Demasiado pobre para un alquiler “asequible”

06 noviembre, 2026. 11:00

Algunos vecinos y vecinas han empezado el día pendientes de las condiciones para acceder a las 151 nuevas viviendas de alquiler asequible en Las Fuentes y Montemolín, que el Gobierno de Natalia Chueca presenta como otro gran éxito de su política de vivienda.

Pero la ilusión de encontrar por fin un alquiler que puedan pagar se ha convertido, para muchos, en frustración al conocer los requisitos económicos.

Las dudas y el malestar han llegado al grupo municipal de Zaragoza en Común. Entre tantos mensajes, quiero compartir una conversación con Víctor. Porque habla de algo mucho más profundo que estas 151 viviendas.

-Es de risa, Elena -me dice Víctor-. Yo cobraba unos 1.800 euros al mes y ya me presenté a un sorteo anterior. Con ese sueldo apenas me daba para optar a los pisos de 55 o 60 metros. Ahora voy a pasar a trabajar de operario, voy a cobrar menos, y estoy mirando esta promoción nueva. Y las cuentas no salen. Pero me presentaré igual, porque lo que hay en el mercado es una miseria.

-Es increíble que alguien que trabaja para el Ayuntamiento tenga tantas dificultades para acceder a las viviendas que promueve su propio Ayuntamiento.

-Ya, pero yo todavía soy casi un privilegiado. Tengo un trabajo estable y una nómina todos los meses. Hay gente que trabaja cuarenta horas a la semana y vive en una habitación o compartiendo piso porque no puede pagar otra cosa. Gente de treinta, cuarenta o cincuenta años que no puede tener una vida independiente. Y luego nos vienen con lo del esfuerzo y con que trabajando se consigue todo.

-Miras las condiciones de esta promoción y lo entiendes. De las 151 viviendas, 128 exigen ingresos superiores a 24.000 euros netos al año. Para un piso de dos dormitorios tienes que acreditar, según cuál, entre 24.190 y 26.524 euros netos. Y en casi todos te obligan a pagar garaje, aunque no tengas coche. ¿Y una limpiadora que cobra 1.300 euros? ¿O una cuidadora que gana 1.400? ¿Qué vivienda asequible les ofrece el Ayuntamiento?

-Si es que es justo al revés de lo que tendría que ser. Si cobras poco y no llegas a los alquileres del mercado, se supone que la vivienda pública está para ayudarte. No para decirte que no ganas bastante. Parece que para entrar en una vivienda asequible primero tienes que demostrar que te la puedes permitir.

-Fíjate en lo que me contaba otra persona que también había mirado las bases del sorteo. Tiene una enfermedad, le falta una pierna y vive con unos ingresos mínimos. En algunos pisos le pedían ganar al menos 25.000 euros al año. Y los del paseo Vicente Cazcarra tenían alquileres de 665, 700 y hasta más de 800 euros. Para ella, impensables. Como mucho, y con muchísimas dificultades, podría intentar uno de los dos pisos de unos 540 euros. Y eso si cumpliera los requisitos.

-Ahí lo tienes. Una persona con necesidades especiales y unos ingresos mínimos que necesita una casa se encuentra con esas barreras. Y no son casos raros. Es gente a la que el mercado ya ha dejado fuera. Si tampoco encuentran salida en estas viviendas, ¿adónde van?

-Y hay más. Estas viviendas se levantan sobre suelo de Zaragoza Vivienda, que es de toda la ciudad, y cuentan con financiación pública europea. Pero el Ayuntamiento cede ese suelo durante décadas a una empresa privada, que construye, gestiona y cobra los alquileres. Las propias bases reconocen que el procedimiento de adjudicación lo ha fijado unilateralmente la promotora. Ese es el modelo de Chueca.

-O sea, que ponemos el suelo y parte del dinero, y quien tiene un sueldo bajo se queda fuera. Y ojo, que no digo que una familia que cobra 2.500 euros no necesite un alquiler más barato. Claro que lo necesita. Pero no podemos ponernos a pelear los que ganamos 1.500 con los que ganan 2.000. El problema es que todos vivimos de nuestro trabajo, que cada vez nos cuesta más pagar una casa, y que mientras tanto hay otros que viven de las rentas.

