Y ya de vuelta y vuelta a la calma, tras la resaca emocional, es ahora cuando soy capaz de expresar y contar todo lo que hemos vivido.
Han sido unos días intensos, del 11 al 20 de julio. Yo he sido “Caravanera de primer año”, pues llevan desde el 2016 haciendo estos viajes reivindicativos y de visibilización de toda la problemática inmigratoria, y ha sido el primer año que he podido cuadrar fechas para participar.
En primer lugar, quisiera agradecer a todas las personas que aportan y hacen posible su organización, pues mover tanta gente, (y sé que esta vez han sido sólo dos autobuses, otras veces han sido más del doble) no es sencillo.
Dicho lo cual, lo primero que me llama mucho la atención es la media de edad de las personas participantes. Es muy de admirar que gente con dificultades físicas aporte tanto y siga en esta dura lucha, sois un ejemplo a seguir, ¡y eso que yo no bajo en exceso la media!
También participa gente muy joven, lo cual también es de agradecer y abre la esperanza a ese necesario relevo que aquí, como el reflejo del resto de la sociedad, queda patente y pendiente.
Es una experiencia enriquecedora y dura, tanto física como psíquica. Comenzando por las horas de viaje y de bus, para seguir con los testimonios y vivencias contadas en primera persona, de compañeros y compañeras migrantes que viajaban con nosotras y que acudieron a las distintas charlas y talleres que estaban previstos.
Así, quiero destacar los primeros testimonios de las charlas que se llevaron a cabo en Girona, contando cómo llegaron a España dos muchachos que partían de distintas realidades y cómo ambos se encuentran con múltiples problemas, y siguen con ellos, para obtener unos papeles que les acrediten y les permitan tener una vida digna; cómo, las personas que no se conforman con repetir la historia y que se plantan ante su realidad intentando mejorar, se enfrentan a la muerte en el intento de hacer algo más con su vida. Nos explicaron que el tema de tener papeles es muy complicado, pues en origen nadie está registrado, para trabajar como pescadores no necesitan nada, y así se hace tradicionalmente. Cómo, cuando vienen con algún papel que les acredite, no se lo creen y recurren a irradiarlos gratuitamente, para hacer de una prueba diagnóstica que es una aproximación a la madurez ósea, utilizándola como si fuera dogma y emitir un informe que les puede suponer la deportación, por considerar que ya son mayores de edad.
El siguiente paso, ya en París, acudimos a una larga manifestación antirracista «Desfile internacionalista del 14 de julio», mientras la "manifestación oficial" hacía alarde de sus aviones de combate por el cielo de París. Manifestación bastante multitudinaria y con presencia sobre todo de personas racializadas y directamente afectadas por el racismo que sacude este mundo capitalista. Se desprendía gran fuerza e implicación y te corría la emoción por todo tu cuerpo.
Es emocionante, y es un hecho que se repite a lo largo de todo el recorrido, cómo te agradecen tu presencia apoyando sus luchas, que estés ahí comprometida con su causa como una más.
Ya llegamos a Calais, punto de máxima fricción, siendo el símbolo de externalización y militarización fronteriza, donde las condiciones de vida de las personas migrantes son denigrantes. Llama mucho la atención las numerosas concertinas (con hasta tres pasillos seguidos de ellas) junto al puerto y el acceso al Eurotúnel que comunica con el Gran Bretaña, extraña mezcla de desarrollo cultural La represión policial es máxima e intentan que su paso por Calais sea lamentable y no se asienten allí. De cinco puntos de ayuda humanitaria sólo queda un gran almacén donde les ayudamos a organizar ropa y una gran cocina donde reparten comida a lo largo de toda la costa, donde se hacinan numerosas personas. De nuevo, en la manifestación que se hizo tras “El Tribunal popular contra las políticas en las fronteras”, y en la concentración que se realiza cada vez que hay una muerte en el intento de buscar una vida mejor (la última persona que murió atropellada en el intento de pasar la frontera fue ese mismo día), se vivió un momento mágico de unión y lucha junto a jóvenes que son ya la tercera generación y siguen sufriendo el racismo en sus propias carnes. Bajo consignas reivindicativas recorrimos Calais juntas y fuertes.
De vuelta a Toulouse, de nuevo siempre con unas excepcionales acogidas por gente implicada y esforzada en mejorar y visibilizar esta problemática. Allí se hicieron actos de recuperación de la memoria histórica de gente española exiliada huyendo de la guerra de España de 1936 y una manifestación ante el “Conseil Départemental Haute-Garone” colocando flores de papel en sus rejas. De nuevo, se repite lo de gente mayor implicada en la recuperación de la memoria histórica; creo que habría que analizarlo y sobre todo, intentar corregirlo.
Otra situación que me llamó la atención, y que descubrí en Toulouse, fue que se hace deporte de riesgo, paseando con tu palestino o con cualquier camiseta con lemas pro-Palestina. Tuvimos suerte y conseguimos lo contrario, preocupándose una persona por nuestro itinerario y unas sonrisas cómplices con nosotras, pero por desgracia, podíamos haber encontrado lo contrario, hecho que nos entristeció.
Y así, cansadas de un largo viaje en un corto espacio de tiempo, y con un montón de gratas experiencias, de conocer a gente “Caravanera” increíble, de primer año, de segundo, de todos los años, que está implicada en múltiples luchas diarias, en el intento de cambiar un poquito este mundo déspota en el que vivimos, volvemos cada una a nuestras realidades cotidianas, felices de compartir gratos momentos y duras experiencias junto a gente que sufre cada día y que con nuestros pequeños actos y nuestros testimonios, logremos revertir estas absurdas y devastadoras leyes, donde las personas no están en el centro de la vida, sino el egoísmo y el privilegio de unas pocas.





