Caimanes, el pueblo al que Luksic dejó sin agua

Las y los vecinos de Caimanes, una pequeña localidad del norte de Chile, llevan diez años viviendo bajo uno de los mayores tranques de relaves del mundo. Un depósito gigantesco donde Minera Los Pelambres, del Grupo Luksic, vierte sus desechos tóxicos, y que ha contaminado las aguas que regaban sus tierras. Tras años de lucha la justicia chilena les ha dado la razón, obligando a la minera a demoler el tranque. Pero la empresa no cumple.

Las y los vecinos de Caimanes, una pequeña localidad del norte de Chile, llevan diez años viviendo bajo uno de los mayores tranques de relaves del mundo. Un depósito gigantesco donde Minera Los Pelambres, del Grupo Luksic, vierte sus desechos tóxicos, y que ha contaminado las aguas que regaban sus tierras. Tras años de lucha la justicia chilena les ha dado la razón, obligando a la minera a demoler el tranque. Pero la empresa no cumple.

Reportaje | Caimanes es un pueblo de 1.200 habitantes ubicado en el valle del Pupío, en la región chilena de Coquimbo. Una comunidad que se ha convertido en un referente de resistencia popular después de pasar los últimos quince años litigando contra uno de los hombres más poderosos del país: Andrónico Luksic, dueño del mayor conglomerado empresarial de Chile y una de las mayores fortunas del mundo, según la revista Forbes.

En 2001 Minera Los Pelambres (MLP), del Grupo Luksic, compró unos terrenos en El Mauro, a 10 Km. de Caimanes, para levantar un tranque (depósito) donde almacenar los residuos tóxicos provenientes de su mina. Los Pelambres es la séptima mina más productiva del mundo y produce anualmente cerca de 400.000 toneladas de cobre fino.

Mauro, que en indígena significa donde brota el agua, era una valle inmenso lleno de bosques, vertientes y quebradas. Sus habitantes, campesinos, vivían en total armonía con la naturaleza cosechando trigo y cebada y criando vacuno. Producían toneladas de queso de cabra que bajaban a vender a otros pueblos de la zona. No sabían leer ni escribir, pero eran autosuficientes y se sentían libres.

MLP se aprovechó de su ingenuidad y se adueñó de sus tierras. Ofreció 15 millones de pesos por familia y les dio un mes de plazo para abandonar sus casas y malvender su ganado.

Con la construcción del tranque todo Mauro quedó sepultado y las aguas del estero Pupío, el rio que hasta entonces abastecía el valle, dejaron de correr.

Aguas contaminadas

“Levantaron el tranque en la cabecera de nuestro rio y nos dejaron sin agua” –explica Laura Valencia mientras calienta la tetera para preparar mate. “Hay agua subterránea, pero contaminada. Así que pagamos por el agua que sale sucia y que no puede beberse y además tenemos que comprar garrafas cada semana”. En el mes de febrero su familia gastó 40.000 pesos (60 euros) en agua.

Doña Laura tiene suerte pues son pocos los caimaninos que pueden permitirse el lujo de comprar agua embotellada. Ni siquiera en la escuela pueden.

En la propia cocina del colegio, donde comen a diario más de un centenar de niños, se utiliza agua de pozo para cocinar, agua contaminada. Estos días los vecinos andan recogiendo firmas para intentar que la municipalidad de Los Vilos, a la que pertenece Caimanes, se haga cargo y financie el agua para la escuela.

Durante años MLP ha tratado de demostrar que el agua del estero Pupío, el que llena los pozos de los caimaninos, no está contaminada, pero diversos informes, como los presentados por la Brigada de Delitos Medioambientales de la PDI, la Policía de Investigaciones de Chile, han confirmado que el agua de Caimanes ni siquiera sirve para consumo animal o de regadíos.

El tranque El Mauro es el tercer depósito de residuos mineros más grande del mundo, ocupa una superficie de 1.800 hectáreas y aloja en su interior más de 2.000 millones de toneladas de relaves tóxicos (desechos mineros que contienen arsénico, estroncio, óxido de silicio y de aluminio, azufre y plomo, entre otros) que son canalizados sin tratamiento alguno desde la faena minera hasta el tranque.

Foto: Marta Gimeno
Foto: Marta Gimeno

Peligro de derrumbe

Pero ese no es el único problema. Chile es uno de los lugares más sísmicos del planeta y el tranque El Mauro se construyó sobre una falla geológica. Una cortina de contención de arena compactada y de 280 metros de altura es la que protege del relave a los habitantes de Caimanes.

