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Cancellara se despide acelerando

El ciclista suizo Fabian Cancellara dice adiós en 2016 dejando la impronta de su estilo
| 26 marzo, 2016 06.03
Cancellara se despide acelerando
Fabian Cancellara. Foto: Piotr Drabik (CC BY 2.0)

En el ciclismo profesional habitan toda clase de actores. Los hay histriónicos y contenidos, robaplanos de un día y eternos secundarios, hombres de oficio y aventureros. Todos caben en la carrera interminable que se disputa entre enero y octubre de cada año. Sin embargo, todos saben también que en algunos momentos aparece en escena una presencia distinta, alguien dotado del don de ser creíble. Como Marcello Mastroianni o Jack Lemmon, ese ciclista único es capaz de colocar sus pedaladas con sutileza, sin alzar la voz. Aparece, encabeza el pelotón, acelera y se deja llevar.

Uno de esos ciclistas que todo lo cambian corre en 2016 por última vez: Fabian Cancellara. El próximo 18 de marzo el corredor suizo cumplirá 35 años y ha decidido retirarse antes de que asome el inevitable declive. Retirarse es una de las disciplinas más complejas del deporte profesional y Cancellara la está afrontando con su cadencia contundente y pulcra. Acaba de ganar la Strade Bianche –la carrera de un día que transcurre por los caminos terrosos de la Toscana– y se dispone a abordar su espacio predilecto: las clásicas de primavera.

¿Por qué Cancellara juega en la liga de los fuoriclasse?

Cabría conjeturar que porque dispone de una potencia fuera de lo común que le permite llevar a cabo aceleraciones que sólo él es capaz de imaginar. Cambios de ritmo sostenidos que están en la raíz de sus siete victorias en los monumentos del ciclismo: tres París-Roubaix, tres Tour de Flandes y una Milán-San Remo. Ahora bien, la mera alusión a su potencia no captura su capacidad para elegir el momento preciso del ataque y la aparente facilidad con que lo lleva a cabo.

Podríamos decir que se mueve en las carreras con una precisión ligera que le permite deslizarse de la última a la primera plaza –y a la inversa– como si sus compañeros le abrieran el camino. Una cualidad con la que ha jugado en el Tour de Francia para lograr el maillot amarillo en la primera semana y trabajarlo para sus compañeros en las dos siguientes. Pero hay algo más: su forma de descender un puerto entre los coches de la caravana para volver al pelotón, la admiración de quienes contemplan sus giros; el suyo es el rostro de quien está disfrutando de la certeza infantil del aire en la cara.

Alguien afirmará que lo que distingue a Cancellara es su gen competitivo, la voluntad de intentar ganar siempre que la carrera ofrece una mínima ocasión. Es cierto que su querencia por el podio le ha llevado a liderar escapadas y a esprintar con entusiasmo –sus numerosas victorias de etapas son prueba de ello–, pero no es menos cierto que ha sabido decir ‘no’, echarse a un lado, detenerse. Sus prioridades familiares le llevaron a abandonar el Tour de 2012. Sus prioridades vitales le retiran ahora.

Quizá su condición de fuoriclasse se resuma en su estilo. Eso es todo. ¿Y qué es el estilo? Algo que sólo se aprecia cuando se pierde. En 2017, cuando los aficionados echen en falta el pedaleo del corredor suizo, extrañaran tan sólo eso: su estilo.

Locomotora

Foto: James Boyes (CC BY 2.0)

Foto: James Boyes (CC BY 2.0)

Una vez retirado, a Cancellara lo acompañará un apodo y una leyenda. El apodo es y será ‘El expreso de Berna’ y, en principio, tan sólo hacía alusión a su ciudad de origen y a su fuerza, al modo en el que se situaba como una máquina al inicio del pelotón y tiraba de él cada vez con más intensidad. Sin embargo, hoy y mañana ese apodo se confundirá con la acusación de la que fue objeto el corredor suizo en las clásicas de 2010. Una historia de medias palabras, rumores e imágenes distorsionadas que pretendía acusar al ciclista de estar utilizando una bicicleta eléctrica. El asunto quedó en nada y se convirtió en una anécdota recurrente. Desde entonces, cada vez que Cancellara imprime su clase a la carrera, alguien está tentado de recordar con una media sonrisa el supuesto motorcillo.

Tal vez ése sea uno de los méritos que Fabian Cancellara dejará en el recuerdo: el de haber sobrevolado una etapa difícil del ciclismo –una más– convirtiendo las sospechas sobre su persona en una broma. No es fácil.

Para los rezagados que no hayan disfrutado de su trayectoria, Cancellara les ofrecerá este año un menú a modo de resumen: clásicas, Tour, Juegos Olímpicos y Mundial. Dice que en 2016 quiere hacer historia, pero lo dice como el actor que pronuncia una frase previsible. Sabe que tal vez ya ha hecho historia y sabe que le importa bien poco.

Artículo de Javier de Frutos publicado en Diagonal.
26 marzo, 2016

Autor/Autora

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