente publicada con el título Malas palabras-. La identificación del mundo con la basura, que titula esta entrevista, pertenece a Teresa de Jesús, y está recogida por Juan Bonilla en el prólogo que escribe a la edición de la novela de Morales: Cuando veo alguna cosa hermosa, rica, como agua, campos, olores, música, etc., paréceme no lo querría ver ni oír; tanta es la diferencia de ello a lo que yo suelo ver; y así se me quita la gana de ellas […] y esto me parece basura. Cristina recoge el envite y elige para la cubierta de Introducción a Teresa de Jesús un grafiti que encuentra en Granada que dice Basura Basura Basura, y que la editorial pintará de dorado, a modo trapero, en el diseño de la cubierta.

La presentación ha sido una gozada, en forma de diálogo entre Cristina Morales y el tándem formado para la ocasión por Laura Callizo y Nerea González. Aquí podéis ver el vídeo completo. Han conversado, entre otras muchas cosas, sobre la Introducción a Teresa de Jesús como una suerte de autobiografía de Cristina-Teresa, en la que Cristina habla a través de Teresa. Y han señalando una serie de interesantes paralelismos entre ambas autoras. Las dos escriben por encargo: a Teresa de Jesús le encargan el libro de su Vida en el que ella se explica para salvarse de la Inquisición, y a Cristina le encargan un libro sobre Teresa de Jesús en el V Centenario de su nacimiento.

Cristina explica cómo ese paralelismo entre los encargos, que al principio es sólo una sospecha, le servirá como motivación para abordar una tarea que ella acepta no por placer sino por motivos económicos, y que poco a poco irán emergiendo las contradicciones entre la libertad creativa y la libertad material en ambas autoras, y la reveladora continuidad entre los inquisidores de ayer y de hoy.

A partir de ahí Morales tendrá que desplegar toda su astucia, su picaresca, para poder escribir por gusto sin perder el encargo. Como Teresa, Cristina ha experimentado las adversas condiciones materiales del modo de producción de la escritura, y lo que define como violencia editorial (por ejemplo en la pretendida exigencia de autocensura) hacia ella como escritora.

Para mí la escritura de Cristina Morales es un despliegue de casos de inadaptación al sistema. La construcción de historias, personajes, y de un lenguaje poético que no se integra, no se asimila, y ahí radica su fuerza y su impulso experimental y libre, voluptuoso, exuberante y con un desbordante deseo de contar y de hacerse entender.

El título, Introducción a Teresa de Jesús, es confusional para una novela, ¿no?

Bueno, que parezca que es un ensayo me gusta porque rompe un poco la frontera estricta, banal, editorial, entre ensayo y ficción. Además no me importaba que se confundiera porque yo investigué muchísimo para poder escribir esta novela. No incluyo nada de bibliografía, sólo en la nota a la edición, que he titulado Nota a la edición: Jajajaja!, incluyo una centésima parte de la bibliografía que utilicé, pero había toneladas de documentación.

En tu presentación en la Pantera has citado a Clarice Lispector: La venganza de los perdedores es contar la verdad. Esa confusión de fronteras entre ficción y ensayo de la que hablabas, ¿tiene algo que ver con ese deseo de verdad desde el que tú escribes, de un modo diríamos paralelo al de Teresa de Jesús?

Qué bonico eso de la verdad. Decir verdad es... Mira, eso lo dice el personaje de Nati en Lectura fácil cuando está discutiendo con un compañero de la asamblea de okupación que ayuda a su prima Marga a okupar. Él le rebate y Nati le contesta: “Compañero, tienes razón, gracias por hablarme así, porque me estás hablando con las verdades anarquistas frente a las mentiras del capital”. Recuerdo que leímos esto en mi entorno cercano, familiar, y les sorprendía, les hizo mucha gracia que yo me atreviera a poner verdad anarquista y mentira del capital. Parecía un chiste así dicho, pero es porque nosotras mismas no nos atrevemos con nuestras verdades emancipatorias, nos da vergüenza decir verdad! Esto se lo he cogido a Agustín García Calvo que habla de la verdad con alegría, y cómo no, santa Teresa. Cuando se habla de la verdad se está hablando también en un sentido negativo, que no que no, que mi deseo no es ese, mi necesidad no es esa que tú me quieres vender por buena, por válida. No tengo una respuesta para decir qué es la verdad, más allá de lo que es para mí una verdad y para mi entorno más cercano, quién soy yo para decir cuál es la verdad de nadie más, pero creo que empezar a reconocer cuál es la verdad de nuestra inmediatez ya es importantísimo para un viaje emancipatorio.

