Arrimemos el hombro para ir contra ellas

Durante la crisis del 2008 no hubo tanta conflictividad en el ámbito laboral, solo en Aragón hay alrededor de 30.000 empresas de las cuales un 70% han tomado una u otra medida para hacer frente a las consecuencias económicas del confinamiento, ahora más que nunca es necesario afiliarse a un sindicato

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Foto: Pixabay

Ni siquiera cuando estalló la crisis de 2008 hubo tiempos tan convulsos y con tanta conflictividad en el ámbito laboral. La crisis del coronavirus está suponiendo un auténtico terremoto para las relaciones laborales, cada cual se ha quitado la careta y, a cara descubierta, la clase trabajadora y las empresas se están batiendo a duelo para ver quién sale menos perjudicada. Un duelo, sin duda, en desigualdad de condiciones. Y, como era de esperar, de momento ganan las de siempre.

Por descontado que lo primero que hay que hacer es librar a las minorías de la generalidad. Hay empresas que están intentando capear el temporal sin repercutir gravemente las consecuencias en sus trabajadores y trabajadoras, arrimando el hombro junto con el resto de la sociedad, situándose a su par y no encima de ella. Hay empresas, sobre todo pequeñas y autónomas y autónomos, que viéndose abocadas a tomar medidas, han usado de una forma más o menos responsable las nuevas herramientas que ha creado el Estado, lo han hecho con transparencia y solamente lo estrictamente necesario. Pero entendamos la magnitud de lo que hablamos, ya que en Aragón hay alrededor de 30.000 empresas de las cuales un 70% han tomado una u otra medida.

Un auténtico “caos”

En cuanto a la representación sindical, desde luego que existen los reductos y los ejemplos de dignidad y lucha, y durante estos días hay quienes no se están asustando ante direcciones que pierden los papeles, que buscan salvar el culo del capital mirando a sus congéneres por encima del hombro, anteponiendo los intereses de las personalidades jurídicas a los de las personas. Pero estamos hablando de las excepciones que confirman la regla, y para ello solo hay que tener en cuenta que el porcentaje de empresas con representación sindical en Aragón no debe llegar ni al 10%, y no son pocos los lugares donde hay una representación sindical de “postureo”, sin rasmia y sin compromiso. Si nos hubieran dado un euro por cada vez que nos han dicho estos días “el delegado es el encargado”, “el comité son los mandos intermedios” o “los del sindicato no hacen nada, los puso la empresa”...

En definitiva, en miles de empresas en Aragón se ha aplicado un ERTE por fuerza mayor, o un ERTE por causas productivas, o se ha aplicado el Permiso Retribuido Recuperable. En miles de empresas, si no había representación sindical, se ha tenido que crear una comisión representativa al efecto para negociar. Por primera vez y de forma masiva, empresas que vivían confiadas y tranquilas sin tener representantes sindicales, han tenido que sentarse a negociar con sus también confiadas y tranquilas plantillas. Imagínense el “caos”, aunque la verdad es que en muchos casos ni se han sentado. Y esto no ha sido todo...

Hemos visto de todo

Durante los primeros días de confinamiento, la gente buscaba asesoramiento sobre el significado de cada una de las leyes que el Estado iba dictando. A su vez, las empresas capitalistas ponían a trabajar su maquinaria para decidir cuál era la mejor medida a tomar. Con el paso de los días, las plantillas interiorizaban que este virus hay que pararlo entre todos y todas, y que todas tenemos que poner de nuestra parte. A nivel pandemia, lo defendemos. A nivel laboral, lo de “todas estamos en el barco” nos rechina ya de tantas veces oído en boca de las empresas. Es el mensaje que el capitalismo lleva años lanzando a la clase trabajadora, cuál slogan comercial para creer que estamos comprando unidad, y en realidad colaboramos en la pérdida de nuestros propios derechos.

