
En total, más de 14.000 millones de euros de sobrerretribución en el quinquenio 2008-2012 para la gran hidráulica y la nuclear. ¿Cómo se explican estas escandalosas cifras? Tras la primera entrega en la que se cuestionó la decisión usurpada a los consumidores sobre si querían endeudarse a la hora de adquirir un producto cotidiano y de primera necesidad como el pan, upps, la electricidad, en esta segunda se profundiza sobre otra de las cuestiones que se esconden tras la negativa del “rodillo democrático” a verter luz sobre el mecanismo de formación de precios de la energía eléctrica.
Para el tema que se aborda no es que se haya decretado el secreto de sumario o sea cuestión de seguridad nacional, simplemente es tan inverosímil que no ocupa las portadas de los medios de comunicación –salvo honradas excepciones cercanas al sector de los damnificados y otras con mayor sensibilidad social-, o, más bien, dada su inverosimilitud se prefiere aparcar del debate público, definitivamente el consumidor no lo va a entender. El mecanismo de formación del precio de la electricidad está retribuyendo la “electricidad barata” al precio de “la cara”, o lo que es lo mismo, una serie de empresas propietarias de ciertas tecnologías de generación se están frotando las manos -perdón, llenándose los bolsillos-, por una cuestión legislativa que fue la guinda de todo el proceso de liberalización del sector –de generación- eléctrico, toda una "gran obra de ingeniería" que quedó atada y bien atada -hasta la fecha-.
2.- “Windfall profits”, sobrealimentando los obesos beneficios de las grandes del sector
Tal y como se incidaba al comienzo, y según informa Antonio Barrero, redactor jefe del periódico digital Energías Renovables, en su artículo La solución del déficit de tarifa, llovida del cielo, la nuclear y la gran hidráulica han obtenido rentabilidades desmesuradas, de hasta un 2.200 %; sí, sí, una cifra de auténtico escándalo y, mientras, el consumidor tiene que asumir un déficit y su financiación.
Durante la primera de las entregas ya se avanzó que hay una serie de cuestiones sobre las que han corrido ríos de tinta y de las cuales el común de los mortales, el contribuyente, es totalmente ajeno. Esta desafección sobre una –otra- cuestión básica a mi parecer, y por qué no decirlo, al parecer del sentido común, lleva implícita una serie de responsabilidades por distintas partes que daría igualmente para más ríos de tinta, pero lo reduciremos a que no hay mejor ceguera que aquella de quien no quiere ver y “te doy pan y te digo tonto” –últimamente te quito el pan aparte de decirte tonto-. Asúmase la parte alícuota que se quiera, a gusto del consumidor.
Empecemos, pues, a centrar lo importante de esta segunda entrega, que servirá igualmente para abrir boca en las siguientes. Ya se avanzó en su día, y es pertinente y necesario traerlo de nuevo a colación porque es parte del “érase una vez” de este cuento, que hasta el año 1.997 el marco regulatorio del sector (MLE, Marco Legal y Estable) consistía en reconocer unos costes de generación y retribuir en consecuencia, una vez añadidos los consiguientes beneficios empresariales que, por seguir en el tono benevolente de anteriores entregas, no se entra cuestionar. En todo caso sí que resulta obligatorio explicar –que no cuestionar, insisto- qué costes fueron reconocidos durante esa etapa. Por simplificar e ir a la parte gorda del pastel, aquellos fueron años de tres tecnologías bien distintas en lo que a la generación de electricidad se refiere.
- Por un lado las centrales que queman combustibles fósiles, básicamente carbón y derivados del petróleo. La apuesta fue fuerte, tanto es así que constituye un sector apoyado tradicionalmente de distintas maneras. Toda la problemática socioeconómica de las cuencas mineras y una parte importante de responsabilidad en el cambio climático siguen presentes. En cualquiera de los casos y simplificando, estas tecnologías ahora forman parte de las que llamaré centrales caras y, aunque cabría hablar largo y tendido, no son objeto del debate que nos trae entre manos.
