Son las cuatro de la mañana y no puedo dormir. Podría decir que es por el calor agobiante de la noche de verano tórrida que hay. No corre ni una pizca de aire, o viento, lo que sea. Pero la realidad es que me atormenta terriblemente el pensar que mientras duermo se queman sin remedio los montes y bosques de mi infancia.
Santa Bárbara, el embalse de la Peña, Alastuey, Santa Cilia, Santa Cruz de la Serós, los maravillosos montes de San Juan. Se queman, se vuelven cenizas, con sus gentes, sus seres vivos y los recuerdos de toda una generación que hace ya años los vio arder una vez sin entender cómo es posible que algo tan terrible ocurra sin más; cómo en unas horas todo es devorado por las llamas sin que seamos capaces de hacer nada.
Las lágrimas que caen por mi rostro de rabia e impotencia al ver las imágenes no deben ser nada en comparación con la desesperación de las gentes que viven allí, el desasosiego que deben sufrir de ver sus casas y sus tierras arder.
El fuego, el terror de esta tierra seca y acalorada que tenemos, de monte áspero y duro de caminar, orografía compleja, difícil de dominar tras años y años de gestión nefasta de un territorio agreste y despoblado. Nuestra tierra callada que después de este incendio, más que nunca lo será.
Y sube el fuego, y sube, comiéndose los pinos, las carrascas, los bojes, hasta incluso las duras las aliagas que arañaban nuestras piernas de niños cuando corríamos desde Santa Cruz de la Serós, desde ese castaño infinito, hasta llegar poco a poco a San Juan. Incontrolable dicen, y vemos como las llamas suben por la ladera de San Juan, por ese bosque centenario que nos vio crecer, el responsable de las más terribles tormentas de verano, o eso nos decía a los niños, pero también de las más maravillosas noches estrelladas.
Se quema la cuna del aragonesismo, dicen en los periódicos. Pero no hay que preocuparse, porque han salvado del monasterio viejo los restos y pertenencias sacrosantas de un noble ancestral que es el origen de todos nosotros. ¡Pero qué vergüenza! ¿Pero cómo se atreven a tratarnos de idiotas? Que se quemen mil veces los calzones cagaos del noble, joder, ¡Qué se quema el monte! ¿pero es que no lo veis imbéciles? ¡Que se quema la vida misma! ¡Los pueblos y las gentes! ¡El entorno donde viven!¡Los acebos de San Juan! ¡Las encinas y los pinos centenarios!¡La vida! ¡La vida entera se nos quema y se hace cenizas en un segundo!
Claro que son nuestros orígenes mentecatos, son los bosques que nos han dado la vida, los pueblos que nos han criado. Todos hemos subido por esos bosques para ver en el balcón nuestras montañas y decir ¡esto es mío! ¡esta es mi casa!¡allí en ese valle nació mi abuelo!¡mi abuela pasó a Francia huyendo de la guerra por allí! ¡nosotros llevamos orgullosos el nombre de las montañas que se queman y destruyen día a día sin remedio por la desidia, la maldad intrínseca de la especulación, la negligencia más asombrosa y consentida por este pueblo! Un pueblo que parece que no aprende nada, no aprendemos nada, todo a la mierda por no saber defender lo nuestro una vez más. Depositamos nuestra tierra y nuestro futuro en las manos de los mismos incompetentes de siempre que recortan en servicios públicos y desmontan la educación, la sanidad, los servicios de emergencia.... Y luego pasa lo que pasa y no hay capacidad de reacción.
