Hace más de veinte años, no recuerdo la fecha, la Coordinadora Torrero-Venecia-la Paz recibió una llamada del Ayuntamiento de Zaragoza, concretamente del entonces concejal de Urbanismo, Rafael Gómez-Pastrana (PP). Nos convocaba a la oficina de un conocido arquitecto zaragozano, Manolo Fernández, para que viéramos con detenimiento el Plan Especial del Canal.
Aparte de convocarnos, Pastrana, del que guardo un buen recuerdo, nos dijo que dependía de nuestro visto bueno que el Plan siguiera adelante. En la mañana acordada acudimos a la oficina del arquitecto tres personas de la Coordinadora y nos acompañó el entonces gerente de Urbanismo, Carmelo Bosque.
Allí vimos desplegado en sucesivos mapas el Plan Especial, colocados en mesas corridas que hacían una fila de unos 15 metros de longitud. Se nos ofrecía una vista detallada del Plan para nuestra mejor comprensión. Se estableció una conversación entre todos, preguntas y respuestas, una vez que los tres que íbamos en representación de la Coordinadora nos recuperamos de la sorpresa al ver plasmadas gráficamente nuestras reivindicaciones y algún elemento más incluido por el arquitecto. De estos últimos el más importante era el antiguo Muelle de San Carlos en Casablanca, que permanece enterrado y del que nunca se ha vuelto a hablar. Este muelle tuvo una importancia capital pues hasta allí llegaban las barcazas con pasajeros y mercancías que navegaban por el Canal…
El Canal tiene un enorme potencial en diferentes aspectos, aparte del ya muy significativo por su importancia en el plano de la ingeniería hidráulica. Es indudable su interés histórico por lo que supuso para la economía de la ciudad, tanto en el plano agrícola como en el industrial al aprovechar sus aguas para el riego o como fuerza motriz para mover maquinaria (talleres, molinos, etcétera). Otros aspectos como el urbanístico, social (también lúdico y recreativo), medioambiental, paisajístico... Coinciden en el Canal y es del todo incomprensible que los responsables políticos de la ciudad hayan mostrado tanta indiferencia. Es totalmente demagógico y contradictorio que se eleve a los altares de la gloria a Pignatelli y luego se pase olímpicamente de su obra que tanto bien ha hecho por la comunidad.
Ahora, en el marco del “estado de la ciudad”, en un discurso de carácter político, se nos anuncia que van a emprender una transformación del tramo del Canal comprendido entre el puente de San José y las Anas. Dice que se destinarán 17 millones de euros y en general nos describe varias cosas que todas ellas ya venían recogidas en el antiguo Plan. Dice Chueca que “durante demasiado tiempo Zaragoza vivió de espaldas a sus ríos y canales…”. Pues sí, esa es la verdad, ¡ya era hora! Pero también es cierto que, dado el carácter electoralista que contamina últimamente toda acción política, pues el anuncio se reviste de incertidumbre, de una credibilidad dudosa. Pero bien, vamos a mirarlo en el plano positivo y en este sentido, los vecinos y vecinas de Torrero y grupos ecologistas que nunca hemos dado la espalda al Canal, todo lo contrario, luchando y reivindicando por su transformación en un Parque Lineal, en que fuera navegable, en un eje vertebrador del sur de la ciudad, en un corredor verde, ahora queremos lo que siempre hemos reivindicado también: ¡PARTICIPACIÓN!
La alcaldesa dice que en tres o cuatro meses estará listo el estudio técnico, vale, pregunto si se nos va a convocar a presentar la idea y las líneas generales. Y es que nos inquieta muchísimo el aspecto urbanístico y todo el arbolado urbano de la zona. Son ejemplares magníficos, de alto porte, de gran importancia medioambiental. Plataneros, algún fresno y un extraordinario ROBLE, han de ser protegidos con rigor y sensibilidad, todos. Y pongo roble en mayúsculas, porque en la prensa, supongo que recogiendo un error de la alcaldesa, se refieren a un olmo… No es olmo es un magnífico y poco habitual en Zaragoza, ROBLE. Me preocupa el desconocimiento y mucho. Más aún cuando en la prensa se lee que “se prevé mantener el arbolado actual siempre que sea compatible con la accesibilidad…”. Aquí suenan todas las alarmas pues esa supuesta protección no es tal. Ese proyecto tiene que, debe, respetar el arbolado existente sí o sí. Y ya, siguiendo con el grave error del roble, la alcaldesa se refiere a él así, “… y proteger un olmo catalogado, situado en este tramo del Canal cuyo entorno será reordenado para mejorar su valor paisajístico”. Y otra vez vuelvan las alarmas, pues hay muchas maneras de realzar esa obra de arte de la naturaleza respetando a los grandes ejemplares que se desarrollan a su lado.
Nos gustaría saber cómo se va a quitar el asfalto de la orilla del Canal pues, según cómo se haga, los árboles peligran. Me gustaría saber cómo afecta al tráfico rodado, al recorrido bus urbano, que pasa con los puentes que hace años se vienen reivindicando. Me gustaría saber, al barrio le gustaría saber, qué se pretende hacer.
Es muy importante saber en qué queda la construcción de viviendas, ¿habrá finalmente pisos de carácter público y de precio asequible, tal y como pedían desde la asociación vecinal de San José? Mucho me temo que que se está incentivando a los intereses privados al vender suelo público para vivienda privada, o sea, en pillar dinero que servirá, quizá, para ir rellenando agujeros como el dela Romareda. ¿Y cómo será esa torre que se pretende edificar? ¿De cuántos pisos de altura hablamos?. En fin, el Ayuntamiento, la alcaldesa, tiene que reunir a las asociaciones vecinales y colectivos de la zona, en los distritos, y exponer lo que pretender hacer, sin imposiciones. Allí vivimos mucha gente que queremos participar en la transformación de nuestro entorno, por el que cotidianamente paseamos, sufrimos y gozamos.