- Por otro lado están las centrales nucleares. Este tipo de generación eléctrica, que medio siglo después todavía sigue sin resolver las cuatro cuestiones clave – coste, residuos, seguridad y proliferación armamentística-,sí que tiene su papel protagonista. El MLE reconoció el coste de generación nuclear hasta el año 1997, lo cual significa que dichas inversiones fueron aceptablemente amortizadas, es decir, recuperadas las inversiones y, por tanto, interesa mantenerlas en funcionamiento dado su carácter de generadoras netas de beneficios –como en cualquier otra inversión empresarial-, de ahí el empecinamiento con no echar definitivamente la llave a Garoña. Sí que diré, por la trascendencia que tiene, que este tipo de centrales, pertenecen a las “baratas”, es decir, con coste de generación bajo, precisamente porque ya están amortizadas. No se va a entrar en el debate sobre lo que supuso la moratoria nuclear y cuál debería ser el coste de generación de la energía nuclear, es decir, si debería o no incorporar ciertas externalidades. Tampoco se va a entrar en el siguiente “empujoncito” económico que se dio a las propietarias de dichas centrales mediante los famosos CTCs (Costes de Transición a la Competencia), muy cuestionados y en todo caso en exceso, como se ha reconocido, aunque ese delito de malversación de fondos públicos haya prescrito –o ¿debería decirse que se ha hecho prescribir?-.
- Finalmente, la tercera pata de aquella estructura de generación la constituye la llamada gran hidráulica, es decir, centrales hidroeléctricas que operan en régimen de concesión administrativa con una materia prima que no es suya, el agua. Sus costes de funcionamiento son, por tanto, -casi- nulos, y la inversión realizada durante su construcción está igualmente amortizada, con el sistema de reconocimiento de costes del MLE y con los posteriores CTCs. O sea, que cuando al resto nos llueve agua a ellas les llueven euros.
En definitiva, hasta el año 1.997 a estas tecnologías de generación eléctrica se les reconocía un coste, el que fuese, con sus rentabilidades, pero en definitiva, tras ese coste había, vamos a decir, una lógica de mercado: tanto cuesta producir algo, tanto es su precio de venta. Por emplear cifras muy aproximadas para las “electricidades baratas”, 3 € por cada MWh para la hidráulica -1 MWh son 1.000 kWh, y 1 kWh es el consumo eléctrico de 10 bombillas de 100 W, ahora fuera del mercado, durante 1 hora- y 20 €/MWh para la nuclear.
La entrada en el mercado libre, más bien liberalizado y sólo para la generación, supuso un cambio en las reglas del juego, desde entoces las tecnologías ya no son retribuidas según su coste –sería muy osado decir reconocido-, sino que acuden a la "plaza pública" –el mercado eléctrico- y ofertan cantidades de electricidad cada una con su precio. Por el lado de la demanda, y por simplificar, los consumidores informan de que van a necesitar cierta cantidad de electricidad y van a estar dispuestos a pagar cierto precio. Hasta aquí la cosa no parece tan ilógica, es lo que se hace en otros mercados, oferta y demanda pura y dura –que no quiere decir que el que escribe esté de acuerdo-. Cada ofertante recibiría la retribución en función de su precio ofertado siempre que haya algún demandante que esté dispuesto a pagarlo. Esto terminaría –según los gurús del libre mercado- por colocar a cada uno en su sitio y con su precio, y, en conjunto, el libre mercado funcionaría y se alcanzarían precios más bajos –competitivos, por seguir con la terminología adecuada-.
Pues no, la cosa no funciona así, resulta que el precio final con el que se retribuye a todas, insisto, a todas indistintamente, las tecnologías que terminar por entrar –a producir- es el de las más caras de todas ellas. Ni a la hidráulica se le retribuye a 3, ni a la nuclear a 20, o a 4 y 22 si somos benevolentes como de costumbre, sino que a ambas y al resto se les retribuye a 50 €/MWh. Dicho de forma clara y sencilla, la hidráulica hasta el 97 cobraría 3, bueno, venga, 4, pero es que ahora está cobrando 50, una sobrerretribución de 46. Y la nuclear tres cuartos de lo mismo, una sobrerretribución de 27 €/MWh. Estas sobrerretribuciones se conocen en la jerga energética como windfall profits, o, su traducción al castellano, más descriptiva, beneficios caídos del cielo, así porque sí, porque es lo legalmente establecido.
