Mao tiene algo, el líder que triunfó cuando el caos reinaba bajo el cielo. Frente a franceses estructuralistas y a inflexibles habitantes del norte y este del continente europeo, el líder chino es más sutil, elegante y fluido en sus pensamientos y sus conceptos. Contradicciones en el seno del pueblo y fuera del pueblo. Contradicción principal y contradicciones secundarias. El salto de lo cuantitativo a lo cualitativo. Frente a la caricatura que han hecho del “Libro Rojo” como arma de estudiantes izquierdistas enajenados de la realidad, este es una enorme y valiosa caja de herramientas de navegación en estos tiempos tormentosos. Eso es lo que tiene Mao, capacidad de orientarse cuando reina el caos.
Hoy la principal contradicción en el seno del pueblo en nuestro país es qué posición tomar frente al Gobierno de coalición “progresista”.
Unos plantean, un poco indigestos ya de tragar tanto sapo, la alianza con el progresismo liberal de SUMAR y el otanismo y europeismo del PSOE para resistir la ola reaccionaria desde las instituciones de un Régimen al que hace solo una década se le intentaba superar. Al frente la posición contraria: pasar a la ofensiva contra el Gobierno, atacar sus muchísimas flaquezas para que el descontento y el apoliticismo creciente entre las clases populares no caigan en favor de los reaccionarios.
Esta es la contradicción -la principal, el resto son cuestiones secundarias- por la que se han producido rupturas notables en organizaciones de izquierdas juveniles, por la cual el oportunismo morado vuelve a pedir la salida de la OTAN, y también por la cual en el anterior Congreso del PCE hubo un empate técnico entre dos candidaturas.
Cualquier proyecto, programa u organización que obvie esta cuestión está condenada al fracaso. No hay proyecto transformador, rupturista o revolucionario en nuestro país sin parte de las organizaciones y militantes que actualmente asumen el malmenorismo de defender al Gobierno con el único objetivo de frenar el fascismo. No habrá Huelgas Generales sin las grandes centrales sindicales. No hay tampoco capacidad para frenar a la bestia fascista sin parte de las organizaciones y militantes que han decidido ir a degüello contra el Gobierno. Y que en su desorientación confunden Gobierno, Estado y Régimen; y peor aún miden mal el nivel de legitimidad que siguen teniendo las instituciones. El fantasma de la socialdemocracia, hace al menos 40 años fenecida, sigue apareciéndoseles a los jóvenes militantes de izquierdas.
Fuera del Pueblo pasan cosas. Muchas cosas. España no es una burbuja, ni se hace política en una probeta aislada. Nuestro planeta es esférico y eso significa que todos estamos, más o menos, a la misma distancia del núcleo. Los mapas son creaciones históricas y en unos años Europa probablemente no estará en el centro. Esta es la principal contradicción a escala planetaria: la decadencia de occidente que luchará por su dominio imperialista y el auge de la República Popular China. El resto son contradicciones secundarias.
A esta cuestión obedece la derechización y militarización de la Vieja Europa, formada por ex-potencias coloniales. Corre peligro su situación en el mundo; es decir, corren peligro sus pingües beneficios. Se acabó la Europa del bienestar porque se están acabando las rentas extraídas al sur global, y porque ahora los presupuestos, ante la falta del peligro de una clase obrera en lucha por el poder, no van a ir a pensiones, sanidad, servicios sociales y educación si no a los Ministerios de Guerra. De la Europa del “Bienestar” a la Europa fortaleza. Átense los machos.
De esta contradicción también se extraen por cierto las nuevas formas trumpistas que se alejan de las antiguas ideas liberales. Esas que horrorizan en las crédulas redacciones de El País y La Vanguardia. La extrema derecha da por amortizada la democracia liberal, sus mitos y parafernalia. No vale para un mundo en pugna sin el peligro interior de la revolución. Han comprendido el fin de una época; pasan de pantalla.
La acumulación de cambios cuantitativos acaba dando por norma general un cambio en lo cualitativo. Un nuevo estado destruido en Oriente Próximo o África, una nueva medida liberalizadora del Gobierno, unos nuevos presupuestos de recortes para la guerra o un nuevo arancel pueden producir cambios cualitativos muy rápidamente. Si es que esos cambios no están ya en marcha.
Y nosotros sin brújula ni timonel. Con nuestros barcos cada vez en peores condiciones y cada vez menos marineros. Capeando la tormenta. Aturdidos por la desorientación, sin brújula que marque el norte. Incapaces de resolver contradicciones.
Un síntoma de la desorientación es equiparar al Imperio, al que tiene el mayor gasto militar del mundo, hegemonía cultural y centenares de bases en los cinco continentes, con países en vías de desarrollo, socialistas o no, que luchan por su soberanía. Es también creer en el cuanto peor, mejor; obviar la diferencia entre consigna y concepto, entre táctica y estrategia. Es creer que estamos a inicios de noviembre de 1917. Desorientación también es, por otro lado, seguir apelando a los Derechos Humanos, o a la legislación internacional como si existiera un mundo basado en reglas democráticas. También lo es denunciar en comunicados la actitud de Pedro Sánchez o del Gobierno, mientras se está sentado en el Consejo de Ministros ayer —cuando ya se mandaban armas a Israel con el genocidio en marcha— u hoy —cuando todavía se siguen mandando armas a los genocidas—. Y lo es convocar a las huestes de izquierda hablando de democracia en abstracto cuando la gente no puede pagar el alquiler.
Esta desorientación ocasiona pérdida de coherencia, y la coherencia es un valor sagrado cueste multas, cárcel o la ruptura de un Gobierno. Sin coherencia ganan los oportunistas. Y no hay mayor incoherencia que traicionar tu hecho fundacional, en el caso de algunos la oposición a la guerra imperialista.
Sin brújula no nos podemos orientar, y sin coherencia no hay autoridad para manejar el timón.
Parece difícil vislumbrar una fuerza, o sea una organización, que tenga la capacidad de lograr la síntesis, o superación, de la principal contradicción en el seno del Pueblo, orientarse y comenzar a articular una alternativa a la bestia de la guerra y el fascismo.
Aunque claro está, difícil no es sinónimo de imposible.





