Hoy se cumplen 100 años de un hecho que cambió para siempre la historia contemporánea y que convirtió a un pueblo en víctima silenciada que durante ya un siglo ha sido obligada a permanecer en la sombra del olvido. A cien años de una masacre que aún no tiene nombre, muchos aún se preguntan si ha sido o no un genocidio.
Hoy todas las comunidades de armenios se unen para conmemorar y no olvidar lo que cambió el destino de todos sus ancestros al huir de lo que muchos historiadores afirman fue el “ensayo de la solución final”.
'Nomeolvides'
Como símbolo de las conmemoraciones del centenario se eligió la imagen de la flor “nomeolvides”. Según informó VikénSarkissian, jefe de los asesores del presidente armenio. “Nomeolvides tiene el mismo significado en todos los idiomas” y se utiliza para que el lema adoptado Recuerdo y Reclamo tenga sentido. El símbolo representa las doce columnas de piedra del Monumento al Genocidio de Dzidzernagapert, mientras que los cinco pétalos invocan a los cinco continentes donde los armenios encontraron refugio después del genocidio, dando creación a la gran Diáspora armenia.
Erdogan acusa al Papa de decir “estupideces”
La palabra que Francisco I utilizó para calificar las matanzas de armenios por otomanos en 1915 fue “genocidio”. En respuesta, el presidente de Turquía ha acusado al Papa de decir “estupideces”.
El mandatario turco calificó la intervención del Papa como un “error”. “Cuando los políticos y los religiosos asumen el trabajo de historiadores, no dicen verdades, sino estupideces”, sostuvo.
En un discurso ante representantes de la Asociación de Exportadores de Turquía Recep Tayyip Erdogan subrayó que no permitirán que “los hechos históricos se saquen del contexto y se conviertan en una campaña contra nuestro país”. Esta polémica se produce a menos de dos meses de las elecciones turcas. Historiadores sostienen que entre 1915 y 1923 un millón y medio de armenios murieron por las masacres y deportaciones y otro medio millón se vio obligado a huir. Turquía considera estos hechos como “lamentables excesos” y se niega a aceptar la palabra “genocidio”para describir lo sucedido durante la guerra entre las fuerzas del orden y las milicias armenias aliadas de Rusia en la Primera Guerra Mundial.
El Papa Francisco mantuvo el domingo 12 de abril, en una ceremonia frente a las autoridades políticas y religiosas de Armenia, que estos hechos han sido “el primer genocidio del siglo XX”. El Santo Padre se lamentó de que parezca que “el entusiasmo surgido al final de la Segunda Guerra Mundial esté despareciendo y disolviéndose” y que la “familia humana se niega a aprender de sus propios errores”. Ante esa acusación de silencio y olvido, el Obispo de Roma sostuvo que “recordarlo es necesario. Es más, es un deber, pues donde no vive la memoria significa que el mal tiene todavía abierta la herida”.
Por su parte el Parlamento Europeo respalda las palabras del Papa y “Exige a Turquía a reconocer el genocidio armenio”. El pasado miércoles 15 de abril, el Parlamento aprobó una resolución exigiendo a las autoridades turcas a reconocer la masacre como genocidio por el entonces Imperio Otomano y elogió el mensaje de Francisco I. Ya en una resolución del 1987 los europarlamentarios habían publicado que este asesinato es un “genocidio según la definición de la Convención para la Prevención y la Sanción del delito de Genocidio de 1948; condena todos los casos de crímenes contra la humanidad y genocidio, y lamenta profundamente cualquier intento de negarlos”.
El Genocidio armenio
El pasado domingo en el programa A vivir que son dos días de la cadena SER se realizó un pequeño reportaje en el que explicaron de forma muy didáctica los sucesos acaecidos durante 1915. En el mismo explicaron que Turquía entró en cólera porque siempre ha defendido que este suceso fue resultado de una “mala planificación”, de unas deportaciones ejecutadas en un contexto de guerra y justificadas como una “necesidad militar”. Otros afirman que aquello fue un “ensayo general” del holocausto nazi.
