Boikot: “En pleno siglo XXI todavía hay que explicar que torturar a un animal por diversión no es cultura”

Boikot acaba de estrenar “No Les Interesa”, un disco que pone el dedo en la llaga de muchos de los males que asolan el panorama actual: desde los genocidios injustificables hasta la tortura animal o la memoria histórica pisoteada en el Estado español; desde el desinterés de las élites por el bienestar social hasta el compromiso colectivo de seguir en la brecha clamando justicia y libertad.

16 julio, 2026. 07:00

Este trabajo, el disco “No Les Interesa”, condensa toda una serie de cuestiones que nos atañen directamente como sociedad. Un disco que ha contado con colaboraciones como Ara Malikian, Pul Pul de Ska-P, Kaos Urbano y Dema, de Talco.

Para analizarlo hemos hablado con la banda, en concreto con Kosta Vázquez, guitarrista, vocalista y productor del disco, quien, en nombre de la banda, nos ha explicado más acerca de este álbum, ampliándonos información que teníamos mucho interés en conocer, tratando también como decidieron no tocar en el Viña Rock tras conocerse su vinculación con KKR, fondo proisraelí, y explicando cómo el fascismo ahora se disfraza de libertad: “Al fascismo ahora lo llaman libertad, pero el veneno es igual”.

Boikot lleva décadas subido a los escenarios, cantando contra el capitalismo, la desigualdad, el imperialismo, el machismo y distintas injusticias sociales. ¿Cómo valoráis vuestra evolución como banda y cómo comparáis la realidad contra la que empezasteis a cantar con la que vivimos hoy?

Cuando empezamos hace 30 años, pensábamos que algunas de las batallas que cantábamos acabarían ganándose. Con el tiempo hemos descubierto que el sistema tiene una capacidad asombrosa para cambiarse de disfraz sin cambiar de intenciones, aunque se han logrado conquistas sociales importantes, antes el enemigo era más reconocible; ahora viene envuelto en campañas de marketing, algoritmos y discursos muy bien disfrazados en redes sociales.

Por desgracia, seguimos escribiendo canciones para protestar y no le podemos cantar a la primavera ni a la luna.

Musicalmente hemos evolucionado mucho, pero en el fondo seguimos siendo cuatro tipos incómodos preguntando por qué unos pocos tienen tanto y tantos tienen tan poco. La diferencia es que ahora tenemos más cicatrices y menos paciencia, pero la misma rabia.

Acabáis de publicar vuestro nuevo disco, ‘No les interesa’. La pregunta es casi obligada: ¿a quiénes “no les interesa”? (risas)

Pues a quienes tienen capacidad para cambiar las cosas y prefieren que no se hable de ellas.

No les interesa cualquier problema que pongas encima de la mesa: No les interesa la vivienda, no les interesa la precariedad, no les interesa la memoria, no les interesa el genocidio en Palestina, no les interesa el planeta ni les interesa que la gente piense demasiado. Les interesa que consumamos, que compitamos y que estemos entretenidos.

Si no da dinero, no les interesa.

El título tiene algo de provocación, pero también bastante de diagnóstico social y político.

En los últimos años habíais optado por publicar canciones sueltas en lugar de un álbum completo. ¿Qué os ha llevado a volver al formato disco?

Vivimos en una época donde parece que una canción dura lo mismo que una historia de Instagram. Sale el viernes y el lunes ya es arqueología musical. Nosotros teníamos ganas de parar, respirar y construir algo con un hilo conductor.

Un disco sigue siendo una forma de contar una historia más grande que una canción, queríamos hacer un disco con concepto cuerpo y alma, y que tuviera un “leit motive” en el que giraran muchas de las canciones, después de tantos años no podíamos sacar cualquier cosa.

Es un disco muy completo, probablemente el que más de toda nuestra carrera.

Da la sensación de que, en este capitalismo de la inmediatez, cada vez cuesta más dedicar tiempo a construir una obra completa, con calma, coherencia y un concepto detrás. Personalmente, disfruto más analizando un disco en su conjunto que escuchando singles aislados. ¿Cómo vivís vosotros esa tendencia de la industria musical?

La industria ha conseguido convertir incluso la música en comida rápida.

Todo tiene que ser inmediato, breve, viral y olvidable para dejar sitio a lo siguiente. Nosotros venimos de una generación que compraba un disco y se lo aprendía entero, valorar la artesanía que hay detrás de un disco físico es un arte en extinción.

No creemos que el formato álbum esté muerto. Lo que está muriendo es la paciencia. Y eso sí nos preocupa bastante más, sobre todo la generación que viene de TikTok y similares.

Hay un verso del tema ‘El pueblo’ que me ha fascinado. Cantáis que “la guerra se esconde entre filtros y poses”, que “las plazas se llenan de falsas voces” y que “han cambiado los curas, los tronos, los nombres, pero siguen mandando los mismos hombres”. ¿Cómo hemos llegado a un punto en el que conflictos y problemas que hace unas décadas resultaban evidentes hoy parecen quedar ocultos en esta falsa libertad?

