El consulado y el Walmart: propaganda ‘made in America’ de una obra monumental

El nuevo consulado de EEUU en Guadalajara, que atenderá 2.400 solicitudes de visa temporal diariamente, está junto al Walmart: el negocio más grande del mundo que explota a sus trabajadores migrantes con la visa que les ‘concede’ el consulado

14 septiembre, 2026. 12:40
Foto: Toby Miller

El nuevo consulado de EEUU en Guadalajara abrió en agosto de 2024, con un costo de 191 millones de dólares. Ya es famoso: una obra arquitectónica reconocida mundialmente, de cristal, blanca, inmensa y diseñada con un enfoque medioambiental y con un ojo putativo hacia la cultura local. Según funcionarios del Departamento de Estado, “los paisajes de plantas nativas, la generación de energía solar, la gestión de aguas residuales, la reutilización de aguas pluviales y los accesorios de bajo consumo de agua reducen significativamente la huella de carbono de las instalaciones y contribuyen a la preservación del ecosistema”, incluyendo el uso de palapas.

Al mismo tiempo, sostienen que el consulado encarna “una comprensión de la diversidad, riqueza e interconexión del patrimonio cultural estadounidense, mexicano y mexicoamericano”. Revistas de arquitectura lo celebran como un “complejo que enfatiza la seguridad mientras se integra con el exuberante entorno natural” que incluso “parece un resort de lujo”. Por estas bondades ha recibido el Honor Award for Architecture del American Institute of Architects.

La mayor parte del trabajo cotidiano en el consulado consiste en tramitar solicitudes de visas temporales a “clientes” de toda Centroamérica y México. Se calcula que atenderá a 2.400 visitantes diarios durante esta década. La carga de trabajo ya es alta y hay que esperar meses para conseguir una cita, o bien viajar a sus homólogos en ciudades como Oaxaca o San Miguel de Allende.

La revista del Departamento de Estado asegura que la construcción “ha generado beneficios tangibles, creando oportunidades de empleo, impulsando la producción local y la adquisición de bienes y servicios, estimulando el patrocinio empresarial y mejorando la infraestructura adyacente”. En conclusión, se trata de “una importante representación física del compromiso a largo plazo con la relación entre Estados Unidos y México y una presencia permanente en la región”. Tal vez.

Foto: Toby Miller

El lado corporativo del imperio

A la vuelta de este monumento a la beneficencia gringa encontramos un Walmart donde centroamericanos y mexicanos trabajan, consumen o se refugian bajo los árboles del espacio público frente al hipermercado, buscando un poco de sombra mientras esperan sus audiencias con los representantes de Gringolandia.

El simbolismo de estos edificios tapatíos —en realidad, gringos— ocupando ambos lados de la Avenida Aztecas es muy potente. A un lado, oficinas donde solicitantes buscan legitimidad para entrar a territorios que fueron de México (Califaztlán, Tejas, etc.) para servir a los güeros. Al otro, una multinacional que explota a trabajadores autóctonos y vende productos a precios que debilitan los negocios locales. En medio, el nombre del pueblo indígena conquistado por el primer gran imperio colonial.

La ironía geográfica es imposible de ignorar. ¿O es sarcasmo?

Los mexicanos conocen la complicada historia de migración y comercio formal e informal entre EEUU y México: el mal llamado Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de 1994 —que arruinó el campo y contribuyó de manera crucial a que se triplicase el número de migrantes mexicanos en EEUU en dos décadas—, las políticas migratorias despiadadas de las administraciones Obama y Biden, y el horror migratorio y comercial de Trump. Todos conocen la crueldad estadounidense. El New York Times hace referencia a “lo que mucha gente en México considera un acoso por parte de un líder estadounidense”. No me digas.

El horrible Cártel Jalisco Nueva Generación fue declarado terrorista por Trump. Una absurdidad, pero en la lógica retorcida del imperio, una justificación para invasiones, ataques, etc. Hay xenofobia y estupidez —dada la dependencia de la economía estadounidense de las contribuciones de migrantes con y sin papeles, y el daño a su reputación internacional—. Pero, sobre todo, hay peligro: de los estertores de un imperio en decadencia aún brota el ejército más poderoso del mundo, junto con el apoyo de la mitad más sanguinaria de su población.

Todos conocen también la historia complicada de Walmart: el negocio más grande del mundo que explota a sus trabajadores y participó en un enorme escándalo implicando sobornos en Teotihuacán hace más de 20 años para abrir una sucursal junto a un símbolo clave de la cultura precolombina y su resistencia contra siglos de colonialismo y neocolonialismo.

En muchas regiones de México, Walmart ha demostrado ser un “corruptor agresivo y creativo, que ofrece grandes sobornos para obtener lo que la ley de otro modo prohibiría”. Los ciudadanos son la verdadera mordida, la moneda de cambio, los que pierden su futuro. Walmart también sobornó a funcionarios para obtener permisos en China, Brasil e India. En EEUU pagó 282 millones de dólares en multas. Le compensa.

