A costa de Costa. Caciquismo en la era de la inteligencia artificial

19 agosto, 2024. 11:01

De lo que voy a hablar, mejor dicho, escribir, ya lo hizo largo y tendido, y mucho mejor, Joaquín Costa. Leyendo parte de su ingente e inteligente obra me di cuenta de lo poco que hemos avanzado. Hay situaciones que parecen no cambiar, por más años que pasen. No pretendo compararme con su intelecto. Lo mío es frustración y desahogo sobre los todavía existentes caciques y los reinados del caciquismo que, hoy en día, sobreviven a Costa y a costa de prevaricar, de repartir favores a unos y de causar miedo a los que no son de la cuerda del cacique en cuestión. Soy testigo, de segunda clase, ya que, aunque pague mis impuestos, los mismos que las personas que viven de forma permanente en un pueblo de la provincia de Uesca, los que no somos oriundos de allí, paguemos o no, no tenemos los mismos derechos que los de primera clase.

Hace unos diez años que adquirí una segunda residencia en un pueblo de la provincia de Uesca. Allí llegué con mis ideales de urbanita ingenua; animalista cual. Dentro de mi ingenuidad siempre hubo cabida para el respeto a las personas del municipio, sus tradiciones y su forma de vida, aunque con muchas de ellas no estuviese de acuerdo, al fin y al cabo, el cerebro se expande en proporción al marco y a la educación que uno recibe. Testigo de cómo los animales eran maltratados, miré hacia otro lado hasta que el tortícolis me lo impidió. Un vecino, de forma expresa, me confesó su intención de poner veneno a los gatos callejeros, haciendo uso de una tradición propia del lugar, si no me llevaba a los gatos que malviven en la calle y cuyas condiciones deplorables son ignoradas hasta por los más animalistas del municipio. Ante tal amenaza, expresa, insisto, me vi en la obligación de reiterar, mediante registro, mi ofrecimiento de ayudar al municipio a hacer cumplir la ley de protección animal y digo reiterar, porque meses antes ya se la había hecho llegar a uno de los concejales vía Whatsapp. Ante la negativa del mismo y de la amenaza de uno de los contribuyentes de primera, le hice saber al ayuntamiento la situación, así como la amenaza de la que fui interlocutora, sin citar al emisor de la misma. La propuesta realizada bajo registro oficial no fue recibida con agrado. Malas caras con la consiguiente retirada del cívico saludo, así como la demanda de explicaciones por parte de algunos vecinos de primera, enrarecían el ambiente.

El cacique y sus secuaces, cazadores habituales, así como las nuevas generaciones que han andan hacia detrás, ideológicamente hablando, a pesar de su juventud, campan a sus anchas e incumplen leyes, de cualquier índole, porque las leyes no son las mismas para todos, que para eso existe el caciquismo y las oligarquías. Desde luego, si alguien quiere disfrutar de una vida tranquila, idílica y rodeada de naturaleza, la encontrará muy lejos de estos utópicos lugares, donde la tiranía y el caciquismo campan a placer haciendo favores a unos y causando miedos a otros, abandonados a su suerte, mientras no hay ningún órgano de la administración que ponga medios por acabar con algo, cuya existencia, parece no tener fin.

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