Ajico y Agua: La fuerza de una idea

Este sábado 8 de agosto se llevó a cabo en Arándiga la segunda edición del festival Ajico y Agua, del cual hay que decir que fue todo un éxito

14 agosto, 2026. 12:08
Una imagen del evento

En un momento en el que el boom de los festivales nos bombardea cada verano con carteles repetitivos y con una idea en la que solo prima la fiesta y la rentabilidad de quienes los organizan, 5 personas se lanzaron el año pasado a crear un festival que rompe con estos moldes y que busca ser un oasis en medio de esta vorágine en la que parece que se han instaurado la música y los festivales modernos.

El año pasado ya dejaron a las claras que su modelo rehuía de todo lo que se viene haciendo, equilibrando todas las actividades y dándole importancia a todo y no solo a la música. Teniendo como base al pueblo, sus gentes y sus tradiciones, han querido poner en el mapa a Arándiga y mostrarles a todos los asistentes al festival que es un lugar con mucho encanto, con unos habitantes muy agradables y con una belleza que atrapa.

Si la primera edición se centró en los ajos, característicos de esta localidad, esta segunda ha estado enfocada en el agua, dando un sentido completo a su nombre: Ajico y Agua. Y hay que decir que tal fue la presencia de este elemento durante la jornada que hasta nos visitó en forma de tormenta para rebajar las temperaturas y aumentar los nervios de quienes lo organizaban.

Algo que hay que comentar de primeras es el salto de calidad que ha vivido el festival de su primera edición a esta. Ya no solo por el cambio de localización de los conciertos que, vigilados por el castillo del pueblo, encontraron en el lavadero un lugar perfecto donde hacerlos, sino por el trato humano y los recursos que, desde la organización y sus voluntarios, pusieron a disposición de los asistentes que fueron pasando durante todo el día. Cosa que deja a las claras el enorme trabajo que ha habido detrás y el cariño con el que se llevó a cabo cada detalle, por pequeño que fuera.

Ya centrándonos en el día, arrancó con un taller de costura a cargo de Candela Pérez, el cual se llevó a cabo en el local social que hay en el pabellón del pueblo y que tuvo una gran acogida. Tras esto, dio comienzo una mesa redonda en la que se quería poner en valor el papel tan importante que han tenido los lavaderos en los pueblos y fueron las vecinas de mayor edad las que alzaron la voz para contar sus experiencias y para hablarnos de la manera de socializar que había en torno a este lugar.

Ya por la tarde, después de una espectacular comida a cargo de la comisión de fiestas, arrancaba el grueso de las actividades del festival. Empezando por una charla divulgativa sobre la presencia de microplásticos en el agua impartida por Inés de la Parra en el mismo pabellón. A su vez, pero en el lavadero, se llevó a cabo un intento de emisión (frustrada por la cobertura) por parte de Radio Topo, donde se le dio voz a la organización y a los diferentes grupos que formaban parte del cartel.

Una vez terminada la charla, se llevó a cabo un pasacalles liderado por los Gaiteros del Jalón, que acompañaron a la gente desde el centro del pueblo hasta la zona de los conciertos.

A eso de las 21 de la noche y ya terminando con la programación, arrancaron los conciertos. Fueron ExRubias las encargadas de abrir y de alegrar al público con su divertido garaje rock. Tras ellos, fueron los jóvenes Kalumnia los que se subieron al escenario a demostrar que la edad no importa y a que la rabia se les cae de los bolsillos. Más adelante y cortados por una lluvia repentina (que parece que tampoco se quería perder los conciertos), se subieron al escenario Sonnora, a poner en práctica su folkrock y dar una lección de lo que es tocar bien. Por último y como primer grupo invitado de fuera de Aragón, Proletarios de Oficina nos lo hicieron pasar genial con su mongo punk.

Una vez acabados los conciertos, fueron DJ Train y DJ Tuku los encargados de alargar la fiesta hasta altas horas y hacer bailar a los valientes que aún resistían el cansancio.

Está claro que esta gente tiene muy claro lo que quiere y hacia dónde va. Bajo la filosofía de poner el pueblo en valor, de ser punto de unión de grupos de Aragón y de crear un clima único, han sacado adelante una segunda edición que no ha dejado indiferente a nadie.

Así que solo podemos darles las gracias por lo vivido y animarles a continuar. En un mundo cada vez más desconectado de su entorno y en el que solo importan las apariencias, han venido para mostrarnos que lo rural sigue vivo, que en Aragón hay muchas bandas (y muy buenas) y que una idea vale más que todo el dinero que grandes cabezas de cartel puedan darte.

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