En la primavera de 1915, con la IGM como telón de fondo, las autoridades militares turcas ordenaron la deportación de la población armenia cristiana al desierto de Siria para evitar su apoyo a las guerrillas que luchaban abiertamente contra las tropas otomanas. También se temía que las potencias aliadas utilizaran a los cristianos armenios contra los otomanos. El destino de los deportados fue el Desierto de Siria; miles de personas vagando, cientos de miles de armenios perecieron en ese desierto de hambre, de sed, de enfermedades, de ataques de las milicias kurdas y también de las propias tropas turcas –que eran teóricamente las encargadas de protegerlos—.
Los historiadores nunca se han puesto de acuerdo con la cifra estimada de fallecidos. Se cree que entre un millón y un millón y medio. Algunos afirman que fueron tres millones. Los turcos siempre han dicho que se trató de unas deportaciones como parte de un plan de retirar a los armenios de la zona de conflicto y que murieron unas trecientas mil personas. En cambio, los armenios sostienen que se trataba de un ensayo de la solución final.
La posición turca ha ido suavizándose con los años, de la negación inicial ha ido pasándose a la aceptación de los hechos pero con muchos matices. Esta pasada semana el Parlamento Europeo ha recordado estas matanzas y pidieron a Turquía que aproveche la conmemoración del centenario como una oportunidad para asumir el pasado y reconocer lo que ocurrió.
Carmen Rodríguez, politóloga y experta en estudios turcos contemporáneos en la Universidad Autónoma de Madrid, explicó el conflicto de forma magistral en el programa A vivir que son dos días. La especialista afirma que la polémica está en sobre cómo catalogar las matanzas y masacres. La devastadora tragedia que tuvo lugar especialmente en abril de 1915, y en usar la palabra genocidio o no. Las cifras también son parte de esta polémica. Armenia pide que se reconozca que ha sido así lo que ocurrió por parte del Imperio Otomano; que hubo un extermino planificado de la población armenia de Anatolia. En el caso de Turquía no se reconocen estos hechos como “genocidio”. Se enmarcan dentro del contexto de la IGM, puesto que hubo sectores de la población armenia que iban a unirse a los rusos con el objetivo de lograr su independencia. Con el objeto de evitar el peligro en la retaguardia del Imperio Otomano, se decide enviar a Siria a la población que había habitado estas tierras durante siglos. Estas marchas, continúa explicando Carmen Rodríguez, se van a producir en condiciones deplorables que llevarán a la muerte de la mayoría de armenios que fueron deportados. Esta es la explicación que da Turquía manejando una cifra mucho más baja que la ofrecida por Armenia: en torno a unos 300.000. Las cifras no se conocen con exactitud, es muy difícil de decir, pero en general podemos sostener que entre los historiadores internacionales se barajan entre 800.000 y 1.500.000 de armenios que perecieron o fueron directamente asesinados. Y ahí radica la cuestión: para Turquía no hubo intencionalidad por parte del gobierno Otomano en llevar a cabo un genocidio y para Armenia sí que la hubo.
Para Turquía todo esto ha sido un “accidente” y consiguió cierto éxito en su presión internacional para evitar que se hable del tema porque solo 22 países han reconocido que esto fue un “exterminio”. El Estado español no está en esa lista.
Según la politóloga, esto se ha debido a intentar no minar las relaciones en política exterior con Turquía. También puede que sea porque los Estados no quieren interferir en cuestiones históricas. Y también es interesante la reflexión que hacía en este sentido HrankDink, periodista armenio que fue asesinado en Turquía en 2007. Sostenía que la población armenia, sobre los hechos acontecidos, teníaun trauma que no había superado; mientras que los turcos tenían una paranoia. Decía que ni en la asamblea francesa ni el Senado estadounidense iban a curar esas enfermedades de paranoia y de trauma sino que iban a ser las poblaciones turcas y armenias las que podrían curarse mutuamente.
