¿Dónde está la democracia?

18 febrero, 2017. 07:30

Tres partidos políticos han concluido sus respectivos congresos. Tres congresos que han proclamado líderes a tres políticos. Líderes por amplia mayoría, en los tres casos. Nos queda saber lo que harán en el PSOE, pero sus imágenes ya vienen avanzando lo que es más que probable: la señora Díaz también puede ser proclamada líder por amplia mayoría.

No me preocupa el porcentaje de apoyo que hayan recibido cada uno de esos líderes. Ni si el apoyo es de compromisarios, de las bases o de un grupo reducido de afines. No es eso.

Me preocupan dos cosas: una, que sigamos necesitando de líderes, personas individuales a las que, por su gracia o buen hacer, se les encumbra para que dirijan sus respectivos partidos; dos, que sigamos delegando nuestra responsabilidad como ciudadanos.

De siempre me han preocupado estas cuestiones, para muchos, un tanto baladíes. Pero no dejan de apuntar a una manera de hacer política, a una manera de hacer sociedad y a una manera de asumir actitudes ante los demás.

Dejo el análisis político de este hecho para los politólogos. Ellos sabrán interpretar en fenómeno. Me quedo con mis reflexiones.

Hoy en día ¿hacen falta líderes? En una sociedad abierta, plural, con posibilidades reales para que nos manifestemos a los demás en nuestras ideas y querencias ¿hacen falta líderes? En una sociedad donde pregonamos que la participación de la ciudadanía es la que convierte la política en un proceso democrático en el que avanzar en democracia, en nuestra libertad y en nuestros derechos ¿hacen falta líderes? Aquí, donde el decidir sobre múltiples asuntos significa dialogar entre partes, debatir en muchos foros e incluso presionar con variadas manifestaciones ¿hacen falta líderes?

Pues sí, parece que hacen falta. Al parecer hay muchos miembros de nuestra clase política que sigue necesitando encumbrarse como líder. De más está el concluir que “servirán a los demás”; de más está afirmar que en sus respectivos congresos se han escuchado las suficientes voces que les señalan el camino a seguir.

Por otra parte ¿qué nos impulsa a los ciudadanos a otorgarle el liderazgo a unas cuantas personas que van a decidir en asuntos que nos conciernen a todos?, ¿es delegar la responsabilidad que tenemos como ciudadanos?, ¿no hemos encontrado, visto de otro modo, los mecanismos adecuados que nos permitan debatir y decidir sobre los asuntos que nos conciernen a todos?, y, si estos mecanismos los tenemos al alcance de la mano ¿por qué no los usamos?, ¿por qué no los hacemos parte de nuestra vida social?

Y aquí llega la pregunta que da título a este artículo de opinión, o de preguntas: ¿Dónde está la democracia? Al final llegamos a concluir que la democracia forma parte de esta sociedad en determinados períodos y en determinados momentos.

Al parecer, a la vista de lo que acontece, por democracia entendemos que ha de haber un gobierno formado por el líder de una formación política, partido, elegido en un congreso de su propio partido, presentado como tal a las elecciones al parlamento y que, al ser el grupo más votado, es el que forma el gobierno al que llamamos democrático. Partido, parlamento y gobierno que han pasado por procesos electorales y que, en conclusión, llamamos democráticos y, en consecuencia, nos damos el título de demócratas por haber elegido líderes. A esto, algunos politólogos le llaman democracia minimalista, la cual se caracteriza, básicamente, por la elección de representantes que realizan en nombre de la sociedad la labor de “hacer política”.

Lejos queda esta noción de la que habla de la democracia como de un proceso de participación ciudadana, la cual debate los asuntos que le conciernen y deciden aquello que quieren que el gobierno ejecute. Conscientes de la complejidad que un sistema así podría tener en cualquier sociedad, nos hemos inventado pasos intermedios para poder realizar el mismo proceso democrático (participación, debate y decisión) pero a través de mecanismos sociales ya regulados o establecidos legalmente: léase asociaciones, organizaciones de todo tipo, sindicatos y, por supuesto, partidos políticos.

Aquí quería llegar, con mecanismos así en los que de forma permanente pueden darse procesos democráticos de participación, debate y decisión ¿por qué seguimos encumbrando líderes?, ¿no confiamos en la inteligencia colectiva?, ¿por qué suponemos que un líder es más capaz de orientar los debates y las decisiones que a todos nos competen? Seguramente nos queda mucho camino, todavía, para ir realizando procesos democráticos que nos indiquen que estamos haciendo “democracia”.

Invito a los lectores a una serena reflexión sobre esto. A pensar sobre qué tipo de política “encargamos” que hagan por nosotros, qué tipo de sociedad queremos seguir construyendo y, en definitiva, en qué tipo de actitudes queremos mantener en nuestra sociedad.

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