Ceguera inducida

Cuando algunas otras consecuencias de esta crisis actual comiencen a aflorar en un futuro no muy lejano, podremos comprobar, una vez más, lo mediocre e insuficiente que es el gasto público destinado a la atención psicológica y psiquiátrica en nuestro país. La necesidad, por parte de la población, de este tipo de servicios sanitarios va a aumentar considerablemente en un futuro no muy lejano. Y, cuando esto ocurra, nos encontraremos con una carencia en el sistema sanitario público que tantas voces alzadas han intentado denunciar a lo largo de los años. Dadas las condiciones económicas que caracterizan a la clase …

ceguera
Foto: Roman Kraft.

Cuando algunas otras consecuencias de esta crisis actual comiencen a aflorar en un futuro no muy lejano, podremos comprobar, una vez más, lo mediocre e insuficiente que es el gasto público destinado a la atención psicológica y psiquiátrica en nuestro país.

La necesidad, por parte de la población, de este tipo de servicios sanitarios va a aumentar considerablemente en un futuro no muy lejano. Y, cuando esto ocurra, nos encontraremos con una carencia en el sistema sanitario público que tantas voces alzadas han intentado denunciar a lo largo de los años.

Dadas las condiciones económicas que caracterizan a la clase trabajadora de este país - quien, no os olvidéis, es el engranaje más grande y necesario de este sistema, y el que más de cerca va a sufrir las consecuencias de todo lo que se adviene -, el sistema público de salud mental se verá colapsado – un poco más de lo que ya lo está.

Una lucha económica y social por la supervivencia y unos servicios de salud mental insuficientes en lo público e inalcanzables en lo privado no son precisamente dos factores que puedan sumarse con facilidad. Es por esto, porque aún no he conseguido encontrar un resultado adecuado para esa imposible suma, por la que denuncio esta carencia sanitaria que durante tantos años he podido comprobar.
El derecho de acceso público a un servicio de salud mental de calidad y acorde, en cifras, a las necesidades de la población no debería ser objeto de debate. Y efectivamente, no lo es. Pero no lo es, no porque se dé por sentado, para nada. Sino todo lo contrario. Porque un tema de esta índole tan apenas se pone encima de la mesa.

Individualmente hablando, queremos ser tan inteligentes en términos racionales que nos olvidamos de considerar otros tipos de inteligencia, como la emocional – que, al fin y al cabo, es una de las características que nos conforma como ser humano. Por otro lado, socialmente, vivimos en un sistema en el que prima la producción y la acumulación de riqueza; un sistema de explotación que nos deshumaniza y que convierte nuestros organismos vivos en meras piezas de ingeniería diseñadas para generar plusvalía.

Lo cierto es que no soy capaz de definir hacia donde nos va a llevar toda esta situación. Pero está claro que esto ha sido una petición de alto al fuego. Y cuando las consecuencias de esta matanza y explotación encubierta que tantos años hemos estado alimentado lleguen, sería interesante revisar – entre muchas otras cosas - el concepto que tenemos y, por ende, la relevancia que atribuimos a la salud mental en nuestro sistema sanitario.

Por último, como colofón a estas líneas, me gustaría terminar diciendo – o recordando - que un cuerpo no puede funcionar correctamente – o directamente – sin esa parte ovalada que tenemos arriba. Y, ni que decir tiene que, sin cuerpos funcionales, no hay sistemas; pero, lo que es más importante, no hay personas.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies