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Belchite: Retratos para después de una guerra

Un equipo de arqueólogos trabaja en Belchite para recuperar fragmentos de memoria enterrada
| 19 enero, 2016 11.01
Belchite: Retratos para después de una guerra

Son las siete de la mañana, en uno de esos días de sol abrasador. El equipo de arqueología se hace el remolón y se va levantando perezosamente, mojando tostadas en los tazones repletos de café con leche. Una hora después ya se encuentran todos en campo; alguien arrastra una azada, otro se encarga de limpiar y evacuar la tierra, y al fondo alguien grita para que se aparten de la retroexcavadora. Ésta es una rutina común en yacimientos arqueológicos de todo el mundo durante los meses estivales.

Pero éste no es un sitio cualquiera. Estamos en la villa aragonesa de Belchite, donde mujeres y hombres están excavando letrinas militares, un fortín y una línea de trincheras abierta por las tropas franquistas durante la guerra civil. Son testimonios materiales de una batalla brutal que, en el verano de 1937, enfrentó al ejército sublevado contra las fuerzas republicanas, finalmente victoriosas.

Belchite fue parcialmente destruido durante los enfrentamientos y, acabada la guerra, el caudillo quiso que se convirtiese en un ejemplo perpetuo de la “barbarie roja”. Obligó a las y los belchitanos a abandonar sus casas y ordenó que una nueva villa se construyese a su lado como símbolo de penitencia y reconciliación. Pero ese mundo idealizado sólo parece perdurar en las postales que se venden en el estanco del pueblo nuevo.

Basilio Martín Patino mostró, en su película ‘Canciones para después de una guerra’ (1971), cómo la vida se convirtió en un pastiche de imágenes y sonidos contradictorios: los discursos del general, anuncios publicitarios de leche en polvo, la falta de gasolina en Madrid, una vulgar corrida de toros y la escasez de alimentos en el campo. Todo eso se disipó con las transformaciones sociales de los últimos 20 o 30 años, pero en Belchite todavía se puede pasear por las calles deshabitadas de la antigua villa y la ruina de una utopía urbana franquista.

El pastiche de imágenes contradictorias que allí se vive es simétrico al de la película de Basilio Martín. Los arqueólogos vienen para desvelar lo que enterró la narrativa de la «reconciliacion nacional», y es en la inquietud que motiva sus gestos de arqueólogos donde se reecuentra la hu­manidad escondida durante años de represión y silencio. Ellos muestran cómo objetos perdidos hace 80 años y otras huellas en la tierra tienen el poder de rescatar memorias y contribuir para que seamos personas más críticas e ilustradas.

Estas imágenes se tomaron en septiembre de 2015 en el transcurso de días intensos de trabajo. Hay en ellas sombras que cubren rostros y ruinas, y hay relámpagos de luz como anunciando una idea nueva o cualquier descubrimiento subterráneo: son el desasosiego de quien se levanta a las siete y se pasa un día de verano a la búsqueda de las cosas justas.

Artículo de Rui Gomes Coelho publicado en Diagonal.
19 enero, 2016

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