Para obtener los permisos ambientales la empresa debía garantizar que dicha cortina resistiría un terremoto de 9,5 grados en la escala Richter, pero tiempo después, durante los respectivos juicios, quedó demostrado que sólo soportaría un terremoto de 7,5 grados.

“Nosotros decidimos judicializar el tema y en ese aspecto siempre nos ha ido bien, pero es difícil luchar contra un tipo que tiene tanta plata” –explica Cristian Flores, presidente del Comité de Defensa de Caimanes. Él tenía diecinueve años cuando empezó a manifestarse contra MLP.

“En 2006, cuando la Corte de Apelaciones de Santiago revocó el permiso de construcción y funcionamiento del tranque por considerarlo un peligro para la población, Andrónico Luksic, que ya había invertido 600 millones de dólares (549 millones de euros) en su construcción, utilizó su mejor arma para comprar a nuestros antiguos dirigentes: el dinero. Sólo necesitaba sus firmas para empezar a echar relave dentro. Y se salió con la suya. Se revivió el permiso”.

Pelambres pagó 23 millones de dólares (21 millones de euros) al entonces abogado de Caimanes y a los antiguos dirigentes.

Pelambrinos y banderas negras

La minera dividió al pueblo en dos bandos. Los que estaban a favor, trabajadores y vecinos que recibían financiación a cambio de mostrar su apoyo a la compañía y quienes se posicionaron en contra. Pelambres les ofreció de todo: financiación para montar microempresas, para comprar autos o ampliar las casas, bonos escolares y universitarios, etc.

“Aquí éramos todos iguales. Teníamos las mismas casas, los mismos estudios, nadie tenía vehículo. Éramos una única clase y no teníamos que demostrar nada a nadie, pero desde que entró la minera esto se transformó en un infierno. La gente tiene que comer y a muchos les atacaron por el estómago y se vendieron. Pero como dirigente creo que la pelea no es entre nosotros. Creo que toda la comunidad de Caimanes ha sido víctima del sistema capitalista que ellos imponen”, denuncia Flores, líder de los ‘Banderas Negras’.

Pedro Tapias es uno de esos jóvenes a los que por aquí llaman ‘pelambrino’. Desde hace seis años trabaja como operario de camiones en Minera Los Pelambres. “Antes de la minera trabajaba para una empresa de gas y cobraba 400.000 pesos mensuales (587 euros). Ahora cobro 1.200.000 pesos (1.760 euros) y recibo 1.800.000 pesos (2.640 euros) en concepto de bonos escolares para la formación de mis dos hijos”. Pedro tiene una casa enorme y un buen auto.

“Yo miro por mí y por los míos –dice mientras sus amigos, que son ‘banderas negras’, le gritan ¡pelambrino!– pero no es fácil que la mitad de tu pueblo te tenga por un traidor. Psicológicamente esto me ha afectado muchísimo”.

Desfalco arqueológico

A la contaminación de las aguas, al peligro de derrumbe del tranque y a la división vecinal del pueblo se suma otro daño generado por MLP: el patrimonial.

Doscientos sitios arqueológicos se vieron gravemente afectados por la construcción de esta obra. Algunos arqueólogos hablan del mayor desfalco arqueológico en la historia del país tras el hallazgo de más de dos mil petroglifos (grabados rupestres) que fueron removidos por la minera para instalar el relave.

“El daño patrimonial del Mauro es tremendo. Sobre todo en lo que respecta a la extracción de los petroglifos. Los sacaron y los colocaron en otro sitio como medida de mitigación y no se dieron cuento de que al trasladarlos la piedra perdía todo su valor. Hubo una discusión dentro del mundo arqueológico pero no trascendió a otros estratos de la sociedad” –explica María José Herrera, arqueóloga y antropóloga.

En el Mauro había manifestaciones del 5.000 a.C. “Nosotros las llamábamos las ‘piedras marcás’ y de niños jugábamos a treparlas –recuerda Doña Esperanza Tapias, maurina y actual vecina de Caimanes– pero una no sabía que aquello tenía valor. Había puntas de flecha, vasijas y utensilios de piedra y hueso”. Todavía guarda en su casa varias piezas que encontró en el Mauro. Con el tiempo supo que eran torteras de cerámica que utilizaban los pueblos Diaguitas para hilar lana.

El del Mauro fue el primer gran proyecto arqueológico chileno ligado a una empresa minera y tenía como objetivo la creación de un parque rupestre en las inmediaciones de Caimanes. En el año 2013, la Superintendencia de Medio Ambiente condenó a MLP a pagar una fuerte multa por no haber cumplido con el plan de manejo arqueológico. Centenares de petroglifos y otras piezas de valor permanecen a día de hoy botadas en mitad del campo.