-Exacto. Y mientras, el PP también vende suelo público para hacer vivienda libre. En vez de aprovechar ese patrimonio para ampliar el parque público de alquiler, sigue poniendo a las empresas privadas en el centro. Y luego tenemos que oírles decir que Zaragoza en Común no hizo vivienda asequible.

-¿Y qué hizo Zaragoza en Común cuando gobernaba?

-Cuando se llegó al Ayuntamiento, en 2015, había 1.535 viviendas municipales de alquiler social. A principios de 2019 había 2.224: 689 más, casi un 45 %. ¿Que no era suficiente? Claro que no. Pero se tenía claro que la vivienda pública debía atender sobre todo a quien no puede entrar en el mercado, no convertirse en otro filtro económico que deje fuera a quien menos tiene.

-Pues esa es la diferencia. Esto no se arregla solo construyendo más pisos si luego la gente que trabaja no los puede pagar. Ni diciéndonos que ahorremos más. ¿Cómo va a ahorrar alguien que se deja medio sueldo en el alquiler? ¿Cómo va a independizarse quien encadena un contrato precario detrás de otro? Estamos aceptando como normal algo que no lo es.

-Y va mucho más allá de pagar una casa. Hay mujeres que no pueden separarse porque sus salarios no les permiten mantener una vivienda. Mujeres que sufren violencia machista y no pueden abandonar a su agresor porque no tienen adónde ir con sus hijos. Familias que tienen que marcharse de su barrio. Personas mayores con miedo a perder su casa. La vivienda también determina nuestra libertad. Por eso no se puede tratar solo como un negocio.

-Y siempre somos nosotros los que nos tenemos que adaptar. ¿Que no te llega el sueldo? Busca otro trabajo. ¿Que no puedes pagar un piso? Comparte habitación. ¿Que no puedes independizarte? Espera. ¿Que no ahorras? Recorta. Pero nadie se pregunta por qué los alquileres son imposibles o por qué no nos llegan los sueldos.

-Porque hemos permitido que la vivienda se convierta en una forma de hacer dinero a costa de una necesidad básica. Y eso exige políticas públicas: más vivienda social gestionada directamente, alquileres ligados a los ingresos, protección del suelo público y medidas para contener los precios. Pero también mejores salarios, servicios públicos y derechos laborales.

-Y organización, Elena. Porque hay algo que me preocupa tanto como lo que cuesta la vivienda: nos estamos acostumbrando a perder derechos sin rechistar. Nos suben el alquiler, nos empeoran las condiciones en el trabajo, cada vez cuesta más vivir, y cada uno intenta apañárselas por su cuenta. Pero esto no cambia porque a mí me toque un sorteo. Si me toca un piso, seguirá habiendo gente que vive en una habitación, cobra sueldos de miseria o ni siquiera se puede presentar.

-Por eso la lucha por la vivienda no se puede separar de la de los salarios, las pensiones, la educación, la sanidad o los cuidados. Es todo lo mismo: poder vivir dignamente de nuestro trabajo.

-Y por eso es tan importante la huelga general del 11 de noviembre. Los derechos no nos los ha regalado nadie. Se consiguieron porque hubo gente que se organizó y peleó. No podemos resignarnos a trabajar toda la vida para pagarle el alquiler a otro mientras nuestra vida se reduce a llegar a fin de mes.

-Una ciudad que no deja vivir a quienes la hacen funcionar cada día tiene un problema mucho más gordo que la falta de vivienda.

-Exacto. Yo me voy a presentar al sorteo porque necesito una casa. Pero no quiero que lo mío se arregle a costa de olvidarnos de los demás. No quiero tener que sentirme afortunado por poder pagar un alquiler después de currar toda la semana. Quiero que tener una casa y una vida digna deje de ser una cuestión de suerte.

Y tiene razón. No queremos dedicar nuestra vida a trabajar para sobrevivir. Queremos que vivir dignamente deje de ser un privilegio. Por eso, el 11 de noviembre, todas a la huelga general.

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