En tu novela sobre Teresa de Jesús hay un reflexión profunda sobre la escritura, como en Lectura fácil la hay sobre el lenguaje: ¿Quién puede escribir/hablar, para qué, por qué, con qué límites, quién los pone, quién tiene ese poder? En relación con esto ¿Qué piensas que es hoy una habitación propia?

Lo mismo que hace doscientos años, porque tener habitación es lo más caro del mundo, estamos desahuciadas, okupamos porque no tenemos dónde caernos muertas, porque una habitación en Barcelona vale cuatrocientos euros al mes. La habitación propia sigue siendo una consigna, matizando: la consigna de Virginia Woolf viene desde un lugar burgués, y nosotras necesitamos una habitación propia no para crear, sino para dormir! para vivir! El otro día releía Silencio administrativo de Sara Mesa, y ahí Sara Mesa me recordó una lectura mía de universidad: el filósofo y politólogo indio, Amartya Sen, decía la pobreza es falta de libertad. No sé si estoy del todo de acuerdo con esa afirmación pero para esto de la habitación propia me sirve.

El proceso de creación de un lenguaje poético en tu Introducción a Teresa de Jesús. Haces un gran trabajo de construcción de lenguaje, Teresa habla con un lenguaje renacentista muy fresco, ¿no?

Me lo hizo ver, y desde aquí se lo agradezco, Erika Martínez, una poeta de Jaén que lleva en Granada toda la vida. Presentó en su momento Malas palabras en la Feria del Libro de Granada, y me decía que para ella había un hallazgo de una lengua inventada, que no era actual ni renacentista. La opción de que yo imitara no ya el habla, que no sabemos cómo hablaban, sino la escritura de Teresa, hubiera sido, al menos para mí como escritora, ortopédico, aparatoso, habría salido un churro total. Me parece que no tendría sentido, porque si queremos ver cómo se escribía en aquella época con acudir a los libros de la época ya está bien. Habría sido un intento fallido, frustrado, una fantochada.

La otra opción, la de ir por el lugar de lo anacrónico, por ejemplo como hace Sofía Coppola en su película María Antonieta, en la que María Antonieta se calza unas Converse -eso lo menciona Juan Bonilla en el prólogo a Introducción a Teresa de Jesús- esa opción, si bien es una opción que a mí me interesaría más, no fue la que elegí. Tanto en Introducción a Teresa de Jesús como en mi otra novela que tiene un trasfondo histórico, Terroristas modernos -que por cierto me harté de venir a Zaragoza para documentarla, se desarrolla en la Guerra de la Independencia- mi apuesta es siempre muy historiográfica, me interesa mucho el suceso tal cual fue, me parece que ya está cargado de historia con minúscula, ya está cargado de literatura. No estoy segura de lo que significa estar cargado de literatura pero yo lo veo y lo siento, tengo que añadir muy poco, no tengo que poner a Teresa de Jesús a fumarse un Ducados, no hace falta. Con las crónicas y con lo que ella misma escribió tenemos un material para reflexionar sobre nosotros mismos para aburrir, no hace falta que yo añada más. Y esa lengua de la que hablaba Erika Martínez que está entre medias era lo que me permitía no dejar de ser historiográfica, no dejar de ser documentalista, pero al mismo tiempo no desfallecer en el intento. Crear una lengua intermedia que a mí me emparentara con la autora sobre la que se me había encargado escribir. Porque no era una decisión mía escribir en primera persona! Esto viene dado por el encargo.

Foto: Esther Moreno

Cuando me llega el encargo y me dicen escribe en primera persona sobre Teresa de Jesús, tiene que tener en torno a esta edad, tiene que estar en en este momento de su vida, a punto de fundar su primer convento... Yo había entregado pruebas más libres de una Teresa niña, en una tercera persona que me daba libertad, distancia, y a lo mejor en algún momento efectivamente Teresa se fuma un Ducados y eso funciona. Pero los códigos del encargo eran muy férreos, entonces yo tuve que hacer de mi capa un sayo. En un momento pensé, lo digo en la Nota a la edición Jajajaja,! que el que a mí se me pidiera hablar en primera persona sobre santa Teresa como si yo fuera santa Teresa, hacer esa ventriloquia, era una cosa inmoral. ¿Quién era yo para hacer como que soy Teresa de Jesús? Que ya la santa escribió todo lo que tenía que haber escrito! Luego, editorialmente se dijo: “Es la cara B del Libro de la Vida”. Le agradezco a Juan Bonilla, que fue el primer lector de Malas palabras y ahora el prologuista de Introducción a Teresa de Jesús, que diga que es un texto cien por cien de ficción que levanta el vuelo por sí mismo, que ya se olvida de Teresa.