¿Será verdad que todo comenzó por las obras de Santa Bárbara? Si de verdad esto es así el problema es aún mayor. Unas obras innecesarias, que están destrozando el puerto de forma impune y abrumadora, y encima queman el monte. ¿De verdad? ¿Es posible? ¿Será posible que, a raíz de una obra innecesaria, que estaba destruyendo completamente el entorno, por una negligencia se queme todo? ¿Y para qué? ¿Para que los BMVs y Mercedes de turno puedan subir 15 minutos más rápido a esquiar? ¿Pero cómo es posible que ocurra esto? ¿Pero quién es el responsable de esto? ¿Cómo es posible que consintamos que año tras año se arrase nuestra casa para favorecer un turismo agresivo que lo único que busca es atravesar el pirineo en una autopista y esquiar de sol a sol? ¿Cuándo vamos a despertar y darnos cuenta de que están destrozando nuestra casa? O quizá es aún peor y nos dicen que la culpa es del monte, que estaba "sucio", ¿pero qué mierda es esa de sucio? ¡Está deshabitado coño! Y por lo tanto las gentes no pueden cuidarlo. Sucio, sucio como las mentes que consienten hacer labores de riesgo en momento de alerta de incendios por puro interés económico, eso sí que es sucio y no el monte. Una radial, una barbacoa, una desbrozadora.... A 40 grados y sin ninguna medida de seguridad, eso sí que es sucio, asqueroso, rastrero; ignorancia o maldad dan ganas de vomitar de lo sucio que es. Pero claro, si todo fuera un desierto cruzado por autopistas sería más fácil apagar los incendios, es una opción.
"Aragón, tierra callada", más vale que despiertes y que tus gentes vean, veamos todos, que los que nos gobiernan no se preocupan de nuestra tierra. Que hacen su agosto especulando con las tierras quemadas, que aprovecharán para hacer unos ricos chaletes en Santa Bárbara para irse a pasar el finde, que gastarán nuestra agua de la ribera promoviendo la implantación de grandes plantas de gestión de datos esquilmando nuestros ríos y nuestros galachos, que dicen que representan a Aragón y ni siquiera se atreven a cantar los poemas de José Antonio porque les escama la sobria dureza de sus canciones, que nos venderán que han salvado Aragón porque tienen los calzones del noble ese tan importante que no es sino el símbolo de la oligarquía que ellos mismos representan, y nos dirán que la culpa de todo la tienen los moros y, de paso, los catalanes.
Nos enfrentan, es fácil, y nos preocupan en esos enfrentamientos inútiles mientras esquilman nuestros hogares. No podemos callar más, exijo que se oigan aquí hoy los lamentos de cada una de las personas que hemos sentido el corazón en un puño al ver arder bosques, casas, monasterios, al pensar en los cientos de seres vivos muertos en esos montes.
Quiero que se escuche el crepitar de cada uno de los inmensos troncos de San Juan, de los castaños de Santa Cruz, de los jabalís de Santa Bárbara, de las carrascas, de los pinos, bojes y aliagas de Alastuey en un grito sordo y llameante diciendo que ya basta de destruir nuestros montes.
Berread conmigo de impotencia pura diciendo que no queremos volver a ver arder las Cinco Villas, ni los Montes de Teruel, ni ninguna otra zona de esta tierra, sea o no sea el supuesto origen de no sé qué soberanía que no ejercemos pues nos dejamos engatusar y engañar con historias mientras se nos quema la vida; y que no vamos a consentir la especulación urbanística en nuestros entornos naturales, ni que se abran las carnes de nuestra tierra a base de autopistas y carreteras inmensas para un turismo agresivo que devora nuestros recursos, que no nos dejaremos convencer con cantos de sirena sobre el gran beneficio que vamos a obtener destrozando tal valle o construyendo un enorme centro comercial o dejando que la multinacional de turno se quede con nuestros recursos naturales.
¡El beneficio no es para las personas, ingenuas! ¡Es para ellos!
Estoy agotada, y tal vez mi estado de ánimo no es el mejor, pero no quiero dejar de decir, a todas esas personas que por negligencia, dejación, ignorancia, maldad, necedad o estupidez más absoluta han contribuido a que se queme muestro monte, que se vayan, como dijo el poeta, a la mierda. A la mierda.





