Con las mismas arcillas

06 septiembre, 2026. 16:06

El Villarreal juega la Champions y Estercuel no tiene equipo de fútbol.

Solo con el título, muchas y muchos ya habrán adivinado de qué va este artículo que, si bien llevaba tiempo preparando, sale a la luz animado por la charla-coloquio sobre extractivismo organizada el pasado domingo, en Molinos, por la Plataforma de Afectados por la Minería de Teruel y que, de modo magistral, dirigieron Monteserrat Martínez, Javier Oquendo y José Luis Simón, integrantes del Colectivo Sollavientos.

En el último número de la revista “Peirón”, editada por el CEMAT (Centro de Estudios del Maestrazgo) aparecen dos artículos que resumen la historia de la lucha de esta Plataforma contra una de las facetas de la barbarie extractivista que asolan nuestro territorio: las minas de arcilla. Estos artículos me abrieron el apetito sobre el tema que devoramos el domingo.

Hace ya años, aquellas “azulejeras” que proliferaron en La Plana regadas de dinero europeo de aquel “Objetivo 1” que se concedió a Valencia (como territorio pobre) y se negó a Teruel (por demasiado rica) ya fijaron su mirada de raposa en nuestras arcillas. Ahora, la situación que atraviesa Ucrania (con mejor materia prima y, hasta el estallido de la guerra, más barata) incrementan el deseo de estas prácticas sin escrúpulos, apoyadas en la laxitud de las administraciones aragonesa y estatal en la aplicación estricta de unas leyes que, para colmo, son obsoletas y ajenas a la realidad.

Minas que no restauran las heridas en el paisaje, que obvian los enclaves arqueológicos y que, en definitiva, vienen a llevarse lo que puedan hasta el momento en el que Ucrania vuelva a estar operativa, cosa que pasará. Mensajito corto pero durejo. ¿Verdad?

El tema de las arcillas no es más que otra de las balas del revolver del expolio. Nuestras comarcas sufren la ambición de estas empresas que vienen a perpetuar un modelo colonial que les beneficia y que reboza en misera nuestro paisaje y nuestro paisanaje. Aquí siempre es pan para hoy y hambre para mañana. Allá, en los lugares de manufactura, el guión es pan para hoy y “força al canut”. Aquí es ver como se marchan dejando destrozo. Allí es ver como llegan trayendo riqueza.

Tras la charla, de regreso a casa, decidí volver a El Pobo dando una vueltecilla. Al regresar por Castellote, Mirambel, Cantavieja... recordé cómo mis ojos de niño “alucinaban pepinillos” con esos gigantes verticales, profundos barrancos, masías roqueras, arboles locos, pueblos de cantera y cielos brutales que veía desde el Seat 850 de mi padre, cuando se empeñó en que mi hermano y yo conociéramos toda la provincia. Ayer, con mis ojos de persona casi viejuna, volví a alucinar (esta vez Gildas) y me sentí afortunado de poder disfrutar todavía de esta naturaleza desorbitada, de ese patrimonio de siglos forjado en hielo. En nuestras manos está: podemos dejar que sigan sucediéndose gobernantes más interesados en girar puertas y alimentar clientelismos que en defender nuestro futuro. Debemos participar activamente o prestar nuestro apoyo decidido a plataformas y colectivos que levantan su voz contra todas y cada una de las tropelías que quieren cometer, ayudándoles en su tarea de despertar conciencias.

En nuestras manos está que podamos seguir disfrutando, con la cabeza bien alta, de nuestros paisajes, con la dignidad de no haber vendido nuestra tierra a cualquier precio y a un postor que no suele ser el mejor, sino el que nos imponen.

Duele ver como nuestros medios de comunicación (demasiado urbanos en muchas ocasiones para la realidad esta tierra) parecen felicitarse de que la gran azulejera anuncie la apertura de otra mina en un pueblo que no tiene habitantes para poder jugar a fútbol, mientras la riqueza se la lleva a otro que juega Champions. Oro allí, aquí migajas y paisajes rotos.

Esta es la realidad y, ante ella, nosotros y nosotras debemos decidir si colaboramos sumisos a perpetuar este modelo, esta situación de “tercera división” para nuestras gentes, o comenzamos a intentar jugar en esa liga en la que no quieren que juguemos.

Es lícito querer ascender de categoría y, sinceramente creo, que cada vez somos más los que, conscientes de que la pelea es contra Goliat, sabemos que podemos conseguirlo.

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