Carmen señala que la persecución armenia se produce dentro del marco de la desintegración del Imperio Otomano y el comienzo de la IGM, donde el Imperio participa del lado de Alemania. Los grupos armenios se contagian del espíritu nacionalista que va a recorrer toda Europa durante el siglo XIX, y como los griegos en su día, intentarán conformar su propio Estado. Para ello, algunos grupos de armenios se aliarán de manera estratégica con Rusia y eso hace que el Triunvirato que gobierna el imperio Otomano, desde Estambul, promueva una “limpieza étnica”. Se trata por lo tanto como dice el sociólogo Michael Mann, de una lucha asimétrica entre dos grupos étnicos que van a competir por la soberanía nacional en el territorio. Evidentemente, quien tiene la fuerza va a ser el Estado Otomano. Como dice Mann, el problema es encontrar la pistola humeante. Aborda precisamente lo difícil que es discernir quién y cómo se toman las decisiones, sin embargo, Mann afirma que hubo genocidio y llega a la conclusión de que no es un hecho predeterminado durante años, sino que es una respuesta del Triunvirato tomó como última opción repentina ante la situación de una crisis inesperada.
Los 22 países
De esos más de veinte países que sí reconocen la masacre como “genocidio armenio” se encuentran Argentina y Uruguay.
Son Armenia, Argentina, Austria, Bélgica, Canadá, Chipre, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Países Bajos, Noruega, Líbano, Lituania, Polonia, Portugal, Rusia, Eslovaquia, Suecia, Suiza, Uruguay y Venezuela. Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel no lo aceptan oficialmente, aunque admiten las matanzas. Y en 2006 Francia presentó un proyecto que preveía condenar hasta con un año de prisión y 45.000 euros de multa, a los que negaran la existencia del genocidio armenio.
Estos dos países citados de Sudamérica llevan conmemorando este centenario desde hace una temporada con actos que van desde los conciertos a protestas silenciosas, como la ocurrida en Montevideo a principios de mes en la que decenas de jóvenes armenios y militantes de Unión Juventud Armenia se dieron cita en las inmediaciones de la plaza del Genocidio Armenio en la capital uruguaya. El paisito siempre se ha volcado con las reivindicaciones armenias, no es de extrañar, puesto que “Uruguay ha sido el primero y uno de los poco países en reconocer el genocidio armenio por ley hace 50 años”, como afirmó el canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa. También hizo hincapié en que ambos países atraviesan el mejor de los momentos y declara que para que se reconozca la lucha, Uruguay debe seguir apoyándola. La Ministra de Turismo y Deporte del país, LiliamKechichian, de origen armenio, también declaró que Uruguay es un “ejemplo extraordinario” para que el mundo entero reconozca este sufrimiento que cumple 100 años. Es este país Latinoamérica uno de los que recibieron a esos exiliados armenios dándoles una oportunidad.
En Argentina, la comunidad armenia tiene gran peso y es una de las más grandes del mundo. Su identidad se mantiene intacta tras un siglo de su llegada. Según los descendientes del éste pueblo ni una sola familia se libró de perder a algún miembro en ese primer genocidio del siglo XX. Como afirma la cantante argentina, BrendaVaneskeheian, que a finales de marzo presentó su canción 1915 en la que comparte la historia de sus antepasados supervivientes de la masacre. “Es una canción muy especial, compuesta en memoria de mi bisabuela Teperik y mi abuela Tsoliné, sobrevivientes del genocidio y al millón y medio de víctimas que fueron masacradas. Acá se expresa mi bronca, mi repudio y mi inmensa tristeza por estos actos aberrantes. La impunidad inspira a escribir y a recordar, por eso, este es mi granito de memoria a la vida. Exigimos justicia. Exigimos verdad. Exigimos nunca más.” Esta historia se ve reflejada en el proyecto 100lives.
