CGT en la encrucijada ante el XX Congreso Confederal

Del 1 al 4 de octubre se celebrará en Parla (Madrid) un disputado comicio confederal donde dos candidaturas pugnarán por el Secretariado Permanente del Comité Confederal de la Confederación General del Trabajo

15 septiembre, 2026. 16:14

Por la importancia de CGT como principal antagonista, a nivel estatal, del sindicalismo de concertación representado por CCOO y UGT, merece la pena seguir con atención este proceso y analizar qué está realmente en juego.

Barcelona, 19 de marzo de 2026. Mientras un sector de la CGT está en huelga, en las calles, cortando el tráfico y manifestándose, movilizando de manera asamblearia a miles de trabajadores del sector de la Enseñanza contra un acuerdo entre la Generalitat y CCOO y UGT ¹, otro sector de la CGT debate sobre los principios y las esencias del anarcosindicalismo ². Práctica frente a teoría. Acción sindical frente a debate identitario.

Esta imagen podría servir para simplificar —quizá demasiado— un proceso mucho más complejo, pero refleja bastante bien algunas de las tensiones que atraviesan actualmente a la CGT.

Las dos almas de CGT

En el XIX Congreso realizado en Zaragoza en 2022, y contra todo pronóstico, la candidatura encabezada por Miguel Fadrique se impuso por un ajustado 52% frente al 46% obtenido por la candidatura de Charo Arroyo, continuadora de la línea que hasta entonces había dirigido la organización confederal desde 2001 ³.

El sector que perdió aquel Congreso, hasta ese momento mayoritario en las estructuras confederales, inició desde el primer día una oposición interna articulada a través de sindicatos, federaciones de ramo y territoriales afines. Esta confrontación se ha manifestado desde entonces en plenos, plenarias, conferencias sindicales y otros órganos internos.

Durante este periodo se han producido además importantes conflictos organizativos. Algunos sindicatos importantes fueron desfederados, como Transportes y Comunicaciones de Madrid, donde militaba el anterior secretario general Muñoz Póliz. De facto, la desfederación supuso la pérdida de miles de afiliados y abrió importantes conflictos internos, tanto en federaciones sectoriales - como Transportes o Banca- como en organizaciones territoriales, entre ellas Andalucía. La situación ha terminado desembocando en numerosos procedimientos judiciales. Una vez más, los jueces han acabado interviniendo en conflictos internos del anarcosindicalismo y decidiendo sobre la legitimidad de siglas, estructuras y sindicatos.

Una de las expresiones más visibles de esta ruptura se produjo en Madrid durante los últimos Primeros de Mayo. Mientras CGT Madrid convocaba la manifestación junto a otras organizaciones sindicales y sociales, varios sindicatos desfederados de CGT, otros sindicatos de CGT de fuera de Madrid y algunas federaciones sectoriales realizaron una convocatoria diferenciada.

En este Congreso las espadas continúan en alto. El actual secretario general, Miguel Fadrique (Metal Valladolid), vuelve a presentarse a la reelección con una candidatura profundamente renovada. Salvo Fadrique y la secretaría de Relaciones Internacionales el resto de las personas propuestas para el secretariado permanente de Comité Confederal son caras nuevas. Frente a ella se presenta una segunda candidatura encabezada por Nuria Negro (SOV Segovia), que plantea como objetivo revertir lo que denomina el «proceso de autodestrucción de CGT» y la «nefasta gestión del actual Secretariado Permanente». Estos planteamientos se han venido defendiendo durante los últimos meses en distintas «jornadas anarcosindicalistas» celebradas en varias sedes de CGT y que, en la práctica, no eran otra cosa que una precampaña para presentar su candidatura.

¿El tercer sindicato?

Durante muchos años algunos cuasieternos dirigentes de CGT han repetido que la organización era el tercer sindicato. Este dato inexacto se reiteró tanto que terminó convirtiéndose en una especie de mantra asumido por una parte de la propia militancia.

Sin embargo, la realidad es bastante más compleja. Es indudable que CGT desempeña en determinados conflictos un papel sindical muy superior al que indicaría exclusivamente su número de representantes. Su capacidad de movilización, su presencia en huelgas y su implantación en determinados sectores estratégicos le proporcionan una influencia difícil de medir únicamente mediante los resultados de las elecciones sindicales.

