A propósito de la convocatoria con motivo de lo de Ceuta

01 septiembre, 2026. 11:01

Decía Renan, a finales del siglo XIX, en su más famosa conferencia en la Sorbona, ¿Qué es una nación?, tan famosa que hoy se sigue citando, que una nación es un plebiscito diario, que es la voluntad de sus gentes de permanecer unidas lo que conforma esa nación.

No es el momento de hablar sobre naciones y nacionalismos, y mucho menos por mi parte, más ateo que escéptico en estas cuestiones.

Sin embargo, a nadie le cabe la menor duda de que el ánimo de los convocantes de estas manifestaciones es nacional, muy nacional y mucho nacional, tanto como el de una patria única, grande y libre. Pero ¿y si filtramos esta convocatoria por el tamiz de Renan? ¿Lo soporta? Veamos. Un sector de la sociedad realiza una convocatoria de parte en nombre de la totalidad. El mismo sector que grita que España es cristiana y que no permitiría la presencia de musulmanes en la concentración (aunque tengan pasaporte español); el mismo sector que no ha condenado la violencia en las calles de Ceuta (hablo en este caso del PP, a Vox lo doy por supuesto); el mismo sector que dice que hay que expulsar a los catalanes (y vascos y otros de similar ralea) por ser independentistas; el mismo sector que nos acusa a algunos de ser la anti-España, o de traidores, que viene a ser lo mismo. Lo dice de nosotros y de nuestro presidente.

Es decir, que, en el plebiscito diario de quién forma o no parte de la nación española, hay un claro veto a según quiénes. Que en ese plebiscito no nos quieren dejar votar.

Hasta ahora este sentimiento era unidireccional, siempre ha venido de su parte hacia los demás y los demás, en aras del compromiso y de la convivencia, hemos hecho ver que no lo escuchábamos, que esto no iba con nosotros, que era cosa de cuatro majaderos, pero en los últimos tiempos los majaderos han aumentado, cada vez son más y más ruidosos, muy molestos, demasiado, diría yo. Y eso está empezando a colmar nuestra paciencia.

¿Y si en ese plebiscito diario los demás, es decir, la gente tranquila, la razonable, la humanista, nos cansamos de ser como somos y votamos como votan ellos? Es decir, decimos que no, que nosotros tampoco queremos ser una nación con ellos, que estamos de acuerdo, que ya está bien, que no aguantamos más.

Todavía no está pasando, digo todavía, porque nuestra paciencia y sentido de la responsabilidad son grandes, enormes, gigantes... Pero, como en todo lo humano, hay un límite.

En política no todo vale. La derecha, las derechas, todas: las políticas, las económicas, las judiciales, las represoras, las mediáticas... todas sin excepción llevan mucho tiempo practicando un golpe de Estado blando, un golpe de Estado que está teniendo éxito, un golpe de Estado con aliados exteriores, con el apoyo de enemigos de España (porque en una democracia los enemigos de un gobierno legítimo son enemigos de ese país), de enemigos como Trump, Netanyahu o Mohamed VI.

No sé cuánto más puede seguir esto así, pero a buen seguro que la lista de desertores de la nación, de desertores por parte de la gente razonable, aumenta día a día. ¿Lo podrá soportar la convivencia?

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