Precisamente he tenido que pasar por mucho estudio histórico, investigación, documentos, para poder separarme absolutamente de ellos, y que tú no necesites saber quién es Teresa de Jesús, como si ese personaje no hubiera existido jamás, para poder leer Introducción a Teresa de Jesús. Porque levanta el vuelo, va solo ya. Daría igual que Teresa hubiera nacido en Ávila, hubiera escrito el Libro de la Vida, la hubiera querido condenar la Inquisición, porque el producto de ficción que queda, la obra de ficción que es Introducción a Teresa de Jesús, ya no da cuenta, podría estar en una estantería entre un libro de Maiakovsky y otro de Elvira Sastre, y sería una ficción más. A mí me gusta pensar que es así.

A la vez sigue transmitiendo esa sensación de verdad de la que hemos hablado antes.

Claro, porque las escritoras somos tramposas! (se ríe) Esa novela de ficción que yo hago tiene un corte realista. Aparte, esto es importante siempre decirlo, tenía que dar cuenta ante una editora, quien tenía que darme el Nihil obstat, el visto bueno para llevarlo a la imprenta, y con la primera con la que soy tramposa es con mi editora, que me manda quitar partes que yo cuelo en la última pasada de corrección cuando ya sé que ella no lo va a leer. El texto es tramposo por dos razones. En primer lugar porque crea una ficción que tiene amparo en una realidad pero se quiere separar de ella, sino yo sería una exégeta de Teresa de Jesús!, haría notas críticas a la obra de Teresa, pero no, tenía que hacer algo que funcionara por sí mismo. Y por otro lado es tramposo con la editora y con la lectora. El texto de ficción tiene que suspender la realidad, tiene que hacerte creer que no estás en el aquí y en el ahora, sino que estás en el aquí y en el ahora de la novela, estás en la fantasía. Y efectivamente hay verdad, pues claro que hay verdad! No me parece que ficción sea sinónimo de mentira, es otro modo de acercarse a las cosas.

Esta declaración tuya me fascina, teniendo en cuenta tu fuerte apuesta por ser entendida:
Yo intento hacerme entender, pero la tentación de la ilegibilidad planea sobre mí todo el rato. Entiéndame quien quiera, eso le pasaba a santa Teresa también.

Qué alegría y qué tragedia cuando lo ves, dices hostia, las miserias, los sometimientos por los que una pasa como creadora le pasaron a la santa también! Eso te encardina en un lugar histórico: eres una mujer que quiere escribir, que escribe. Y por eso, por ese deseo o esa necesidad de toma de la palabra, hay mil presiones para que esa toma de la palabra esté moldeada en favor de ciertos discursos dominantes. Con Teresa pasaba, y a mí me pasó exactamente igual. Desde el punto y hora en el que yo no quería escribir sobre Teresa y me dijeron ah, pues si quieres escribir tienes que escribir sobre Teresa, este es el encargo, lo tomas o lo dejas. En ese momento empezaba a escribir Lectura fácil; dejo Lectura fácil y digo sí al encargo porque no me quedaba otra.

Esa atracción por la ilegibilidad puede estar relacionada con el desarrollo de otros lenguajes que no son la escritura: la danza, o la experiencia mística en Teresa, que pasa por el cuerpo también.

En Teresa la ilegibilidad viene hasta de un lugar más fáctico. Como ella no aprendió a escribir en un seminario, no podía, aprendió en su casa, su caligrafía era muy diferente a la de quienes sabían escribir en la época, que eran enseñados de una determinada manera; la caligrafía de Teresa es muy diferente, es como mala letra, ilegibilidad hasta en ese sentido. Pero qué duda cabe de que en el cuerpo también hay lenguaje. A veces en la danza hay experiencias místicas. He llegado a lugares de éxtasis, que sería otra entrevista que escribiéramos... Lo que yo he identificado como éxtasis, en función de lo que sé, lo que me han dicho que es el éxtasis, me ha ocurrido tres veces en la vida, y una de ellas ha sido en la danza. Por un lado un paso de separación total entre el yo -que es una noción fantástica también, el yo es una noción muy reciente- y el cuerpo, y por otro lado una reintegración. O sea que mente y cuerpo -esa diferenciación platónica absurda- desaparecen, y hay un todo, un todo que no cuida de sí. Hay un todo súper poderoso y súper vulnerable, con esa ambivalencia, que es poderoso por su vulnerabilidad. Esto se lo decía Pina Bausch, bailarina y coreógrafa muy famosa, a una bailarina. También es algo muy zen. Le decía a una bailarina que tenía un aspecto muy frágil que en su fragilidad estaba su potencia; que no se sintiera mal por no poder hacer tal o cual paso, que en su liviandad está su potencia. Y qué bien que eso llegue a la escritura, ¿no?

