Este 20 de abril las Canarias han hablado, alto y claro, dejando constancia que la lucha por nuestra tierra no empieza ahora, ni es una cuestión nueva sino que se arrastra de hace siglos y siglos desde la conquista hasta nuestros días. Gritamos ahora porque se respete nuestra tierra, y que el monocultivo turístico no amenace con el colapso (ya existente) en las vidas de las canarias que viven 'malamente' en las islas.
Una acción que ha sido histórica con una asistencia de más de 57.000 personas, según fuentes oficiales (otras fuentes oscilan que los participantes han sido más de 100.000), en las manifestaciones programadas en las islas de Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote, La Graciosa, La Gomera, La Palma y El Hierro; teniendo también acciones reivindicativas en Madrid, Barcelona, Berlín, Londres...
Bajo el canto de "Canarias no se vende, se ama y se defiende" se llenaban las calles con la bandera tricolor que tanto simboliza para nuestro pueblo. Todas unidas defendiendo la premisa de que Canarias tiene un límite, y si que lo tiente... Teniendo en cuenta que un turista promedio gasta unos 800 litros de agua potable al día y un residente unos 127 litros, sabiendo también que la mayoría de las ganancias del sector turístico van a parar a manos de empresas privadas y que no aumenta la riqueza de la tierra sino que perjudica gravemente la delicada y preciada Naturaleza propia de las islas, así como empobrece a las canarias con trabajos precarios orientados al turismo masivo.
El síndrome del postcolonizado que se vive en el subconsciente colectivo de las islas (y de todo territorio colonizado y vandalizado) está siendo cuestionado y resulta relevante afirmar que Canarias vivió un hecho histórico este 20 de abril; yo que soy de familia tinerfeña, que nací, crecí y me crie en Tenerife, sé que este hecho marca un antes y un después en el activismo de Canarias, que ya no baja la cabeza y que estamos hartas de ver cómo saquean, maltratan y perjudican nuestra tierra y nuestras vidas.
Canarias ha sido maltratada por Europa, desde los inicios con el monocultivo de la caña de azúcar y la esclavitud de las indígenas, habiendo pasado todos estos siglos por todas las etapas y las necesidades del Gobierno español, el cual nunca se preocupó por instaurar un equilibrio entre la naturaleza salvaje (pero delicada) de Canarias y el beneficio capitalista colonial del Reino español.
La repercusión de esta grandiosa hazaña de mis hermanas canarias está por ver, y es que vivo de lejos este momento, sin poder gritar con ellas, y se me llenan las ojos de lágrimas al pensar que cuando pueda visitar mi tierra me encuentre con el desastre organizado del gobierno capitalista colonial desolando la tierra que me vio crecer a mí, y a mis abuelas.
Gritamos en contra del turismo masivo en Canarias, gritamos en contra de la construcción masiva en Canarias, gritamos por que apliquen políticas sociales de calidad, gritamos para que cesen los vertidos de aguas fecales al mar canario, gritamos porque Canarias tiene un límite y si no se aplican medidas pronto, las consecuencias serán definitivas, permanentes y catastróficas.





