El lugar de lo inesperado

06 octubre, 2026. 10:09

No sabía muy bien cómo titular este artículo. “La Historia, el lugar de lo inesperado” me parecía excesivamente pretencioso para lo que quiero exponer. Sustituir Historia por sociedad o política le quitaba alguno de los matices que pretendo plantear. Así que he decidido quedarme con aquello que me parecía la idea central, la importancia de lo inesperado en el flujo del acontecer humano. No, no se preocupen, no me voy a poner metafísico; aunque profesor de Filosofía, la metafísica no es lo mío. Quiero reflexionar sobre cosas de aquí y ahora, muy de aquí, muy de ahora.

El pasado miércoles se leía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza una magnífica tesis, redactada por Bea Gavete, sobre el 15M. Sobre un momento, como recordamos, en el que las tiendas de campaña florecieron en las plazas de media España y, como le repito a mi alumnado de 1º de Filosofía, de manera tan insistente al parecer que ya han hecho de ello una broma, “salimos a la calle sin saber muy bien por qué”. Nadie de quienes estábamos en esa sala para la lectura de la tesis podríamos haber podido pensar unos días antes que otras acampadas volvieran a dominar el panorama político del país. Ni el 15M, ni las movilizaciones actuales por la vivienda, con toda la carga de esperanza que ambas movilizaciones implican, estaban en nuestro horizonte en los días anteriores a que se produjeran. La Historia nos cogió desprevenidos y tuvimos, a toda prisa, que amoldarnos al Acontecimiento, a lo que sucedía, para poder orientarlo hacia donde mejor nos pareciera a unos y otras. Pasados quince años del 15M pocas dudas pueden quedar de que no supimos estar a la altura de las circunstancias, que el Acontecimiento nos pasó por encima y que el malestar que lo produjo se estancó y comenzó a pudrirse en la ciénaga de la extrema derecha.

Pero no es eso lo que me interesa subrayar, sino el carácter inesperado de lo que muchas veces sucede en la Historia. He de confesar que una de las afirmaciones que más estupor me han producido en mi vida fue la que profirió un entonces desconocido Juan Carlos Monedero que, en la presentación por mi parte de uno de sus libros en Cálamo, afirmó, sin rubor alguno, que los buenos politólogos, es decir, él, habían previsto el 15M. Rubor, el mío, aparte, nada más lejos de la realidad. Dicho movimiento puso de manifiesto que, lejos de quienes consideran que la historia está escrita, que avanza inexorable en una cierta dirección, lo inesperado se filtra en ella mucho más a menudo de lo que pensamos.

Lo acabamos de ver. El desahucio de una anciana desemboca, nada menos, que en una convocatoria electoral que se había negado por activa y por pasiva. Efecto mariposa e impredecibilidad de la historia, dos en uno. Un país que estaba agendado por el manual de odio de la extrema derecha, se encuentra de repente ante la posibilidad de una huelga general contra las políticas de vivienda y con una izquierda en plena efervescencia de movilización.

Tras lo dicho, una conclusión. Vivimos, hace tiempo, sumidos en el pesimismo, en la desolación, ante un futuro político que parecía escrito: el triunfo de la extrema derecha. El derrotismo viene cundiendo en la izquierda desde años atrás. Sin embargo, cada vez que hay ocasión, esa izquierda que parece desaparecida, al borde del colapso, muestra una potencia que nadie hubiera esperado. Lo vimos en la movilización del profesorado valenciano, sostenida durante un mes, a pesar de una enorme pérdida salarial. Pero dieron un ejemplo de tesón y dignidad al país. Lo vemos, ahora, con la movilización sobre la vivienda. Es decir, que ahí seguimos, a pesar de las retóricas derrotistas que, de manera claramente interesada, nos bombardean desde medios de comunicación casualmente empeñados en nuestra derrota.

Vienen unas elecciones. Y a pesar de lo que insisten en decirnos desde tiempo atrás, la suerte no está echada, en absoluto, por muchas encuestas que nos muestren. Unas encuestas, deberíamos saberlo hace tiempo, que no se publican para describir lo que la gente piensa, sino para hacerla pensar correctamente y actuar como esas encuestas prescriben. Un consejo, nunca crean la información del enemigo. Y los tenemos a cientos.

Nos toca el esfuerzo de presentarnos a las elecciones en las mejores condiciones posibles. Hay que rentabilizar cada voto. Y aquí hay que apelar a la inteligencia y generosidad de las fuerzas políticas. A estas alturas, hablar de esa inteligencia y generosidad, lo sé, puede sonar a ingenuidad. No soy ingenuo, en absoluto, pero espero que, alguna vez, esa inteligencia y generosidad afloren. Y que si perdemos no sea porque nos empeñamos en meternos goles en propia puerta.

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