Si a cualquier persona le preguntamos por el final de curso en los coles, pensará en vacaciones, en actos de graduación y en un junio con diversas despedidas y la bienvenida a las colonias para niños y niñas para poder conciliar.
Este curso la administración en Aragón ha conseguido difuminar el final de curso, hasta el punto de encontrarnos bien entrado julio a sus puertas, diciéndoles que ya el inicio del curso próximo va a ser un caos, por su culpa.
Presupuestamos mal, demasiado para educación y la inclusión es una utopía. Así a las bravas, nos dicen.
Va a ser que en los centros hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Va a ser que el alumnado ha estado demasiado de bien atendido.
Como siempre hay una diferencia, esa en la que las familias somos conscientes de que nuestros hijos e hijas son los afectados. No hay disimulo posible, son recortes, recortes de atención a nuestros hijos.
Como madre y directora sólo tengo una petición directa y clara: la calidad educativa, el apoyo a la despoblación y el impulso por los resultados futuros que queremos, pasan indiscutiblemente por dotar a los centros por el personal docente necesario.
No nos vendan la moto. Pongan la calidad educativa, la escuela rural y al alumnado, en el lugar que merecen en sus presupuestos.