El periodista argentino de origen armenio César Dergarabedian afirma en su blog que este es un año muy especial para los descendientes de armenios ya que se cumple el primer centenario del genocidio en el que fueron asesinados 1.5 millones de armenios, entre los que estaban sus bisabuelos y antepasados paternos.
100 lives

Dergarabedian participó en el proyecto 100 lives, referido a la masacre armenia. Es una iniciativa que cuenta con el apoyo de George Clooney los premios Nobel de la paz ElieWiesel y Oscar Arias. El objetivo de este proyecto es “expresar gratitud hacia personas e instituciones cuyas heroicas acciones salvaron las vidas de muchos armenios durante el genocidio.” Busca abordar los temas de este triste suceso y violación de los derechos humanos a través del poder de la acción positiva usando tres elementos básicos: Aprender del pasado a través de un llamamiento internacional para dar a conocer las historias de los sobrevivientes; Emprender acciones en el presente mediante la creación del Aurora Prizefor Awekening Humanity, –un premio internacional de carácter humanitario que se otorgará a las personas que arriesgan sus vidas para que otros prosperen con una dotación de 1 millón de dólares para la financiación de actos humanitarios inspiradores–. Y, por último, dar forma a un futuro mejor con la administración de proyectos de bien público para las organizaciones y comunidades que contribuyeron a la salvación de vidas armenias tras el genocidio.
Es una iniciativaque busca continuar el espíritu de los que ayudaron a los armenios necesitados de hace 100 años y demostrar gratitud contando “historias que deben ser contadas”.
“Hace un siglo, muchas personas dieron un paso al frente en nombre del humanismo. Su compasión, generosidad y sacrificio son muestra de lo mejor de la humanidad.”. Como afirman en la web de 100 lives.
“La humanidad, generosidad, fuerza y sacrificio que mostraron aquellos que salvaron a tantos armenios nos motiva a contar estas historias", dijo el empresario y filántropo Rubén Vardanyan, cofundador de 100 LIVES. "Ahora es el momento de sacar a la luz esas extraordinarias vidas, obrar a partir de las lecciones que nos dieron y mostrar nuestra gratitud por lo que hicieron".
También se puede leer la historia del bisabuelo de Brenda en el marco del proyecto.
A continuación la canción de Brenvaneske, su nombre artístico.
Eugenia Akopián, periodista argentina de origen armenio y representante del proyecto 100 lives en Argentina, comparte en su blog una entrada muy ilustrativa que explica y analiza el hecho fatídico desde una investigación muy profunda. Eugenia va más allá y se sumerge en la idea del negacionismo que utiliza Turquía como mecanismo de autodefensa para mostrarse inocente. “De esta forma, con su postura negacionista, Turquía no sólo actualiza, sino que reproduce su plan inicial, así volvemos a los inicios de la intención de aniquilar a todo un pueblo. La etapa final del genocidio no son las últimas muertes, sino que es la práctica sistemática negacionista que persiste hasta hoy”.
La investigación arrojada por Akopian es digna de ser leída para entender cómo debe sobrevivir una sociedad hecha desde el éxodo. El Estado español no está entre esos 22 países que reconocen el holocausto armenio, y todos y todas, deberíamos parar a pensar cuáles son las razones que llevan a cuestionar algo que solo pide ser llamado por su nombre. Los ejemplos aportados en 100 lives muestran que debe haber tolerancia entre las razas, porque como afirma Eugenia “el genocidio de los armenios, no es sólo de los armenios; el holocausto judío no es sólo de los judíos; los genocidios latinoamericanos no son solamente de los latinoamericanos; son de todos nosotros. Como humanos, está en nosotros difundir los sucedidos y prevenir futuros hechos”.





