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25 años de la Masacre Jesuita en El Salvador

25 años de la Masacre Jesuita en El Salvador El 16 de noviembre de 1989 el ejército de El Salvador perpetró uno de los asesinatos múltiples más aterrador de los doce años de Guerra Civil que arrasó el país entre 1980 y 1992. De madrugada miembros del batallón “Atlacalt”, uno de los más sangrientos del ejército Salvadoreño, asaltaron la Universidad José Simeón Cañas y asesinaron a sangre fría a seis sacerdotes jesuitas, cinco de ellos de origen español, y a dos empleadas de la universidad.
| 16 noviembre, 2014 09.11
Foto: Diego Díaz (AraInfo)

Foto: Diego Díaz (AraInfo)

El 16 de noviembre de 1989 el ejército de El Salvador perpetró uno de los asesinatos múltiples más aterrador de los doce años de Guerra Civil que arrasó el país entre 1980 y 1992. De madrugada miembros del batallón “Atlacalt”, uno de los más sangrientos del ejército Salvadoreño, asaltaron la Universidad José Simeón Cañas y asesinaron a sangre fría a seis sacerdotes jesuitas, cinco de ellos de origen español, y a dos empleadas de la universidad.

Hoy se cumplen 25 años del asesinato de Ignacio Ellacuría (Rector de la Universidad), Amando López (profesor de filosofía), Juan Ramón Moreno (director de la biblioteca de Teología), Ignacio Martín-Baró (Vicerrector), Segundo Montes (director del Instituto de DDHH), Joaquín López (fundador de la Universidad), Elba Ramos ( cocinera de la Universidad) y su hija Celina Ramos.

Situación de El Salvador y relato de la masacre

Tras nueve años de Guerra Civil, el FMLN estaba decidido a cambiar la situación y el 11 de noviembre lanzó una gran ofensiva que pretendía convertir la capital San Salvador, hasta ese momento algo ajena al conflicto, en zona de guerra. Tras la ofensiva, el Gobierno cerró emisoras de radio y decretó el “toque de queda” y la Ley Marcial.

Hacía meses que la Universidad José Simeón Cañas, más conocida como UCA (Universidad Centro Americana), era objetivo del Gobierno y el ejército por su postura crítica de la situación, por la defensa del pueblo salvadoreño y sobre todo por su denuncia de las masacres que se estaban produciendo por todo el país.

El día 13 de noviembre, el mismo batallón “Atlacatl” entró en la Universidad y registró durante más de dos horas todas las dependencias de los jesuitas en busca, supuestamente, de pruebas de colaboración con el FMLN. Sin embargo, todo parece indicar que este registro era simplemente una artimaña para explorar el terreno en el que 48 horas después iban a cometer la masacre. El personal no le dio mayor importancia, nada les hacía suponer lo que iba a suceder horas más tarde.

La madrugada del 15 al 16 de noviembre el ejército empleó todas sus fuerzas contra el FMLN y la población de los barrios que se había alzado contra el Gobierno: bombardeo de barrios populares, cacería de sindicalistas, lideresas y líderes políticos opositores,… y la incursión en la UCA. A eso de la una de la madrugada, alrededor de 30 hombres entraron en la Universidad sitiada desde hacía días por el propio ejército. Forzaron las puertas de las habitaciones, sacaron a los seis jesuitas al jardín y allí, tumbados en el suelo, los asesinaron a sangre fría con balas explosivas que les destrozaron la cabeza. Desgraciadamente, Elba y Celina eran testigos incomodos de todo aquello y también debían ser eliminadas. Las encontraron abrazadas, llenas de balazos por todo el cuerpo.

Una vez consumada la masacre, registraron de nuevo los cuartos, robaron todo lo que pudieron (incluso las reliquias de Monseñor Romero, asesinado también por el ejército al comienzo de la Guerra) e intentaron dejar el escenario de forma que se incriminara al FMLN de lo sucedido.

Tras la masacre

Pese al intento de enmascarar el crimen, desde un principio todo el mundo tuvo claro que había sido el ejército el responsable de la matanza. Y, además, que la orden había venido desde las más altas esferas: el Jefe del Estado Mayor del Ejército, el Presidente de la República y los altos cargos de la derecha del país.

A mitad del año 1990 comenzó el juicio contra varios mandos y a finales de 1991 el coronel Guillermo Benavides y el teniente Mandoza Vallecillos fueron condenados por el asesinato de Ellacuría y de Celina Ramos, el resto de militares imputados fueron absueltos. Sin embargo, esto militares no cumplirían muchos años de cárcel. El 20 de marzo de 1993 se aprobó la Ley General de Amnistía para la Consolidación de la Paz. Esta ley perdonaba todos los crímenes de guerra y por tanto la justicia salvadoreña cerraba el caso de los jesuitas.

A día de hoy

En 2008 la abogada Almudena Bernabeu, en nombre de los familiares de las víctimas y de la Compañía de Jesús, presentó una demanda en la Audiencia Nacional española contra los altos mando militares en el momento de la matanza. El Juez Velasco se hizo cargo del caso y en 2011 ordenó la detención internacional de 20 militares salvadoreños por delitos de lesa humanidad y asesinato terrorista. Desde un principio la Corte Suprema de Justicia Salvadoreña denegó la petición de captura.

La reforma de Ley de Justicia Universal promovida por Mariano Rajoy, Alberto Ruiz-Gallardón y todo el Gobierno del Partido Popular para limitar el principio de justicia universal hizo tambalearse el caso a principios de año ya que esta ley impide a los jueces españoles investigar el asesinato de españoles en el extranjero si los asesinos no tienen nacionalidad española. Sin embargo, el 3 de octubre de este mismo año, la Audiencia Nacional española avaló al juez Eloy Velasco para continuar con la instrucción del caso y ordenó que el caso se investigue como crimen contra la humanidad.

16 noviembre, 2014

Autor/Autora

Miembro del Consello d´AraInfo. @dikzaragoza / http://www.flickr.com/photos/diegozgz/


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