Pasemos a Los combatientes. La escena impagable del debate con mujeres escritoras sin ningún fuste, estrategia u objetivo más que la cuota biológica, me recuerda que hoy los conceptos de mujer, feminismo, feminista, están más en disputa que nunca. ¿Te interesa ese debate?

Que haya disputa está bien, significa que hay vida. Y rompe esa falsedad tan propia del feminismo institucional que es arrogarse para sí, como universales, mujer o feminismo. Que haya disputa significa que hay discursos no hegemónicos que discuten ese relato. Excelente noticia porque rompe el universal de todas las mujeres amigas, la fantasía de la igualdad, con más inri porque es la igualdad en virtud de lo biológico. Nuestra amiga común María Galindo dice muy bien que a las mujeres hasta se nos ha desposeído de la posibilidad del disenso entre nosotras. En un parlamento los hombres jamás tolerarían ser equiparados a otros simplemente en función del número, de cuántos son, o de qué llevan entre las piernas. Ellos tienen el privilegio de discutir sobre el mundo, nosotras no, nosotras todavía no. Así lo recoge el feminismo más institucional, y el de la igualdad, y el biologicista, el esencialista.

Así que estoy muy feliz de tener enemigas feministas, porque es dejar de banalizar qué lugar de disenso tengo yo acerca del mundo, como mujer, sin saber todavía lo que es ser una mujer. Una amiga actriz me decía: yo no querría ser feminista, soy feminista porque no me queda más remedio en esta vida, en este mundo de mierda patriarcal no me queda más remedio que ser feminista. Si ya bastante tengo con emprender la lucha feminista que encima no me vengan con que tengo que identificarme con lo que ha venido dado como el concepto de mujer. Yo qué coño sé lo que es una mujer. O compro el concepto elaborado por siglos de historia o me tengo que pelear para crear uno nuevo, así que muy bien esa pelea. Yo misma no sé cómo nombrar realidades no cisgénero, de momento hablo del sujeto no masculino para decir todo aquel que no sea el hombre cisgénero, ¿cómo denomino al compañero trans o la compañera trans o yo misma cuando me rapo la cabeza entera y me toman por un muchacho? Que eso esté en el candelero me parece buenísima noticia para todas.

Foto: Esther Moreno

Desde Los combatientes hasta Lectura fácil hay un proceso de pluralidad de voces, de pluralidad de técnicas... ¿tiene que ver con un interés en la disolución del sujeto, la disolución de la autoría? ¿eso está en tu trabajo de algún modo?

Qué gracioso porque siendo verdad lo que dices, que hay un placer en la búsqueda de voces, en otra obra que no hemos mencionado ahora que es Terroristas modernos, hice de manera muy consciente ese “quiero acabar con el narrador”. La novela está escrita con un narrador omnisciente en tercera persona, pero es un narrador omnisciente que está deslegitimado todo el rato porque los personajes son tantos, y hablan todo el rato y son tan parlanchines que le quitan la palabra al narrador. El escritor Juan Bonilla, que es un gran maestro para mí, me decía, Cristina, aquí donde el narrador menos se ve es donde más presente está. La voz narradora, pareciendo sólo un delineante que está colocando las mil voces de la conspiración del triángulo, que es de lo que va Terroristas modernos, realiza su trabajo con una pulcritud que hace que emerja como la voz que más nos interesa, porque nos interesa el orden que pone en el caos, con pinceladas. Esa voz narradora fantasmagórica, que no da opiniones sobre el mundo, que no juzga, es como si fuera un director de orquesta que mueve una batuta y está de espaldas, ni lo vemos, no se identifica con ningún sexo-género, es una voz como clásica narrador omnisciente.

