Cooperación al desarrollo, limosna como solución

11 abril, 2014. 14:22
Conciertos Live Aid organizados simultáneamente en Londres y Filadelfia en julio de 1985, para recaudar fondos en beneficio de Etiopía
Conciertos Live Aid organizados simultáneamente en Londres y Filadelfia en julio de 1985, para recaudar fondos en beneficio de Etiopía

La ayuda que los países desarrollados destinan a países más pobres saltó al primer plano de la actualidad mundial en julio de 1985 con los conciertos Live Aid organizados simultáneamente en Londres y Filadelfia, para recaudar fondos en beneficio de Etiopía. Las imágenes de la devastadora hambruna que estaba padeciendo aquel país conmovieron a millones de personas y se consiguieron más de 100 millones de dólares. Sin embargo, el corrupto gobierno etíope, dilapidó gran parte del dinero en la compra de armas para la guerra. Conciertos benéficos y comercio de armas, ambos impulsados desde norte hacia el sur.

Live Aid propició un debate sobre la mejor forma de canalizar la cooperación internacional, pero años después, la hambruna pasó de Etiopía al país vecino, Sudán, por la misma causa, la guerra, esa en la que los países que luego enviarían ayuda, ya habían conseguido pingües beneficios con la venta de armas. De nuevo se actuó sólo cuando la tragedia adquirió dimensiones históricas, y sin ningún efecto, pues no sería hasta 2013, el año de la definitiva independencia de Sudán del Sur, que se pusiera pausa a los conflictos de este país, que se prolongaban intermitentemente desde 1955, año de su descolonización.

Tradicionalmente la Ayuda Oficial al Desarrollo ha estado condicionada por los intereses del país de procedencia, ya sean geoestratégicos o económicos, y por supuesto no se han tenido en cuenta las necesidades reales de la población. En muchos casos se ha concebido la cooperación de forma asistencial y eso no hace más que prolongar la situación de dependencia manteniendo las causas reales del subdesarrollo.

No les des peces, enséñales a pescar

La trayectoria de todos estos años de trabajo y muchos fracasos sobre el terreno han llevado a algunas organizaciones a realizar también labores de sensibilización y denuncia para que aumente la presión por el cambio de las verdaderas causas estructurales del subdesarrollo. Entre ellas podemos citar el injusto comercio internacional, la militarización y la destrucción del medio ambiente. Por otro lado estas organizaciones han empezado a mostrar una aparente coordinación sobre el terreno para sumar esfuerzos en la misma dirección. Esta colaboración ha sido impulsada expresamente por la Fundación de Naciones Unidas con el término de Alianzas Público-Privadas para el Desarrollo (APPD) apostando por tener una agenda común y racionalizar los recursos, concepto éste, que pone en evidencia los fines comerciales que esconde la cooperación.

Salvo en situaciones de emergencia como las mencionadas, la cooperación debe aspirar a crear estructuras sostenibles autóctonas. La mera involucración de entidades privadas con ánimo de lucro debe hacernos recapacitar sobre el objetivo de estructuras como la APPD. Cooperación debería ser sinónimo de entablar un diálogo con la comunidad y escuchar sus verdaderas necesidades. Sería necesario un cambio de paradigma y en este sentido se empieza a hablar de cooperación Sur-Sur como parte de un nuevo eje de intercambio de comercio, inversiones, tecnología y expertos entre países del sur, alejando el mito del norte salvador y el sur rescatado. Un cambio evidentemente necesario pero de dudosa utilidad con una economía global desbocada.

Anticooperación

La mayoría de las relaciones norte-sur tienen un componente netamente económico. Las inversiones de los países ricos han variado durante el siglo XX, desde un expolio continuo del capital natural y los recursos limitados del planeta, hacia nuevas corrientes de comercio e inversión, percatándose del potencial económico del ‘despertar’ de los continentes al sur del planeta. Actualmente, la iniciativa privada busca salida a la crisis que azota a los países desarrollados con nuevas oportunidades de comercio en el sur del planeta, lo que de nuevo aporta un nuevo flujo de capital hacia el norte, beneficiado por el trabajo de sus multinacionales, por la extracción de recursos naturales, y por el cobro de intereses de la deuda que estos países mantienen con el norte desarrollado. Lo que evidencia la inutilidad real del nuevo concepto de cooperación público-privada, que esconde, bajo el trabajo de la sociedad civil bien intencionada, el beneficio de la empresa privada. Es en ese flujo económico, en el expolio del capital natural, sumado a esa connivencia estado-multinacional de los países del norte a la que denominamos anticooperación, un concepto desarrollado por David Llístar.

Existe un triple fluir de capitales que condicionan el desarrollo de los países pobres. Primero, la iniciativa privada del norte, que construye, edifica, crea infraestructuras o explota los recursos naturales mediante contratos multimillonarios en las zonas más deprimidas del planeta, lo que genera notables beneficios a los adjudicatarios. Los estados del norte siguen ofreciendo millones de euros, o dólares, en ayudas a países que siguen considerando pobres, y que en absoluto benefician al desarrollo pues consiguen limitarlo. La deficiencia energética del norte, junto a sus limitadas materias primas, le hacen completamente dependiente del sur global, sin embargo, este beneficio no parece revertir en las zonas expoliadas de sus recursos naturales, si no que irracionalmente terminan por favorecer a la empresa privada del norte. Por último, las organizaciones económicas mundiales mantienen la presión fiscal sobre los países endeudados del sur mediante la concesión de créditos que ahogan en intereses a sus beneficiarios.

David Llistar, en su libro Anticooperación, nos plantea unas claves para la abolición de ésta: “Mucho más eficaz (y honesto) que el envío de dinero y capacitación técnica para los pobres es abolir la deuda externa, prohibir la venta de armas, reparar la deuda ecológica, abandonar a los dictadores pro occidentales, dejar de boicotear la puesta en marcha de un régimen internacional de derechos humanos, liquidar los paraísos fiscales y el secreto bancario, asumir los costes de la mitigación y adaptación al calentamiento global, desarrollar esquemas de decrecimiento material y energético, etc.”

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[Miguel Ángel Conejos Montalar / @maconejos]

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