“Si no se preocupan de que la gente beba agua contaminada cómo van a preocuparse por el impacto medioambiental o el patrimonio. En Mauro había más de 70 hectáreas de canelos chiquén y MLP lo quemó todo. Aquello fue un atentado al ecosistema y ninguna autoridad hizo nada” –denuncia Diana Araya, una joven caimanina que hace un año dejó su puesto de profesora en La Serena para regresar al pueblo y coordinar las protestas contra MLP. Desde entonces su trabajo ha sido pelear contra uno de los hombres más poderosos de Chile.

“A ellos les choca que haya gente que lucha por preservar la vida, gente a la que no le importa vivir sin grandes lujos. No entienden que no te vendas a su sistema. Podría haber aceptado su dinero y estar de vacaciones en Europa pero prefiero pelear por mi tierra”.

Don José Tapias, el marido de Esperanza, sale al patio y se para junto a dos ejemplares de canelo chiquén que se trajo del Mauro. “Con esta madera hacíamos las vigas de las casas. Había bosques enteros de canelos y de arrayanes pero la minera lo quemó todo para no dejar evidencias, porque son especies protegidas. Hicieron mucha maldad allí arriba” –dice entre lágrimas. Desde que abandonó el Mauro Don José no ha vuelto a ser el mismo. Sus mejores recuerdos murieron con ese tranque. Sus dos hijos, Valeska Jon, estuvieron 81 días en huelga de hambre contra la minera.

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Foto: Marta Gimeno

Triunfos judiciales

En octubre de 2014 la Corte Suprema falló a favor de Caimanes. MLP tenía un mes para presentar un plan que permitiera restituir el cauce natural del rio libre de desechos mineros. Si el plan no convencía habría que demoler el tranque.

Vencido el plazo y, ante el silencio de la empresa, los habitantes de Caimanes cortaron la carretera de acceso al Mauro. Unos cuatrocientos vecinos, muchos de ellos de la tercera edad, acamparon durante setenta y cinco días a 1 Km. del muro. Pasaron la Navidad y el Año Nuevo allí arriba. A principios de febrero, tras haber resistido de manera pacífica y con un fallo judicial a su favor, fueron desalojados por el GOPE, el Grupo de Operaciones Policiales Especiales de Chile.

Nadie en Caimanes olvidará la mañana del 9 de marzo. Era temprano cuando se escuchó el grito de Cristián Flores: “¡Ganamos, concha tu mare!”.

El Tribunal de Los Vilos había rechazado el plan de Pelambres y ordenaba la demolición del tranque. El joven dirigente, tirado en el suelo, pataleaba de alegría. La gente corría de un lado a otro abrazándose y llorando. Los teléfonos no paraban de sonar y las muestras de apoyo llegaban de todos los rincones del país a través de las redes sociales.

Después de quince años de lucha Caimanes ganaba la batalla y lo hacía con un fallo judicial que sentaba precedente en materia de minería.

“¡Ganamos a Luksic!” –gritaban jóvenes y viejos, mientras se organizaba una pequeña caravana para bajar a recoger el fallo.

Las acciones de Antofagasta PLC, brazo minero de Grupo Luksic, se desplomaron y la respuesta no se hizo esperar. La empresa inició una campaña mediática salvaje para desacreditar a los jueces y tratar de revertir la situación. Si demolían el tranque –argumentaban– tendría que cerrar la mina y miles de personas perderían sus puestos de trabajo. Políticos y empresarios corrieron a respaldar a la minera.

Caimanes llenaba portadas y abría informativos. Cada día llegaban al pueblo más y más periodistas. Su lucha, tantos años silenciada, había cobrado voz y se había convertido en un símbolo de resistencia colectiva a nivel nacional. Comunidades de todo el país unían fuerzas y anunciaban movilizaciones en contra de las grandes transnacionales que operan en Chile.

Pero Pelambres no cumple. Dos semanas después de conocerse el fallo la empresa sigue echando relave y los accesos al tranque permanecen custodiados por la policía. Esa institución que debería estar velando por el cumplimiento de la ley en lugar de plegarse a los intereses del capital.

Si las instituciones chilenas funcionaran, los responsables de este proyecto estarían sentados en el banquillo por poner en peligro la vida de miles de personas y por atentar contra el patrimonio natural y cultural de su país, en lugar de seguir ocupando cargos ministeriales o trabajando para las mismas empresas que beneficiaron en el pasado.

Pelambres no cumple, el gobierno calla y en Caimanes, 1.200 personas continúan bebiendo agua contaminada bajo 2.000 millones de toneladas de residuos tóxicos.

[Marta Gimeno. Periodista Freelance. Colaboradora de AraInfo. @gimeno_marta]

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