Y lo dicho, mientras las plantillas se centraban en arrimar el hombro, no se daban cuenta de que alguien se escapaba por la puerta de atrás. Las empresas capitalistas, desde el minuto uno, se han dedicado a estudiar letra a letra los decretos con la consigna de no caer, costase lo que costase. Solo hay que echar un vistazo por redes sociales y periódicos para encontrarse empresas de dudosa esencialidad que todavía no han cerrado. Solo hay que preguntar a nuestra gente cercana para encontrarse despidos, confinamiento imputado a vacaciones, fines de contrato, y todo lo que la imaginación de las direcciones empresariales puede dar de sí.

En estos días hemos visto de todo, desde jefes que presionan a sus plantillas para seguir la producción y luego ellos mismos caen contagiados por Covid-19, pasando por una marca de supermercados que tiene pensado abrir varias tiendas nuevas durante el estado de alarma, hasta una gran empresa que separó y mezcló las trabajadoras de distintos departamentos para que, si caían una cuantas, no fueran todas del mismo departamento y así no verse obligada a parar el servicio. Por no hablar de todos esos ERTE's, pactos de recuperación de jornadas, vacaciones impuestas a las plantillas, y todo ello sin respetar procedimientos ni preavisos, sino dándole “todo hecho” a los trabajadores y trabajadoras para que, presionados y presionadas por la situación, firmen el acta de acuerdo previamente redactada, sin posibilidad ni tiempo a meditar, consultar, reflexionar o realizar algo tan básico como puede ser una asamblea de toda la plantilla.

¿Dónde está el puñetazo en la mesa?

¿Y quién pone orden en este caos? Kase.O canta “esto no para porque nadie lo para, y si nadie lo para y nadie dice nada, prepárate para la que se prepara”. Y aunque habla de otra cosa, bien puede definir la situación laboral actual. Tal y como se han articulado los decretos del Estado, los “agentes sociales” han podido, y pueden todavía, decir mucho al respecto. La parte social, salvo en los reductos y excepciones que hemos nombrado antes, no ha estado a la altura. Pero porque tampoco ha podido estarlo. De la dureza y extensión del tejido sindical es responsable el conjunto de la clase trabajadora, los sindicatos no pueden entrar en las empresas si sus trabajadores y trabajadoras no les abren las puertas. Esto es así, y mucha gente se está dando cuenta ahora de que eligiendo mandos intermedios como representantes sindicales, confiando en el “buen hacer” de la empresa capitalista, echando pestes contra quienes quieren fomentar la organización sindical, y escondiéndose en el “haciendo un comité de empresa solo nos traerá problemas”, lo único que se hace es ir por mal camino.

Los sindicatos no son entes mágicos que todo lo pueden, sino que existen y se hacen fuertes por la unión, el apoyo mutuo y el trabajo de los trabajadores y las trabajadoras que los conforman. Y hay diferencias entre unos y otros. En esta crisis ya se está empezando a crear hemeroteca con noticias donde algunos sindicatos critican las medidas del Estado por considerarlas tardías e insuficientes, mientras otros siguen en la inopia, apelando a la “responsabilidad” para salvar a las empresas (capitalistas).

La gente está pasando del “sálvese quien pueda” a buscar alguien que pegue un puñetazo en la mesa. Necesitan sindicatos que, además de recordarles que “os lo dijimos”, ofrezcan su mano para que esto no vuelva a pasar. Y haberlos, haylos. Siempre los ha habido. Solo en Aragón hay decenas de organizaciones sindicales distintas. Ahora bien, el “quid” de la cuestión está en cuántos y cuántas trabajadores y trabajadoras están dispuestos a juntar sus manos en tornos a ellos. Plantillas que quieran arrimar el hombro para ir contra ellas, contra las empresas capitalistas que van a salir indemnes de esta crisis.

La posdata

Estamos convencidas de que la suscripción a Netflix va a entretener a mucha gente durante el confinamiento. Pero quizás para mantener esa suscripción sea necesaria otra a un sindicato, y si puede ser, mejor a uno de clase y combativo.

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