Soy bombero forestal y trabajo en el operativo de incendios forestales de Aragón en SARGA. Cada verano nos llaman héroes mientras Aragón arde, pero en invierno se olvidan de nosotros porque la precariedad no es estacional.
Trabajamos en lo que nos gusta: gestionar el monte para prevenir y apagar incendios para proteger pueblos, campos y vidas. Pero detrás del titular bonito, nuestra categoría sigue sin reconocerse, ya que el Gobierno de Aragón y los medios nos siguen llamando "trabajadores forestales", "cuadrillas", "operarios". Somos bomberos forestales. Nos merecemos que nos llamen por nuestro nombre.
En cuanto a nuestras condiciones económicas, contamos con unos salarios cercanos al SMI (lejos de los 2.000 euros que se dice), con la categoría profesional más baja de la Administración y con pluses como, por ejemplo, el de incendio, que no superan los 6 € diarios. ¿Es esto lo que valen nuestras vidas?
En cuanto a nuestros contratos, estos no son al 100 %. Todas las horas extras, nocturnas, localización de 24 h, festivos y coberturas de bajas van a una bolsa, y solo cuando se cubre esta empezamos a cobrarlas. Hasta entonces, todo es gratis.
Nuestra seguridad también está en riesgo. La suma del trabajo en extinción más los desplazamientos lleva a jornadas maratonianas que superan en ocasiones las 24 horas. Los descansos entre jornadas tampoco se respetan, haciendo que la peligrosidad en nuestro trabajo se duplique.
Todo esto demuestra una falta notable de personal y de medios. Contamos con brigadas incompletas, autobombas rotas, operativos desbordados. Falta personal para la extinción de incendios...
A esto se le suman medios indignos. Muchas brigadas no tienen base. Vamos a almacenes prestados, cocheras o dejamos el coche del retén en la calle. Sin baño, sin zona de descontaminación tras un incendio. Llegas a casa lleno de toxicidad. Sin lavadoras: llevamos los EPIs con contaminantes cancerígenos a lavar a casa.
Llevamos 20 años abandonados por todos los gobiernos con independencia de su color. Muchos de nuestros compañeros y compañeras se plantean irse porque no llegan a fin de mes ni pueden conciliar. No pedimos ser héroes. Pedimos condiciones dignas.
Necesitamos salarios justos, contratos al 100 %, bases adecuadas, EPIs descontaminados, formación real y descanso. Basta de promesas. Queremos soluciones, porque la vocación no paga salarios.