Que se lo pregunte a Pablo Hasel…

La forma más eficaz de ocultar algo es enterrarlo bajo toneladas de ruido.

Nos venden libertad mientras cada vez más aspectos de nuestra vida están condicionados por intereses económicos que ni siquiera vemos. Han cambiado muchas cosas, claro, pero el poder sigue teniendo una habilidad extraordinaria para reproducirse y seguir a merced de fondos de inversión y poderes económicos que siguen manejando los hilos.

También dedicáis una canción a denunciar la tauromaquia, una práctica que sigue existiendo en pleno 2026. ¿Cómo es posible que un espectáculo basado en el sufrimiento animal y el sadismo continúe llevándose a cabo? Y encima con apoyo institucional y financiación pública…

Porque algunas tradiciones sobreviven gracias al dinero público mucho después de haber perdido el respaldo social.

Nos resulta incomprensible que en pleno siglo XXI todavía haya que explicar que torturar a un animal por diversión no es cultura. Y más incomprensible aún que se financie con recursos de todos.

Un espectáculo que si se hiciera con otro animal sería impensable, pero el toro se considera como una bestia que hay que torturar hasta la muerte por aplausos.

Si con esta canción hemos contribuido a cortar la cadena de violencia y dentro de 50 años no existe el relevo generacional, bien hecho está.

No cambiaremos el pasado ni el presente, pero en el futuro se acabará esta tortura.

A lo largo del disco cargáis contra quienes utilizan el poder político para atacar los derechos sociales y también reivindicáis la memoria antifranquista. ¿Resulta difícil seguir hablando de memoria histórica en un Estado donde todavía permanece un mausoleo construido por la dictadura como el Valle de los Caídos? Hay quien dice que “el fascismo ya no existe” y que “es cosa del pasado” …

Al fascismo ahora lo llaman libertad, pero el veneno es igual.

Cuando escuchamos que es cosa del pasado solemos mirar alrededor y preguntarnos de qué pasado hablan exactamente. La memoria no es venganza; es una herramienta democrática.

Un país que no conoce bien su historia está condenado a tropezar una y otra vez con las mismas piedras, y es terrible el auge mundial del fascismo.

Lleváis años denunciando públicamente el genocidio que está cometiendo Israel contra el pueblo palestino. ¿Creéis que el mundo de la música y la cultura está reaccionando con la contundencia suficiente o sigue existiendo demasiado silencio?

Siempre hace falta más voz cuando están masacrando a un pueblo entero ante las cámaras. También sabemos que mucha gente tiene miedo a posicionarse porque vivimos tiempos donde cualquier crítica se convierte inmediatamente en una campaña de señalamiento y el algoritmo no perdona.

Pero hay momentos históricos en los que el silencio deja de ser neutral. Y este es uno de ellos, hay que parar este genocidio. La pregunta es: ¿de qué lado de la historia estás?

¿Cómo vivisteis la polémica en torno al Viña Rock tras conocerse su compra por parte del fondo de inversión KKR? Aunque el festival aseguró haberse desvinculado, este año apenas participaron bandas que habían sido habituales en ediciones anteriores, entre ellas, Boikot. ¿Cómo valoráis toda esa situación y el debate que generó dentro de la escena musical?

Creemos que el debate era necesario. No se trataba de señalar a nadie ni de repartir carnés de pureza, sino de preguntarnos qué modelo cultural queremos construir.

Cuando un festival deja de ser un proyecto cultural para convertirse únicamente en un activo financiero, surgen preguntas legítimas. Nosotros tomamos nuestras decisiones de forma coherente con lo que pensamos y respetamos que otras bandas tomaran las suyas.

Lo importante era abrir la conversación. Y eso ocurrió. Y al final el poder lo tiene siempre la gente que unidos pueden cambiar lo que sea. Parar una vuelta ciclista, o cancelar un festival por falta de coherencia. El debate está ahí

¿Cómo está siendo la acogida de este último disco? ¿Escucharemos canciones de este disco en los próximos conciertos?

El disco está gustando por varias razones.

Pero después de 14 años la gente tenía ganas de escuchar cosas nuevas de boikot. La acogida está siendo muy emocionante porque la gente está entendiendo exactamente lo que queríamos decir.

Hay canciones que nacen para el directo y en cuanto las tocas sabes que se van a quedar. Ya estamos viendo que varios temas de ‘No les interesa’ están encontrando su sitio entre clásicos que llevamos tocando desde hace años.

Y sí, que nadie tenga dudas: este disco va a sonar mucho en los conciertos. Estamos tocando como unas 10 canciones nuevas que nutren el repertorio.

Este verano en todos los festivales el eje central será “No les interesa”

Para terminar, ¿hay algo que se nos haya escapado y que queráis decir?

Si, que las canciones no cambian el mundo. Lo cambia la gente.

Nuestra música puede acompañar, señalar contradicciones, levantar preguntas o ayudar a encontrarse a quienes piensan que están solos. Si No les interesa sirve para eso, ya habrá cumplido su función.

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