Pero precisamente una de las principales debilidades de CGT continúa siendo la enorme desigualdad y asimetría en cuanto a implantación territorial y sectorial. En algunas comunidades, CGT puede ser primera o segunda fuerza sindical en determinados sectores, mientras que en otros territorios en esos mismos ámbitos es inexistente. Cataluña constituye probablemente el ejemplo más evidente de una fuerte implantación de CGT. En otros territorios, en cambio, la organización sigue teniendo una presencia marginal o testimonial, en ocasiones limitada a tres o cuatro secciones sindicales en grandes empresas o en el sector público. El elevado peso del sector público en la afiliación en algunas confederaciones territoriales ha llevado incluso a que desde otros sindicatos se refieran con sorna a CGT como la “CSIF con el puño en alto”.

Según los últimos datos oficiales conocidos, CGT cuenta en torno a 7.000 representantes sindicales, lo que la situaría como el séptimo sindicato a nivel estatal en cuanto a representación ELA, con ámbito de actuación únicamente en el País Vasco y Navarra tiene más afiliados y delegados que CGT en todo el Estado español.

Conviene precisar que la representación electoral no puede ser el único criterio para medir la fortaleza de una organización sindical. La implantación real, la afiliación, la capacidad de organización de los centros de trabajo, la acción sindical y la presencia en grandes empresas y sectores estratégicos pueden resultar mucho más relevantes que disponer de miles de delegados o delegadas dispersos en pequeñas empresas.

El modelo de los grandes sindicatos demuestra precisamente sus límites: miles de representantes que, en muchos casos, ni siquiera están afiliados ni realizan actividad sindical y cuya única función termina reducida a engrosar las cifras necesarias para determinar la representatividad que después permite negociar convenios colectivos en nombre de millones de trabajadores y trabajadoras.

Para una organización como CGT, crecer no debe significar únicamente sumar representantes. Debería significar construir organización, poder de negociación y capacidad de conflicto.

Una extraña alianza

Uno de los aspectos más llamativos de la oposición al actual Secretariado Permanente es la alianza entre sectores que, desde un punto de vista sindical y organizativo, no necesariamente comparten una misma cultura.

Por una parte, existe un sector que podríamos denominar más «purista», preocupado por recuperar unas supuestas esencias perdidas del anarcosindicalismo. No se trata de un debate nuevo. Desde la reconstrucción de la CNT en 1976 y el V Congreso de 1979, las discusiones sobre qué significa realmente el anarcosindicalismo, sobre la participación en elecciones sindicales, sobre las estructuras organizativas o sobre la relación entre sindicalismo y lo social o político han acompañado permanentemente a este espacio.

Fueron estas controversias las que provocaron la ruptura en el V Congreso de la CNT. A partir de entonces se consolidaron dos organizaciones enfrentadas, cada una de las cuales reivindicaba para sí la continuidad histórica y organizativa de la CNT. La disputa llegó a los tribunales y, diez años después, el Tribunal Supremo reconoció el derecho al uso de las siglas CNT al sector entonces adherido a la AIT, obligando al otro sector, conocido como CNT Renovada, a abandonar las históricas siglas y adoptar definitivamente, desde 1989, las de CGT (4).

Durante los años ochenta y noventa, la CNT fue reduciendo considerablemente su presencia sindical mientras CGT desarrollaba un crecimiento constante mediante una estrategia basada en la participación en elecciones sindicales, la presencia en comités de empresa y la construcción de secciones sindicales.

Resulta significativo que algunos de los sindicatos que hoy se sitúan en la oposición interna sean también, salvo excepciones, organizaciones con escasa afiliación y limitada actividad sindical. Son precisamente algunos de estos entes los que realizan una defensa más rígida de las «esencias» anarcosindicalistas.

En determinados casos parece subsistir una cierta frustración por no ser la CNT y una necesidad de demostrar una ortodoxia superior: ser más papistas que el Papa.

La contradicción resulta aún más evidente cuando la propia CNT actual puede hablar abiertamente de proyectos políticos (5) mientras que, para algunos sectores de CGT, determinados debates continúan siendo considerados poco menos que una herejía.

Si no fuera por el uso y abuso de liberados y redes clientelares de los que hablaremos a continuación este sector estaría más los sindicatos de la AIT (Confederación Anarcosindicalista) que han abandonado la actual CNT. (6)

En vez de aprovechar la ventana de oportunidad abierta por el descrédito creciente del modelo sindical institucional y de las grandes corporaciones sindicales, determinados sindicatos de CGT parecen haber concentrado buena parte de sus energías en la batalla interna.

