Legado OTAN: Afganistán cada vez más peligroso

Un informe detalla la delicada situación de un país que, tras cuarenta años de conflicto discontinuo y quince años continuados de misión OTAN, continúa siendo víctima de la injerencia internacional, el fundamentalismo talibán y el nuevo terrorismo takfirí de la rama afgana del Daesh

Foto: Al Jazeera.

Las víctimas civiles en Afganistán durante 2016 fueron las más altas registradas por la ONU, con casi 11.500 no combatientes muertos o heridos, según un informe publicado por la UNAMA, la misión humanitaria de las Naciones Unidas en el país.

El informe documenta 11.418 víctimas civiles relacionadas con el conflicto, incluyendo 3.498 muertos y 7.920 heridos. De éstos, 3.512 fueron niños o niñas - 923 muertos y 2.589 heridos, un 24 por ciento más que la cifra más alta registrada anteriormente. Las cifras, registradas por UNAMA, son las más altas desde que la ONU comenzó a documentar sistemáticamente las cifras de víctimas civiles en 2009.

"El asesinato y mutilación de miles de civiles afganos es profundamente angustioso y en gran medida prevenible", dijo Tadamichi Yamamoto, Representante Especial del Secretario General de Naciones Unidas para Afganistán. "Todas las partes en el conflicto deben tomar medidas concretas inmediatas para proteger a los hombres, mujeres y niños afganos cuyas vidas están siendo destrozadas".

Estas cifras muestran la realidad de un país, invadido por los Estados Unidos en 2001, en el que las fuerzas de la OTAN han estado actuando desde 2003, demostrando el fracaso de una supuesta misión de paz, que ha terminado por desestabilizar todavía más Afganistán.

En la actualidad, aproximadamente un tercio del territorio afgano está bajo control de las fuerzas talibanes, algunos enclaves como Jalalabad, en el este del país, permanecen bajo control del Daesh, mientras que el gobierno trata de controlar el país con la ayuda aislada de la misión OTAN y Estados Unidos que, desde junio de 2016, bajo mandato Obama, ha vuelto a realizar desde Pakistán operaciones no autorizadas en territorio afgano.

Precisamente es este último mismo país al que el gobierno afgano ha acusado en repetidas ocasiones de dar cobijo a la cúpula talibán. Algo que el gobierno paquistaní se comprometía a atajar el pasado mes de enero.

Según la ONU, las fuerzas anti-gubernamentales, principalmente los talibanes, fueron responsables de casi dos tercios de las víctimas en 2016, mientras que las fuerzas progubernamentales fueron responsables de casi un cuarto. El resto fueron heridos o fallecieron a causa de actos terroristas del Daesh o debido a la explosión de bombas y minas remanentes de guerra.

Líderes talibanes han negado los datos del informe, considerándolos “erróneos e injustos”, alegando que los principales responsables de la caída de civiles son los “intrusos extranjeros”, que lanzan bombas contra ciudades y pueblos, atacan viviendas civiles y llevan a cabo operaciones militares contra clínicas o mezquitas.

El informe señala que, como en 2015, los enfrentamientos terrestres entre elementos antigubernamentales y fuerzas progubernamentales, sobre todo en zonas pobladas o frecuentadas por civiles, siguen siendo la principal causa de víctimas civiles, seguidos de explosivos improvisados ​​(IED), ataques suicidas, así como asesinatos selectivos y deliberados.

Documenta además, el aumento de los ataques perpetrados por Daesh / ISKP (provincia islámica de Khorasan), especialmente dirigidos contra los musulmanes chiítas. La UNAMA documentó 899 víctimas civiles (209 muertos y 690 heridos), diez veces más respecto al año pasado. La mayoría de las víctimas causadas por Daesh / ISKP fueron a causa de tres ataques a gran escala contra la comunidad musulmana chiíta.

Los ataques aéreos llevados a cabo por fuerzas afganas e internacionales, especialmente norteamericanas y del Daesh, causaron 590 víctimas civiles (250 muertos y 340 heridos) casi el doble que el registrado en 2015 y el más alto desde 2009.

En la actualidad todavía hay alrededor de 10.000 soldados estadounidenses en Afganistán como parte de la misión de la OTAN en el país, un conflicto del que Estados Unidos no termina de retirarse a pesar de la promesa del expresidente Barack Obama de hacerlo. Promesa que vulneró como última vez el pasado mes de enero enviando 300 marines más.

Algunos actores internacionales son tremendamente críticos con la labor de los Estados Unidos en Afganistán. Rusia, a través su enviado especial para Afganistán, Zamir Kabúlov, acusaba en septiembre al contingente estadounidense de haber hecho poco o nada por la estabilización del país, asegurando que Daesh ha continuado sumando fuerza y soldados mientras Estados Unidos ha estado allí.

En este sentido, Yamamoto, que también es jefe de la UNAMA, condenó el impacto implacable y devastador de las operaciones terrestres contra civiles, así como el creciente número de ataques suicidas a gran escala que intencionadamente atacaron a civiles. La mayoría de estos ataques suicidas protagonizados por las fuerzas del Daesh, un grupo menor de 3.000 soldados según diversos servicios de inteligencia.

"Otro año récord de sufrimiento civil en Afganistán", aseguraba Yamamoto. "A menos que todas las partes en el conflicto hagan esfuerzos serios para revisar y abordar las consecuencias de sus operaciones, es probable que los niveles de víctimas civiles, desplazamiento y otros tipos de sufrimiento humano se mantengan en niveles terriblemente altos".

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad Al Hussein, dijo que las cifras de víctimas apuntan a que los sectores más vulnerables de la sociedad continúan pagando el precio más alto. "Los niños han sido asesinados, cegados, incapacitados o,  ​​inadvertidamente han causado la muerte de sus amigos, mientras juegan con artefactos explosivos sin detonar que son negligentemente dejados atrás por las partes en el conflicto. Las mujeres siguen siendo brutalmente castigadas paralelamente a los llamados procesos de ‘justicia’ mientras que las minorías religiosas son blanco de sus oraciones en sus mezquitas ", dijo Zeid.

"Y las consecuencias de cada acto de violencia agitan familias y comunidades enteras que quedan rotas, incapaces de sostenerse y en gran medida sin obtener justicia o reparación. Después de casi 40 años de conflicto armado en constante evolución en Afganistán, una franquicia de Daesh ha surgido como un nuevo componente mortal. Ya es hora de que las diversas partes en el conflicto cesen la incansable comisión de crímenes de guerra y piensen en el daño que están haciendo a sus madres, padres, niños y futuras generaciones al continuar alimentando este conflicto sin fin y sin fin", dijo Zeid.

Yamamoto y Zeid instaron a todas las partes a reducir al mínimo el uso de armas explosivas en áreas pobladas por civiles y asegurar que se retiren restos de explosivos de guerra. También hicieron hincapié en la necesidad de rendición de cuentas y justicia por las violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos.

"La continuación de los ataques dirigidos contra civiles y los ataques indiscriminados por parte de elementos antigubernamentales -en particular los IED y los ataques suicidas en zonas pobladas por civiles- es ilegal, reprobable y, en la mayoría de los casos, puede constituir un crimen de guerra. Es imperativo que los autores, sean quienes sean, sean responsables de tales actos ", señala el informe.

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