Altavoz

Antifascismo moderno, fascismo interno: El caso de nuestro compañero Idrissa Gueye

Ante las campañas alertando de los peligros de la llegada del fascismo, la comunidad migrante y racializada de Zaragoza les recuerda que el fascismo siempre ha estado aquí, está impregnado en sus instituciones y en la sociedad española en general. No se ha ido y no ha llegado con Vox. Son muchas las iniciativas de...
| 25 abril, 2019 08.04
Antifascismo moderno, fascismo interno: El caso de nuestro compañero Idrissa Gueye
Concentración de apoyo a AISA y DDCC a las puertas de la Ciudad de la Justicia. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Ante las campañas alertando de los peligros de la llegada del fascismo, la comunidad migrante y racializada de Zaragoza les recuerda que el fascismo siempre ha estado aquí, está impregnado en sus instituciones y en la sociedad española en general. No se ha ido y no ha llegado con Vox.

Son muchas las iniciativas de colectivos antifascistas que pretenden denunciar las diversas violencias, pero éstas sólo se quedan en acciones puntuales y en muchos casos lúdicas, sin llegar tan siquiera a la raíz del problema. Un ejemplo de ello ocurre actualmente, con el caso de nuestro compañero Idrissa, expresidente de la Asociación de Inmigrantes Senegaleses de Aragón (AISA), de quién muchos de ustedes se han olvidado.

En 2018 Idrissa Gueye, siendo entonces presidente de AISA, denunció de manera pública, junto con Derechos Civiles, la violencia y abuso de poder policial sufrida por el colectivo de manteros senegaleses en Zaragoza al ser perseguidos, calumniados, hostigados, agredidos, deportados y despojados de sus mercancías. Pero estos actos no son aislados ya que también venían sucediendo en otras ciudades del Estado, poniendo en evidencia esa violencia institucional que cruza a diario a las personas migrantes.

Toda una hazaña del neoliberalismo y su supremacía blanca, capaz de criminalizar cualquier tipo de acción digna y humana como la de los compañeros manteros, quienes intentan buscarse la vida con la venta ambulante, que ni siquiera rasguña a las grandes cadenas de sobreproducción, las cuáles si cometen gravísimas violaciones de derechos humanos, esclavizando y saqueando.

Parece que estas experiencias no son lo suficientemente importantes como para indignar a los colectivos de izquierdas, que se adormecen en sus políticas de “gueto” dejándose llevar por el miedo extendido al crecimiento de la ultraderecha y que, fija dentro de sus escalas de prioridades una nula importancia pragmática y de impacto social cuando se trata de personas venidas del sur global.

También vemos que hace falta una lectura profunda de las causas de estas violencias. El extractivismo, el flujo económico y de recursos del sur global desdibuja las fronteras mientras que para los flujos humanos las blinda con sus políticas de control migratorio.

Entendemos el colonialismo como el precursor del fascismo, el causante de que muchas de nosotrxs nos veamos obligadxs a abandonar nuestros territorios y a sufrir día a día por toda la sociedad y las instituciones, las lógicas violentas que muchas veces se escudan en el paternalismo y otras que simplemente no tienen por qué fingir, para las que la reclusión (CIES), separación de nuestras familias y negación de nuestro ser, es algo totalmente normalizado.

Esa falta de consideración con las personas de los “no países occidentales” también se ve reflejada en muchas manifestaciones y concentraciones antifascistas, donde las acciones adoptadas por algunxs, transforman el espacio público en espacios no seguros para las personas racializadas y migrantes, porque esa forma de activismo político privilegiado pone en riesgo nuestra estancia en este país. Entonces, ¿cómo podemos manifestar nuestro malestar ante el apogeo fascista?

Nuestro compañero Idrissa puso su voz y su cuerpo para defender la libertad y el derecho a vivir en paz de todas las personas de su colectivo, a quienes el paternalismo quiere acompañar, la caridad invisibilizar y el verdugo acallar.

Es el momento que todos los colectivos sociales, feministas y antifascistas den un paso adelante, hagan uso de sus privilegios y actúen ante el racismo institucional, puesto que para nosotras las personas migrantes y racializadas evidenciar este tipo de racismo tiene implicaciones en nuestras vidas y en la de nuestras familias, a quiénes la Ley de Extranjería recuerda que somos ciudadanos de segunda, de los que en cualquier momento se pueden prescindir y abusar.

Sabiendo que estamos en un momento estratégico donde ejercer el derecho a votar para frenar el auge ultraderechista es necesario, mas no la única arma para hacerlo, es importante tener en cuenta que los cambios se consiguen en una lucha constante, que no cesa y no termina con una consigna y una pancarta.

Idrissa es padre, hermano, compañero, hijo, militante político, activista,… es el espejo en el que deberíamos mirarnos y tomar ejemplo, es la solidaridad de la que ustedes hablan.

25 abril, 2019

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