La pregunta podría formularse de manera provocadora: ¿para qué crecer si resulta más cómodo mantener durante décadas el control de un pequeño sindicato?

Pero existe otro componente muy diferente dentro de esta alianza: el Sindicato Federal Ferroviario y algunas grandes secciones sindicales estatales, alrededor de las cuales se habría construido durante años una estructura mucho más profesionalizada del sindicalismo.

Liberaciones sindicales muy prolongadas, militantes que pasan durante años de un cargo a otro, de una territorial al Comité Confederal o de una secretaría a otra, sin apenas solución de continuidad. En determinados casos se han desarrollado estructuras que funcionan casi de manera paralela a la organización confederal.

Algunas secciones y federaciones parecen actuar como auténticas franquicias: cuando les interesa forman parte plenamente de CGT y, cuando no, funcionan prácticamente como organizaciones independientes.

A las diferencias sindicales, tácticas y estratégicas se añaden además fuertes lealtades personales. Hablamos de militantes que se conocen desde hace décadas, que han compartido responsabilidades y conflictos internos y que han construido redes de confianza que en ocasiones pesan tanto como las diferencias ideológicas.

También existe una generación de militantes ya jubilados o próxima a la jubilación que sigue ejerciendo una enorme influencia sobre determinadas estructuras y que parece resistirse a perder el control de una organización que considera, de alguna manera, como propia.

Pero CGT no pertenece a quienes llevan veinte o treinta años ocupando responsabilidades. CGT pertenece a su afiliación.

La pelota es mía o la rompo

Existe además un elemento que puede resultar determinante después del Congreso: personas desfederadas o que habían abandonado CGT han procedido a legalizar la denominada Confederación Sindical del Trabajo. En sus estatutos aparecen referencias al patrimonio de CGT. (7)

Esto abre un escenario especialmente delicado. Si la candidatura encabezada por Nuria Negro pierde el Congreso, existe la posibilidad de que determinados sindicatos próximos a este sector no acepten el resultado y terminen abandonando CGT para constituir una nueva confederación anarcosindicalista. Esto daría lugar a nada menos que cinco confederaciones sindicales de tradición anarcosindicalista a nivel estatal: CNT, CGT, SO, CA-AIT y CST.

Mientras tanto…

La mayoría de la afiliación es ajena a estas cuitas y la CGT va creciendo en aquellas zonas y sectores donde, en vez de dedicarse a la interna, se dedica a hacer sindicalismo.

Centenares de afiliados y afiliadas entran cada día en sus centros de trabajo, afrontan expedientes, despidos, modificaciones de condiciones laborales, negocian convenios, organizan elecciones sindicales, crean nuevas secciones y preparan movilizaciones.

En Enseñanza, Airbus, bomberos forestales y otros sectores, CGT encabeza huelgas, movilizaciones y conflictos laborales. CGT es también el sindicato de referencia en sectores precarizados y feminizados como las educadoras de 0-3, la ayuda a domicilio o el tercer sector.

Quizá esa sea precisamente una de las principales cuestiones que debería resolver el XX Congreso: para qué quiere CGT crecer y qué tipo de organización quiere construir.

Si quiere convertirse en una organización sindical con capacidad real para disputar espacios a CCOO y UGT, ampliar su implantación territorial, intervenir en nuevos sectores y organizar a una parte creciente de la clase trabajadora; o si, por el contrario, va a continuar consumiendo buena parte de sus energías en debates internos que la mayoría de las personas trabajadoras ni conocen ni comprenden.

Porque mientras una parte de la organización discute sobre quién representa mejor las esencias del anarcosindicalismo, fuera de sus locales sindicales existen millones de trabajadores y trabajadoras que necesitan precisamente aquello para lo que nació el sindicalismo: organización, solidaridad, apoyo mutuo y capacidad colectiva para enfrentarse a la patronal.


 

  1. Huelga de profesores Barcelona: corte de vías y tráfico colapsado
  2. I Jornadas anarcosindicalistas «De la utopía a la acción directa» – CGT Barcelona
  3. CGT renueva su secretariado permanente con la candidatura de Miguel Fadrique
  4. El juicio de las siglas – Sindicalismo.org
  5. Una revolución para el s. XXI. El programa político de la CNT – Federación Anarquista 
  6. La CNT-AIT adopta la denominación Confederación Anarcosindicalista (CA-AIT) tras una resolución judicial – Sindicalismo.org
  7. Resolución de la Dirección General de Trabajo por la que se anuncia la constitución de la confederación sindical denominada Confederación Sindical del Trabajo

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