Foto: Toby Miller

Vigilantes y vigilados

Toby Miller vive en la misma avenida: Aztecas/consulado/Walmart. Camina a menudo cerca de la gente que espera y espera, en todos los sentidos. Hay discapacitados, ancianos, jóvenes, diversidad. Seres humanos.

Miller mira al castillo de cristal, pero no puede ver nada del interior. No ve marines ni burócratas, solo fuerzas de seguridad racializadas que patrullan armadas alrededor. Los gringos son invisibles; igual que en Walmart. Puede entrar para gastar en la sucursal, ese monumento, símbolo del gran capital, contra las fruterías, el pequeño comercio y la agricultura local. Pero en el consulado solo puede ver cristales y blancura.

El Departamento de Estado dice que la relación bilateral se basa “en los principios de reciprocidad, respeto a la soberanía y la integridad territorial, así como la confianza mutua”. ¿Qué significan estas frases de diplomacia pública? Según anunció en septiembre de 2025, “la expansión en México del uso de eTrace y la tecnología de imágenes balísticas en los 32 estados mexicanos, el avance de las plataformas de intercambio de información y el aumento de las investigaciones y los procesamientos bilaterales”. El gobierno mexicano es cómplice de esa vigilancia sobre su ciudadanía.

En los pocos pasos que separan el consulado del Walmart reside una clave de la relación México-EEUU. De un lado, la retórica infantil y mentirosa de la diplomacia, del otro, la realidad de los intereses corporativos, sostenidos por los mismos trabajadores y consumidores cuya existencia se juzga al otro lado de la Avenida Aztecas.

Las palapas no protegen a centroamericanos ni a mexicanos del sol mientras esperan entrar. Las ametralladoras no los protegen de las otras ametralladoras. Las frases de Marco Rubio y su jefe no los protegen de nada, más bien, su histeria expone a México y sus vecinos a violencia estatal.

¿Y Walmart? Ofrece esto: “A partir del 15 de agosto de 2025, por disposición oficial, se actualizan las tarifas de importación en envíos internacionales”, como consecuencia de los aranceles de EEUU, otra arma en la lucha contra México por parte del mismo gobierno que construyó el consulado y alimenta el hiper. Los residentes que habitaban el barrio antes de la llegada de Gringolandia sufren la gentrificación de lo que los inmobiliarios anuncian como una “ubicación privilegiada”.

Foto: Toby Miller

“Amar sin sentir”

El consulado proclama que la relación bilateral “se hace cada día más fuerte y compleja”. Palabras suaves, dulces, que no significan nada frente a las políticas viciosas de la Casa Blanca.

El racismo fundacional del imperio pasea visiblemente por aquí, cruzando la calle entre su oficina y su corporación, usando tierra tapatía como índice de su decadencia y crueldad. Y de su ignorancia anticientífica: los trumpistas han exigido que los administradores de edificios diplomáticos y gubernamentales borren las palabras “clima” y “sostenibilidad” de su propaganda. Sí, patrón. Sí, mi jefe. Me gusta cumplir. Lo que quieras, claro.

El arquitecto del consulado dice sobre sus obras: “Por un lado, debe representar a Estados Unidos y la democracia, y por otro, intentas fomentar la diplomacia. Debe ser respetuosa con el país anfitrión, debe ser acogedora, pero también segura y resiliente”. En Avenida Aztecas, la ciudadanía gringa, como Toby, es atendida en el primer piso; el “otro”, solo en el segundo.

Walmart México se anuncia como “la empresa minorista más grande de México, con más de 3,000 tiendas”. Está “evolucionando de tiendas físicas a una empresa omnicanal” con “el propósito de ayudar a las personas a ahorrar dinero y vivir mejor”. Muy comprometido.

Otra interpretación: “El mejor ejemplo de conducta postcolonialista es la invasión de Walmart en México, sus sueldos bajos y sus prácticas sofocantes impiden que el país pueda lograr un crecimiento autoestimulado. La mayoría de las ganancias sigue una vía unidireccional hacia Estados Unidos, manteniendo la asimetría entre los países limítrofes”. La apertura de Walmart Supercenters en los últimos 50 años ha estimulado un aumento del 16% en la pobreza, principalmente entre jóvenes y personas con menor nivel educativo. Neocolonialismo en carne viva.

Foto: Toby Miller

Cerca del consulado está la escultura ‘LOVE’. Obra original de Robert Indiana (1964), llegó a convertirse en un símbolo internacional, en parte por su aparición en la portada del libro Love Story. La pieza nos trae a la memoria la célebre frase de la película: “amar significa nunca tener que decir que lo sientes”.

Claro que Estados Unidos ama mucho a México, porque nunca puede disculparse. Ni por error. La mágica herencia de Teotihuacán no ganó premios de arquitectura. No ofreció precios bajos.

El consulado sí ganó un premio. Tiene amor por fuera. Tiene retórica diplomática detrás. Es una fachada del régimen formalmente democrático más brutal que se recuerda.

Walmart tiene trabajadores. Tiene clientes. Domina un mini-centro comercial. Es capital empresarial estadounidense. Amar significa nunca tener que decir que lo sientes.

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