Hacer malabares para una intervención ginecológica

14 mayo, 2025. 11:13

Hay experiencias hospitalarias que, en lugar de cuidarte, te devuelven a tiempos que uno pensaba superados. Como ciudadana de Zaragoza, quiero compartir —y denunciar— una situación que no es un caso aislado, sino un síntoma más del desmantelamiento progresivo de la sanidad pública.

Imaginemos: necesitas una operación ginecológica. Te programan en el Hospital Provincial de Zaragoza, ese edificio con solera que parece más un decorado de serie de época que un centro quirúrgico del siglo XXI. Pero no hay problema, te dicen, “todo está controlado”. Hasta que te informan de que cinco días antes debes acudir… a otro hospital, el Royo Villanova, a que te coloquen un catéter. ¿El motivo? El Provincial no tiene ni personal ni material quirúrgico especializado en urología. ¿El resultado? Un paseíllo surrealista entre hospitales, con tu salud en juego y tu tiempo —ese que vale oro cuando te van a operar— despreciado.

¿Por qué? Porque el Provincial, aunque tenga quirófanos y ginecología, carece de urólogos. Porque los servicios están parcelados, porque hay tensiones profesionales entre especialidades que han desembocado en una separación digna de novela. Urología, sencillamente, no pisa el Provincial. Literal. Como si los pacientes fueran peones de un tablero administrativo sin lógica clínica.

Esto no es eficiencia. No es coordinación. Es una chapuza institucional que pone en evidencia algo más grave: el deterioro consciente de lo público. Porque sí, el Hospital Provincial sigue en pie, pero apenas se mantiene por una mezcla de romanticismo institucional y voluntad simbólica. Una fachada con historia que alberga servicios desmembrados, recursos escasos y decisiones absurdas.

Mientras tanto, la paciente —cualquier paciente— debe recorrer hospitales como quien hace el Camino de Santiago, pero sin sentido espiritual, sin conchas y con más papeleo.

Lo que estamos viviendo es una forma sutil, casi elegante, de vaciar la sanidad pública. No se hace con recortes frontales. Se hace así: dejando quirófanos sin especialistas, derivando procedimientos a otros centros, provocando que el personal se vaya, y luego diciendo que no hay demanda suficiente como para mantener el servicio. Un clásico: matar algo por inanición y después culparlo por no haber sobrevivido.

Y, mientras tanto, las mujeres seguimos haciendo malabares para algo tan básico como una intervención ginecológica.

Que nadie se confunda: no estamos pidiendo lujos, ni trato VIP. Solo queremos lo que prometía el sistema público de salud: eficiencia, dignidad, y un mínimo de sentido común.

¿Es mucho pedir que urología y ginecología colaboren en el mismo hospital para una operación compartida? ¿O tenemos que esperar a que en el Provincial abran una exposición permanente de medicina del siglo XX, porque la del XXI claramente no ha llegado?

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