Hace pocos días tuvo lugar en los Estados Unidos un suceso dramático y lamentable, un joven de 19 años, enajenado mental, entraba en un instituto provisto de un arma letal y rapidísima. Resultado, 17 jóvenes adolescentes muertos. Causa principal, la facilidad para adquirir un peligroso fusil semiautomático. Pero este fusil había sido el causante de no pocas masacres anteriores y es que de hecho, en un período corto de tiempo, se habían producido nueve ataques mortales en centros educativos norteamericanos.
Es cierto que no en todos los países hay tantas facilidades como en Estados Unidos para adquirir armas y también es cierto que no todas las armas son igual de peligrosas, pero en mayor o menor medida todas tienen su peligro, no sólo por su potencial real sino también, de alguna forma, por su valor como “elemento educativo” negativo e incluso letal para los niños y adolescentes.
Todas estas reflexiones me venían a la cabeza mientras leía una noticia sobre las quejas de los vecinos de Oros Alto, ante el proyecto del Ayuntamiento de Biescas, a propuesta de una asociación deportiva del Alto Gállego, de ubicar un campo de tiro en la zona del antiguo “Camping Las Nieves”. Aducen ruidos en el pueblo, contaminación, y falta de respeto a las víctimas. ¡Y no les falta razón!
Todos recordamos aquel verano de 1996, 87 víctimas mortales, una concesión sorprendente, una ubicación pésima para un camping (en el cono de deyección de un barranco con un gran cauce potencial), pese a todo se cumplían las leyes y la normativa, se dijo. Pero los hechos meteorológicos de los últimos cien años parecían indicar lo contrario. La comunidad científica no paraba de alertar (principalmente a través del Instituto Pirenaico de Ecología). Y, desgraciadamente, sucedió la tragedia que todos conocemos...
Muchos años después, el Ayuuntamiento de Biescas, con muy buen criterio, organizó un homenaje a las víctimas. Todos reconocieron la solidaridad y el esfuerzo de los habitantes del Alto Gállego en momentos tan difíciles. Pero, desde Chunta Aragonesista no creemos sólo en el homenaje de un solo día sino en el recuerdo imborrable de unos hechos que no deben volver a repetirse. Y, con el mismo espíritu, creemos en la necesidad de preservar este lugar, de tanto dolor para mucha gente, como una especie de “espacio sagrado” ajeno a profanaciones banales.
Y esta es la razón principal por la cual ubicar un campo de tiro en esta zona nos parece una muy mala idea.
Hay muchas otras posibilidades que supondrían un valor positivo desde el punto de vista pedagógico, un espacio de interpretación de la flora, la fauna, la geología de la zona, o cualquier otro proyecto cultural, medioambiental, educativo, social o solidario. Creemos, si es necesario, un concurso de ideas entre los habitantes de la zona y recuperemos el consenso sin perder el sentido común. Por el bien de los vecinos y de los familiares de las víctimas que vengan a visitarnos.
