Se han publicado últimamente numerosos artículos a favor de las macroempresas de energías renovables, tergiversando la realidad.
No, Aragón no tiene el viento a favor, los que tienen el viento a favor son los grandes grupos empresariales internacionales y los atrapadores de subastas de energía, que luego venden los derechos a otros. En definitiva, muy poco de este dinero queda en Aragón. Forestalia, el gran acaparador de expedientes de macrorenovables en Aragón, ni siquiera es empresa aragonesa, aunque presuma de ello, ya que su sede radica en Madrid para evitar pagar los impuestos que asumen las empresas aragonesas. El dinero se va fuera. Aquí sólo nos queda el destrozo del paisaje y el futuro hipotecado de muchos de los pueblos de Aragón. La energía que se produce en Aragón se destina a Madrid, a Catalunya, a País Valenciá y a Euskal Herria. Allí pueden construirse industrias y se puede generar empleo, aquí no queda nada.
Se habla de Aragón como el nuevo “El Dorado”. Recordemos la historia: ni la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre por el río Amazonas en busca del mítico El Dorado llevó mejoras económicas y desarrollo al Virreinato de Nueva Granada (en la actual Colombia) ni las “expediciones” de las grandes multinacionales eólicas y fotovoltaicas dejarán mejoras económicas y desarrollo en Aragón.
Aquí, en nombre de la transición energética, parece que valga todo. Pero es que lo que se nos vende como transición energética no es tal. Se favorece la energía producida por grandes empresas al tiempo que se obstaculiza el autoconsumo, pues solo hay 171 MW instalados en todo Aragón.
Además, millones de euros Next Generation, que verdaderamente podrían ser vitales para asegurar el futuro del mundo rural aragonés, acaban en manos de grandes fondos monetarios internacionales que servirán para seguir utilizando a Aragón como una colonia donde practicar su política extractivista que durante tantos años hemos soportado.
Que desde 2018, el 44% de las centrales eléctricas renovables se haya instalado en Aragón, más que motivo de orgullo debería hacernos meditar sobre el tipo de Aragón que queremos y el Aragón que necesitamos.
Todos esos parques eólicos y plantas fotovoltaicas se han desarrollado en Aragón sin ningún tipo de planificación y sin que haya existido una mínima ordenación en el territorio por parte de la Administración. Tal y como se están desarrollando las macroinstalaciones de energía renovable en Aragón, el único que decide lo que se pone y dónde se pone es el promotor. Una vez que el promotor ha elegido el lugar, sólo puede frenar el proyecto la tímida evaluación de impacto ambiental que se realice. Una evaluación ambiental escandalosa la mayoría de las veces y que, en Aragón, se ha convertido en un “coladero” donde el 90 por cien de los proyectos se aprueban respetando la forma y el fondo de lo deseado por las grandes empresas.
De muy poco sirve la protección ambiental, los Geoparques, la declaración de especies en la categoría de “en peligro de extinción”, el establecimiento de áreas de recuperación de especies, la creación de la Red ecológica Natura 2000 con sus Zonas de Especial Protección para las Aves y sus Lugares de Importancia Comunitaria. Todo sucumbe en nombre del supuesto progreso y de la supuesta transición energética.
Y, con todo el desastre acumulado que ya llevamos, ojalá nos plantásemos en la situación actual, a pesar de ser “agraciados” con el 44 % de las instalaciones de las centrales eléctricas de todo el Estado español:
Que, a finales de 2023, estén en funcionamiento 5.230 MW eólicos y 2.437 MW fotovoltaicos (7.667 MW) quedará en algo puramente anecdótico frente a la magnitud de lo que ya se ha aprobado y pronto será una realidad. ¡Sólo en Aragón, en los once primeros meses de 2023, ya se han aprobado macroproyectos nuevos con una potencia eólica de 11.911 MW y una potencia fotovoltaica de 7.667 MW, que son 18.653 MW nuevos! Y, además, antes del 25 de enero de 2024 se tienen que aprobar siete u ocho mil megawatios más.
¿Qué vamos a hacer con 26.000 megawatios más a añadir a los 7.600 MW que ya están en funcionamiento?
¿Existe capacidad de acogida en Aragón para tanto parque eólico y tanta planta fotovoltaica?
¿Y el medioambiente y el paisaje, dónde habrá que buscarlos?
¿Y el turismo rural y de naturaleza que existía, dónde se irá?
Sólo nos queda una última baza: ordenación del territorio y planificación ya y, mientras tanto, paralización de todo lo que está por venir. Nos conformamos con tener la medallita del 44% de la energía total del Estado en los últimos cinco años, ya no necesitamos más honores de este tipo. Señores gobernantes, acuérdense de que cuando ustedes ya no estén, en los pueblos de Aragón tendremos que seguir viviendo las personas.





