Vamos a hacer un consenso

19 enero, 2024. 07:50

Dos veces se ha modificado la ley fundamental del régimen. Solo dos desde el 78. La primera, a principios de los 90, cuando por exigencia del tratado de Maastricht se reconoció el derecho de sufragio pasivo a ciudadanos de la Unión Europea. La segunda, cuando en agosto de 2011, PSOE y PP se ponen de acuerdo aprovechando el verano para apaciguar protestas. Y claro que no, no se ponen de acuerdo para mejorar la vida de las clases populares. Se ponen de acuerdo para incluir en el sagrado texto la obligación de pagar los intereses de la deuda externa por encima del pago de las pensiones, la sanidad o la educación.

Bueno, pues se han vuelto a poner de acuerdo. Y esta vez la excusa es la denominación de las personas con discapacidad. A nadie informado se le escapa que no se trata de asegurar que las pensiones mínimas tengan la misma cuantía que el salario mínimo, la ley de la eutanasia, la protección de las redes de cuidados o el acceso a sanidad, educación, transporte, ocio y trabajo. Y no se me entienda mal. A nadie le gusta que en los textos legales se utilicen términos como “disminuido”, “minusválido” o peor aún “inválido”. Pero, como decía el político burgués, es clave distinguir lo urgente de lo importante.

La terminología en el plano académico es una cuestión de vida o muerte, entre los medios de comunicación, una batalla ideológica. En la calle, poco más que una anécdota. Y aquí nos interesa la calle. En la calle, las personas con grandes disparidades tenemos problemas urgentes e importantes. Y ninguno pasa por modificar un texto legal en el que no nos vemos representados, al que no hemos votado y con el que estamos en profundo desacuerdo. Por contextualizar las cosas. En Zaragoza solo una pequeña parte de los pisos de protección oficial y casi ninguno de los del mercado libre son accesibles. Cuando resultan accesibles, su inaccesibilidad viene por vía económica. En Aragón, desconocemos la media de renta per capita de las personas con grandes discapacidades, así como sus necesidades de cuidados, su problemática, en cuanto a transportes o lo más grave, su integración laboral. Lo desconocemos, porque viene habiendo una intencionalidad política en ello en los últimos 30 años. Y por demasiadas complicidades.

Una buena parte de las personas con grandes discapacidades cobran la pensión no contributiva. Su cuantía está en torno a los 500€ al mes. Por supuesto, esto implica que vivir es siempre depender de la compasión, solidaridad o beneficencia ajena, depende el caso. Pues bien, con esos ingresos, las administraciones encargadas consideran que puedes adelantar los 5000 € de una silla de ruedas básica o pagar íntegramente los 1000 de una grúa para poder pasar de la silla a cualquier otro lugar. Cuando se decidió subir el salario mínimo, se hizo entre otras razones, porque se consideraba que nadie podía vivir con menos de esos ingresos mensuales. Parece que nuestro colectivo sí, pese a tener gastos mucho mayores que los del resto de personas.

Podemos hablar también del transporte. Con un ejemplo cercano y que en Zaragoza comprendemos bien. Cualquiera que se haya fijado, habrá percibido que la red de transporte público es inoperante en cuanto a accesibilidad. Para compensar esto, y también para ganarse conciencias en el colectivo del taxi, el ayuntamiento de Zaragoza y la cooperativa de taxis firmaron un convenio por el cual las personas con movilidad reducida podríamos hacer uso de los vehículos accesibles de la cooperativa a precio reducido. Esto permitió que muchas y muchos pudiéramos llevar a cabo rutinas que para otros colectivos son absolutamente cotidianas. Podíamos ir al trabajo, ir al gimnasio, estudiar, acudir al médico… Incluso, podríamos salir alguna noche a cenar o tomar algo y pese a eso, ser capaces de volver a casa. Pero la alegría dura poco en la casa del pobre. Las dos últimas corporaciones, su obstinada desidia en cuanto a las personas con discapacidad y su apuesta ideológica y económica por un modelo ultraliberal han asesinado el servicio. Durante las últimas navidades, fueron decenas las personas que no pudieron desplazarse para cenar con sus allegados, comer con ellos o todo lo que el resto del pueblo ve como normal.

Gente que no puede ir al trabajo, a su centro de estudios, o que se ve obligada a descuidar su salud por incomparecencia. Porque no tienen forma material para llegar al centro médico. Y esto es para los privilegiados que vivimos en Zaragoza. Casi mejor no preguntéis por este problema cuando es en la zona rural del país donde resides. No es un problema menor, solo es un problema que nos afecta a un colectivo endémicamente pobre y alejado de los círculos de poder.

Pero es evidente que el problema va más allá de los casos concretos, de las aplicaciones prácticas, de las miserias cotidianas. Es un problema que afecta a las superestructuras culturales. La vida de las personas con discapacidad no es un problema, porque la hemos enterrado lo suficiente profundo, encerrado en unos pisos de los que hemos borrado las puertas, la hemos internado en residencias de amplios muros, tan amplios como para ni verla, ni oír los gritos que salen. Y seguimos cargando todo el peso sobre las doloridas y agotadas espaldas de las personas con discapacidad y sus cuidadoras. Y si, cuidadoras. En este mundillo tenemos muy claro a qué género le han tocado las tareas extra de cuidados. Y casi siempre, a qué tonos de piel corresponden.

No olvidemos que nuestra nueva ministra de sanidad, proveniente de los movimientos sociales, prócer de la izquierda española, no tuvo ningún problema en llamar a IDA “mongola“, demostrando así su capacitismo. Me pregunto qué hubiera pasado si el término hubiera sido “chochete” “marimacho“ o “golfa”. De su voluntad de seguir buscando problemas legales a quienes utilizamos el cannabis de manera terapéutica, hablaré otro día. Pero es otra medalla en su solapa. Y con una última reflexión, voy a dejarlo por aquí, que si no se extiende el injusto cliché de los tullidos enfadados con el mundo, cuando en realidad somos alegría y sonrisas, como los alemanes de los Simpson.

Cuando los consensos políticos en materia de discapacidad siguen los dictados de las canciones de La Polla, mal. “Vamos a hacer un consenso para meterlo dentro de un marco, que monada!!”

Noticias relacionadas

· PUBLICIDAD ·
· PUBLICIDAD ·
· CANAL TELEGRAM ARAINFO ·
· CANAL WHATSAPP ARAINFO ·