El empeño divulgativo de la prensa es una cosa. Definitivamente, una cosa. Gracias a esas redacciones, en los 90 nos enteramos que los consumidores de las llamadas drogas de diseño acabarían convertidos, en unos pocos años, en hordas de vainas sin cerebro. Tiempo después, nos avisaron sobre la peligrosa droga cocodrilo, un poco más tarde de la peligrosa droga zombie, y hace menos de lo que esconde la sumisión química. Todo esto, sin ningún interés de ganar clicks o audiencia, claro está.
El tema que les ha hecho comportarse cual perro con un hueso es un opioide que había pasado bastante desapercibido hasta ahora. Fuera del sector sanitario, era escaso el número de personas que habíamos oído hablar del fentanilo. Artículos de prensa, piezas de televisión, series de todas las plataformas, streamers expertos en vivir del cuento y un montón de asustadores pro nos convirtieron en expertos en hábito y adicciones. En el tiempo en que Miguel Ángel Rodríguez trasiega un gintonic, el mundo entero sabíamos muy bien lo que eran los opioides y sus terribles consecuencias. Aunque ninguno hubiéramos dedicado un minuto a mirar en el botiquín de nuestros abuelos. O en preguntar a ese amigo raro que estudió historia.
De ser así, nos habríamos enterado que la adormidera fue el primer cultivo humano del que hay registros, que llevamos 5000 años utilizando el opio para calmar los dolores. Y que, desde luego, esta no es la primera crisis de la historia causada por la gestión de las adicciones asociadas al uso de esta sustancia. En China, y en Inglaterra, saben bien de lo que hablamos.
Centrándonos en el fentanilo, todas esas personas que han pasado por procesos oncológicos o de dolor crónico están ciertamente agradecidas por que éste haya pasado a ser un factor a eliminar por parte de los médicos, a diferencia de en los últimos siglos. Casi cualquiera de ellas te dirán que prefieren vivir con un hábito, o adicción, que con constantes dolores. De hecho, la existencia del fentanilo y otros opioides se debe la continua búsqueda de las empresas farmacéuticas de nuevas moléculas que quiten el dolor sin provocar placer. Una jugada maestra, como veis.
Si, en cambio, elegimos a ese otro amigo que tiene pocos dientes y los ojos de haber visto mucho, nos explicará que ningún yonki busca fentanilo. Que el subidón causado por él es sucio, gris y aburrido. Que lo que quieren es heroína. Pero que tienen miedo que cuando vayan a su camello se la encuentren cortada con la sustancia de moda. Así que tenemos una sustancia ampliamente utilizada desde hace décadas y que cuenta con ningún entusiasta. Bien, entonces, a qué viene todo este escándalo?
Pues me temo que hay dos factores diferenciadores con crisis de salud pública previas como las causadas con los barbitúricos, el crack o las metanfetaminas. Por un lado, resulta que Estados Unidos, el comprador, no controla prácticamente ninguna parte de la cadena de producción y distribución. En anteriores casos, bien sea por su relación con la industria farmacéutica en el caso de los barbitúricos, con las mafias de la cocaína en el caso del crack o los cárteles mexicanos de hace unos años con la meta, las manos del estado y los oligarcas norteamericanos estaban presentes en todo momento, impulsando todo el proceso.
El fentanilo no precisa de opio, no necesita grandes superficies de cultivo dedicadas a la adormidera, no requiere invadir o injerir ningún Afganistán, Laos o Camboya para poder cultivar. Eso permite que otros agentes privados entran en la competencia. Y ya sabemos de la disonancia del mercado con respecto a la competencia.
El otro factor deriva del origen de la actual crisis. Sí, como Netflix, HBO y todo dios nos ha contado, se empezaron a recetar diversos tipos de opioides a chorro gordo. Lo que aún no nos han contado pese a resultar más interesante es la influencia de tener el sector de la salud y la farmacia absolutamente privatizados en combinación con una, perdida de antemano, guerra contra las drogas. Como consecuencia, no eran obreros asiáticos del ferrocarril, latinoamericanos empobrecidos, rednecks o negros del guetto quienes acabaron sufriendo las consecuencias, sino estudiantes universitarios, jóvenes trabajadores y adultos profesionales. Obreros privilegiados, sociológica y étnicamente blancos conformaron la columna vertebral de este nuevo ejército de adictos.
Y hasta aquí podíamos llegar. La marca states, impulsada por la necesidad de confrontar a China por su creciente poder, ha hecho que todo el stablishment se ponga en pie de guerra contra esos agentes privados de la competencia de los que hablaba antes. El verdadero drama es que no parecen dispuestos a enfrentar ninguna de las auténticas razones de la herida. Ni siquiera a aplicar el torniquete de la salud pública y la reducción de riesgos para cortar la sangría. Así que sí, es un fenómeno local determinado por unos condicionantes muy específicos, lo que tampoco nos salva a los demás. Aunque quizá nos deba apremiar para buscar una relación sana de los humanos con las sustancias milenarias.
De lo que sí podemos estar seguros es de que no pasará demasiado tiempo hasta que vuelvan a alarmarnos por tierra, mar y aire del cataclismo inminente causado por la última sustancia de la que hayan tenido noticia o de la última sobre la que hayan perdido el control.





