Que pena que pudiendo ser Oriente Medio una de las regiones más prósperas del planeta Tierra no lo sea a causa del conflicto entre Israel y Palestina, la mediocridad de los líderes políticos mundiales y los intereses económicos.
Que pena que siendo demócratas no encontremos soluciones democráticas a los conflictos armados, que en Ucrania, por ejemplo, no se haya usado un simple referéndum para decidir el futuro de sus regiones orientales en conflicto.
Que pena que no consideremos que las guerras son cada vez más mortíferas y destructivas. Será que la humanidad no tiene bastante con los bastante frecuentes terremotos, huracanes, tifones, sequías,.., catástrofes climáticas en general, cada vez más agravadas a causa del cambio climático.
Que pena que pudiendo el capitalismo resolver sus dos grandes problemas (el daño a la biosfera y la desigualdad) no lo haga y siga aferrado al armamentismo y al militarismo, cuando son necesarios sus recursos para resolver los problemas mencionados.
Que pena que, conociendo la enorme destrucción y mortandad que ocasionaron la I y la II Guerras Mundiales, los pueblos del mundo no se unan y organicen para trabajar por la paz y el desarme, evitando una III guerra mundial que sería fatal para la especie humana y la biosfera en general.
Que pena que no escuchemos el llanto, ante tanta guerra, de ese Ser Supremo que nos ampara, llámese Dios, Yavé, Alá,.., es el mismo Ser.
Que pena que el precio de las guerras lo paguen siempre los mismos: los pueblos y la naturaleza.
Que pena que, sabiendo que las sociedades cambian cuando la juventud se moviliza, no haya más jóvenes trabajando por la paz y el desarme.
Que pena que pudiendo ser la humana la especie más inteligente sobre el planeta Tierra no lo sea debido a que, en no pocas ocasiones, hace prevalecer su ambición desmedida y sus bajos instintos.