En las obras en las que no dejo nada al narrador omnisciente como en Los combatientes, Introducción a Teresa de Jesús y Lectura fácil... es curioso que me hables de la disolución del yo. Fíjate que yo lo vivo muchas veces como que si me lío a poner muchas voces tengo que tener mucho control sobre ellas. Incluso cuando el narrador está oculto, no diría tanto que se disuelve el sujeto autoral, se disuelve otra cosa, se disuelve el andamio, se disuelve la mano que rige la historia en favor de las voces que hablan, y que a mí me gusta llevar hasta el último lugar, explotar las posibilidades del lenguaje de cada personaje, de su argumento, de sus acciones, a la enésima potencia, como pasa en Los combatientes, cómo empieza la escena en la que un grupo de actores y actrices están actuando en el teatro, y se dan de hostias hasta que hay que llamar a una ambulancia, y los otros se ponen a follar hasta que se corren, hay una cosa así como en el Casanova de Pasolini, donde hay una escena final en la que él tiene el reto de con cuántas mujeres puede follar sin eyacular.

Hay un juego de extenuación, por momentos deportivo, hasta dónde puede llegar el mecanismo de la ficción, hasta dónde lo podemos retorcer, cuáles son sus límites, cómo de tramposa puedo ser, cómo le dan los lectores al hecho literario y al hecho libro una legitimidad y un valor de verdad, volviendo al tema de la verdad. A mí me sirve como escritora para hablar de otras verdades inesperadas, como las verdades anarquistas frente a las mentiras del capital. O a la desacralización del hecho literario, la desacralización del hecho libro, como en Lectura fácil, que un mogollón de veces me han hablado de los CRUDI y los RUDI como lugares que existen, y yo que no, que no, que me los he inventado. No vas a poner en internet CRUDI y RUDI y te va a salir CRUDI y RUDI de Arcuelamora, que también está inventado. Que el síndrome de las compuertas no existe, que me han preguntado, bueno pero este síndrome tal y cual, y ya me parece que hay una entrada de Wikipedia! Esto es forzar la maquinaria y cuando hay confusión genuina entre la realidad y la ficción, no ya en la literatura, en cualquier expresión artística, me parece que ese es el camino, ¿es verdad, es mentira, es ficción, es realidad? Cuando conseguimos crear en el espectador, en el lector, esa duda, para mí es cuando la obra es poderosa, no verdadera o mentirosa, es poderosa. Es cuando está planteando nuevos caminos, está abriendo nuevas ventanas.

Mira, esta reflexión me la despertó algo aparentemente tan banal como un vídeo estos días de cuarentena, cuando estaba la cuarentena más chunga, un chaval, no sé dónde estaba, me llega por whatsapp, que desde la azotea de su casa, en un pueblo aparentemente castellano, con un sombrero de cowboy, decía: “Hola, soy policía de balcón”, y se ponía a hacer que increpaba a gente que pasaba por la calle: “Eh tú! A tu casa! No sé qué haces en la calle! ¿No te da vergüenza? Sinverguenza!” Y hablaba por el móvil: “Gertrudis, que va a pasar por tu calle un disidente. Páralo, intercéptalo. ¿Llamas tú a la poli o llamo yo?” Piensas qué exagerado, pero el tío con mucho arte manejaba códigos y arquetipos de lo que fue, -que existieron-, los policías de balcón, y sembraba la duda acerca de si este tío es un gilipollas o es un artista como la copa de un pino. ¿Es un policía de balcón que como me lo encuentre le pegamos una paliza entre todas, o si no lo que está haciendo es ponerme a dudar entre los límites de la realidad y la burla? Chapeau ese video, ojalá supiera yo quién es ese chaval. Artista total.

-¿Qué te parece la nueva normalidad?

La normalidad ya era una mierda antes, y ahora es todavía peor. Normalidad es sinónimo de situaciones de opresión, explotación. Hay por ahí una pintada en Barcelona que dice “La nueva normalidad, la opresión de siempre”. Pero mucho peor!

Al terminar le comento a Cristina que, antes de salir de casa para realizar la entrevista, mi hija me ha hecho caer en la cuenta de que Cristina Morales (1985) no es una escritora joven sino una escritora, hecha y derecha. Me cuenta que ese adjetivo de joven, además de revelar la provecta edad de los críticos del establishment literario, funciona para colocarla siempre en un eterno período de prueba, de tener que demostrar, da igual que haya sido Premio Herralde de Novela y Premio Nacional de Narrativa. Cristina menciona y agradece frecuentemente las aportaciones que recibe de otras personas, escritoras, lectores... lo que la honra. Y me encarga que le dé las gracias a mi hija por la observación.

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