En el asunto compiyogui, deberíamos dejar pronto de bromear. Es ineludible centrar el foco en las relaciones anudadas entre todos los poderes económicos y del Estado, desde los tiempos en blanco y negro. También en la podredumbre que rodea el comportamiento de quienes, sin duda, se han llenado y se siguen llenando los bolsillos, a costa de todas y todos, gracias a unos privilegios adquiridos ya hace tiempo.
La exclusiva publicada por eldiario.es tiene el valor periodístico de vincular a los miembros de la Casa Real con esos empresarios corruptores, a los que muchos medios de comunicación han protegido, asustados por las posibles pérdidas económicas en publicidad, volcando toda la merde sobre los políticos corrompidos.
El ya confirmado por la Casa Real como ex-amigo del Jefe del Estado, Javier López Madrid, era de los buenos amigos. Protegió al actual rey en todos sus escarceos amorosos y mantuvo en secreto algunas de estas relaciones, incluso escondiendo a las novias del entonces príncipe en su propia casa, como hizo con Gigi Howard.
Compiyogui es solo el apodo que la actual reina utiliza cariñosamente para el marido de su “compi” de yoga, Silvia Villar Mir, con la que mantiene una estrecha amistad… aunque quien sabe, quizá ahora también sean ahora ex-amigas.
Como era de prever, los mensajes del López Madrid alcanzan también a dirigentes del Partido Popular (PP), al que se supone donó cerca de dos millones de euros, desde el Grupo Villar Mir, lo que le ha colocado en el ojo del huracán de la Operación Púnica. Otro escándalo que se suma al de las tarjetas black de Caja Madrid, por el que también está imputado.
Así pues, el ex-amigo del Jefe del Estado, es a su vez el compiyogui de la reina y se envía “bsss” vía mensajería telefónica con la lideresa del PP madrileño, Esperanza Aguirre.
El ex-amigo, compiyogui, y posible benefactor, Javier López Madrid, es consejero delegado del Grupo Villar Mir, yerno del todopoderoso empresario, Juan Miguel Villar Mir, que fuera ministro del primer gobierno post-franquista liderado por el recién coronado Juan Carlos I, quien en 2011 le otorgaba el título nobiliario de Marqués de Villar Mir, y que ha aumentado su fortuna, en parte, gracias a golpes de suerte como adquirir la constructora Obrascon, ahora OHL, por el escueto valor de una peseta.
La revelación de eldiario.es no es poca cosa. Ni siquiera debiera prestarse a broma, pese a lo humorístico del apodo. El yerno del todopoderoso empresario, ex-amigo, compiyogui y posible benefactor también cultiva sus relaciones con comisarios del Cuerpo Nacional de Policía (CNP). Estos mensajes salen a la luz, no por las fervientes relaciones de López Madrid con Granados, Aguirre o González, ni por su relación con las tarjetas black de Caja Madrid, ni siquiera por su presunta vinculación con la Operación Púnica.
Los mensajes telefónicos se hacen públicos tras la denuncia por calumnias del propio compiyogui a una mujer que previamente le había denunciado a él por acoso sexual. Javier López Madrid estuvo acusado de acoso y amenazas por la doctora Elisa Pinto, quien además ha asegurado que ha sufrido diversas agresiones, entre ellas un apuñalamiento tras el cual el agresor le dijo: “López Madrid quiere que cierres la boca”. Según declaraciones de la dermatóloga, el autor del apuñalamiento sería el comisario José Villarejo, que podría haber sido contratado por recomendación expresa de Francisco Granados a López Madrid.
Por su parte, el ex-amigo, compiyogui, yerno, benefactor, imputado por apropiación indebida y acusado de acosador sexual, también salió a la prensa a desmentir completamente las acusaciones vertidas por la doctora Pinto contra él.
Sin embargo, su propia denuncia por calumnias, y la investigación de la Guardia Civil con respecto a los registros de su teléfono móvil, han destapado que éste fue manipulado por una empresa, y que López Madrid llamó, antes y después de acceder a la compañía que se encargó del borrado, a diferentes comisarios del CNP, previamente a entregar su terminal en el juzgado, por el escándalo de las tarjetas opacas.
Confirmados o no los delitos, la realidad que muestra el asunto compiyogui, es la de un estado en el que la connivencia de los grandes poderes de todo tipo, en torno a asuntos más o menos turbios, es continua, y que en cierto modo salpica de merde a todas las personas que sea acercan a esa élite económica y social.
En los mensajes intercambiados con los reyes hay una afirmación irrefutable, su país, el que ellos manejan a su antojo es ciertamente "difícil". Algunos, cada día tenemos más claro, que no son varias manzanas, y que es todo el cesto el que está podrido, pues nos lo dejaron tal y como lo vemos, años ha, atado y bien atado.
Ce grand merde.





