La sonrisa de Chueca y el silencio de los demás

12 octubre, 2026. 09:39

Natalia Chueca tiene una sonrisa permanente. La luce en las fotografías, en los actos institucionales y en cada aparición pública. Pero detrás de esa sonrisa empieza a resultar demasiado habitual una forma de ejercer el poder que confunde gobernar una ciudad con decidir quién tiene derecho a hablar en ella.

Lo ocurrido este sábado, coincidiendo con el inicio de las Fiestas del Pilar, es un buen ejemplo.

Antes de la entrega de las distinciones de la ciudad, uno de los actos más solemnes de nuestro Ayuntamiento, la alcaldesa llamó personalmente a las portavoces de los grupos municipales para pedirnos que no solicitásemos un minuto de silencio por Maricarmen. Una mujer de 87 años que murió después de ser desahuciada de la vivienda en la que había pasado prácticamente toda su vida y cuya historia ha provocado una movilización social extraordinaria en defensa del derecho a la vivienda.

La justificación era que debíamos respetar la solemnidad del acto y evitar las reivindicaciones políticas.

Resulta difícil imaginar algo más solemne que guardar un minuto de silencio por una mujer que ha muerto sin poder regresar a su casa.

Pero, unas horas después, desde el balcón del Ayuntamiento, la propia Chueca decidió introducir su mensaje político en el pregón, con sus vivas a Ceuta y a España. De Aragón, por cierto, ni se acordó.

Y no, el problema no es mostrar solidaridad con Ceuta. El problema es que, para nuestra alcaldesa, mostrar solidaridad con Maricarmen parece ser una reivindicación política inapropiada, mientras que utilizar el pregón para trasladar sus propias posiciones políticas resulta perfectamente aceptable.

Quizá no sea casualidad que días antes calificase las movilizaciones por la vivienda como una bomba de humo para no hablar de Ceuta.

La cuestión no es si se puede hacer política durante las fiestas. La cuestión es quién tiene permiso para hacerla.

Y si hablamos del pregón, hay otro episodio que no debería pasar desapercibido. La sección sindical de CGT en el Ayuntamiento denunció públicamente que la consulta prometida a la plantilla de Bomberos nunca se realizó y que tampoco se había preparado un pregón libre y consensuado.

Nuestros bomberos merecían el reconocimiento de la ciudad, por supuesto. Pero también merecían poder participar libremente en él. Los trabajadores públicos tienen voz propia, incluso cuando esa voz resulta incómoda para quienes gobiernan.

Volvamos al acto de entrega de distinciones. Allí pude observar a Natalia Chueca escuchando con enorme atención la intervención de Amado Franco, presidente de la Fundación Ibercaja, distinguida junto a Ibercaja Banco con la Medalla de Oro de Zaragoza.

Y pensé que ojalá mostrase ese mismo interés cuando interviene la ciudadanía en los plenos municipales.

No recuerdo haberla visto prestar semejante atención a quienes acuden al Ayuntamiento para denunciar sus problemas, reclamar sus derechos o cuestionar las decisiones del Gobierno.

Aunque, bien pensado, quizá no debería sorprenderme tanta atención hacia los representantes del poder económico. En su intervención, la propia alcaldesa recordó a José Luis Martínez Candial, presidente de Ibercaja entre 1987 y 1995, fallecido el pasado 1 de octubre, de quien habló con la cercanía de alguien a quien consideraba parte de su familia.

Y no hay nada que reprochar a los afectos personales. Lo preocupante es que esa cercanía con quienes han ocupado los grandes despachos contraste tanto con la distancia que mantiene frente a quienes acuden al Ayuntamiento a reclamar soluciones.

Porque escuchar a los poderosos parece resultarle mucho más sencillo que escuchar a quienes cuestionan su gestión.

De hecho, su discurso de elogio a Ibercaja alcanzó tales niveles de complacencia que por momentos parecía más el homenaje privado de una admiradora que la intervención institucional de una alcaldesa. Una cosa es reconocer la trayectoria de una entidad y otra muy distinta convertir ese reconocimiento en un ejercicio de reverencia ante el poder económico.

Y es que una alcaldesa no está para gobernar solamente para quienes siente como parte de su familia. Está para representar también a quienes nunca tendrán acceso a esos círculos, a quienes no ocupan los grandes despachos y a quienes solo disponen de su voz para reclamar derechos.

Porque esta forma de entender la política no se limita a los actos solemnes. Ahí están también las redes sociales del Partido Popular en el Ayuntamiento de Zaragoza, burlándose de las personas que protestan por la reforma de la plaza de San Miguel. «4 gatos», escribieron. Y, por si no fuera suficiente, añadieron referencias despectivas a «los de siempre de Torrero».

¿Desde cuándo un partido que gobierna una ciudad se permite despreciar públicamente a sus vecinos por protestar?

Los vecinos de Torrero, los de San Miguel y los de cualquier barrio de Zaragoza tienen exactamente el mismo derecho a ser escuchados que el presidente de una entidad financiera. Aunque protesten, aunque se organicen y aunque no aplaudan a la alcaldesa.

A veces da la impresión de que Chueca quisiera una Zaragoza de escaparate: bonita para las fotografías, obediente durante los discursos y silenciosa cuando llegan las reivindicaciones.

Una ciudad donde el poder sonríe mientras decide quién puede hablar, qué puede decir y cuándo debe callarse.

Pero Zaragoza no es un decorado. Y mucho menos una propiedad particular.

Las instituciones no están para proteger a quienes gobiernan de las críticas, sino para garantizar que todas las personas, especialmente las que menos poder tienen, puedan hacerse escuchar.

Quizá haya llegado el momento de poner límites a esa soberbia institucional. De recordar que la alcaldesa ocupa temporalmente un cargo que pertenece a toda la ciudadanía. Que el Ayuntamiento no es suyo, que el balcón no es suyo y que las fiestas tampoco son suyas.

Y que ninguna sonrisa, por permanente que sea, puede sustituir al respeto democrático.

Hoy, Día del Pilar, quiero reivindicar precisamente esa otra Zaragoza. La que se organiza, la que protesta, la que defiende sus barrios, la que lucha por la vivienda, por los servicios públicos y por los derechos de la clase trabajadora.

La Zaragoza que no pide permiso para defender lo que es justo.

Feliz Día del Pilar.

¡Viva Zaragoza!

¡Entalto Aragón!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

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