Se trata de un largometraje de 90 minutos del director Francisco José Vaquero Robustillo que no deja a nadie indiferente y que ha conseguido cautivar de forma excepcional a los espectadores con la voz de la experiencia de nuestros paisanos, en las más de 300 proyecciones realizadas desde su lanzamiento. La experiencia de luchar contra o padecer por el impacto de la desorbitada y descontrolada proliferación de proyectos renovables en estas, nuestras siempre denostadas y olvidadas tierras del mundo rural.
Unas 70 personas asistieron en este pueblo de apenas 62 empadronadas, pudieron comprobar de primera mano a través de las imágenes y los testimonios que aparecen en el filme, cuál es el impacto real que los mal llamados "parques" eólicos y fotovoltaicos tienen sobre los entornos despoblados, especialmente en lo referente a la descomunal destrucción que están suponiendo para ecosistemas, recursos naturales y biodiversidad, a la alteración del paisaje poco humanizado que aún se preserva en estos lares y cómo no, a la falsa utopía del buen desarrollo social y económico de los pueblos más desfavorecidos. Un documental que no sólo habla del impacto en el medio, sino también del impacto en la sosegada existencia de las personas que vivían hasta la llegada de estos proyectos, alejadas de la urbanización y la industrialización más hambrienta de la sociedad humana.
Sería certero afirmar que los vecinos y las vecinas de Cosa también son conocedores de primera mano de este espinoso tema, dado que llevan varios años ya luchando férreamente contra varios macroproyectos que ensombrecen la tranquilidad de sus calles y de sus montes. Muestra de esa batalla es la responsable de organizar la proyección de este documental, la Asociación para la Protección del Entorno Natural de Cosa, una agrupación vecinal que el 20 de junio cumplía dos años de andadura y que junta a día de hoy a más de un centenar de integrantes, entre residentes, familiares y allegados. Una clara demostración de que incluso en los lugares menos poblados, la unión y la coherencia son posibles entre las distintas personas para alcanzar un bien común, que no es otro que la preservación de la naturaleza y la tradición que albergan estos lugares extraviados en el tiempo.
Una vez terminada la proyección, los y las asistentes tuvieron la oportunidad de ser parte de un coloquio junto al invitado de honor Ernesto Romeo, uno de los protagonistas del reparto, conocido también por ser portavoz del grupo de Energía y Medio Ambiente del Movimiento ciudadano Teruel Existe y miembro de la plataforma Aliente. Durante estos minutos se tuvo la oportunidad, entre otros datos compartidos, de exponer los múltiples proyectos de renovables que afectan actualmente a este municipio. Al mismo tiempo, se aprovechó la ocasión para alentar a los vecinos a seguir manteniéndose firmes y unidos ante la presión continuada de las promotoras, así como a conservar el ánimo durante el camino que aún queda por recorrer en esta dura y larga batalla para la defensa del territorio. Estos últimos comentarios esperanzadores suscitaron en respuesta un aplauso espontáneo entre el público.
Mientras se siguen sumando poblaciones que apuestan por la información y la verdad, aunando lucha social y cultura, el Gobierno de Aragón sigue permitiendo el mayor absurdo de la historia de esta comunidad, cuyos límites no parecen tener fin. Y es que pese al descontento manifiesto de una parte importante de la ciudadanía aragonesa, que prosigue en el empeño de alzar su voz en trámites participativos y en juzgados, los proyectos renovables todavía están atentando contra unos valores naturales irreemplazables que continúan desapareciendo sin remedio. Así es como medio millar de expedientes todavía hacen cola para sumar otros 22.180 MW más a la potencia actual instalada que es ya de 12.849 MW, en una especie de imparable y vertiginoso ascenso hacia la pérdida de todo cuanto un día definió este maravilloso territorio.
¿Qué nos queda entonces?
Seguir abriendo ojos.
Pero sobre todo...
Seguir luchando.