¿Qué les parece? Al “rodillo democrático” no le debe parecer muy mal, recordar que se opuso a su investigación. Me permito, carcajada desproporcionada mediante, ¡cómo si hubiese algo que investigar! Aceptar la auditoría energética, supone aceptar este robo a los consumidores, perdón, trasvase de capitales a -pocas- manos privadas por otro MLE, otro mecanismo legal y estable.
Mientras la desproporcionada carcajada sigue, un interrogante golpea con fuerza, ¿cómo es posible que, con semejantes beneficios, se esté hablando de que existe déficit de tarifa? “Me alegro de que se me haga esa pregunta”, jajaja, interminable la carcajada.
No se va a esconder la cabeza cual zancuda, ahí hay cuestiones que abordar, sobre todo porque está sirviendo para cargarse uno de los sectores más pujantes de los últimos años, aparte del ladrillo -pero éste afortunadamente ya es historia-, el de las energías renovables. Los temas relacionados con las primas a las renovables son importantes, pero también lo son otros, como los pagos por capacidad y las eternas ayudas del carbón. En todo caso se posponen para una entrega posterior, en ésta el asunto a tratar es el de los beneficios caídos del cielo.
Siguiendo, pues, con el análisis de cómo es posible de que unas empresas que por un lado están con sobrerretribuciones escandalosas por otro estén reclamando que han entrado en déficit. Pues la respuesta es clara. Resulta que aunque al común de los consumidores no se lo parezca, las empresas son distintas. Pues sí, aunque bien nos pudiera parecer que Endesa, por citar a la más cercana en nuestras tierras, es única, ciertamente no lo es. Bajo la marca comercial Endesa, esa sí, con su imagen corporativa única y demás, se esconden distintas Endesas: la Endesa que se dedica a la generación, la que se dedica a la comercialización en el mercado y la que comercializa la ya extinta tarifa último recurso, la propietaria de las redes de distribución y alguna más como la Endesa chilena, de la cual se hablará en la próxima entrega. Pues sí, esto es parte del "atado y bien atado" que se citaba al principio. La Ley eléctrica del 97 separó las actividades y, por tanto, las empresas que podían operar en ellas. Endesa se reconvirtió en "Endesa e hijos", y cada uno de los hijos opera –por imposición legal- en un ámbito distinto. Y mientras en la generación se baña en champagne con infames sobrerretribuciones en instalaciones que ya están amortizadas, por no decir que el contribuyente las ha amortizado, la que opera en el mercado regulado –recordar que no todo está liberalizado- y recibe su retribución a través de la parte fija del recibo –ATR, Acceso de Terceros a Redes- dice estar en déficit y achacar esta situación a las renovables. Y quien habla de Endesa habla del resto. En definitiva, que han dividido las empresas y ha dinamitado los posibles vasos comunicantes que permitieran cierta compensación, en caso de que tuviera que haberla; los vasos comunicantes son los consumidores -¡cómo no!-.
La carcajada se ha convertido ya en insoportable, del “dame pan y dime tonto” el consumidor está en el “te digo tonto” directamente y encima sin pan, o por lo menos sin el verdadero pan –los gloriosas gestas de “la roja” alimentan el espíritu pero no el cuerpo-. Finalizando el artículo y a modo de conclusión, que no la carcajada, el pan se nos lo están llevando, son sus "amortizaciones razonables".
En el citado artículo de Barrero aparece más trabajado el asunto de la “amortización razonable” que el Ministerio de Industria con muy buena intención desea -para las energías renovables- y su autor aporta cifras sobre los beneficios caídos del cielo. No es intención repetir su artículo y dirígase a él el lector que quiera conocer cifras, el presente tenía la intención de situar las cuestiones fundamentales de cara a que sirvan para el debate; debate, insisto, que el “rodillo democrático", insiste en no abordar.
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Próximas entregas:
- Las puertas giratorias: el oligopolio energético mano a mano con los partidos mayoritarios
- La tarifa eléctrica, el déficit y otras cuestiones ¿menores?
Información complementaria:
- Plataforma por un nuevo modelo energético
- #Oligopoly2. El imperio eléctrico contra todxs [Documental]
- Trescientos diputados paralizan la auditoría energética
- Texto íntegro de la moción de los 23
- La solución del déficit de tarifa, llovida del cielo
Luis Lorente, miembro del grupo local de Uesca de Som Energia | Para AraInfo




