Altavoz

1969: Conquistemos la luna

El Stonewall Inn era un tugurio en el barrio de Greenwich Village. En él solían reunirse los eslabones más débiles de la comunidad gay: transexuales, drag queens, jóvenes afeminados, prostitutos masculinos y jóvenes sin techo. Y aquel día reventaron.
| 20 junio, 2019 17.06
1969: Conquistemos la luna

El 29 de marzo de 1969 se celebraba en el Teatro Real de Madrid el XIV Festival de Eurovisión. España vivía cantando, soñando y danzando el gran subidón de Massiel y la orgía publicitaria que suponía la celebración de Eurovisión en un Estado que se estaba abriendo a Europa, pese a que todavía continuaba reprimiendo cualquier disidencia. Algo parecido a lo que montó Israel en Tel Aviv este año.

Entonces, Eurovisión todavía no era la mayor fiesta sobre la tierra del capitalismo rosa. Y no digo esto desde la superioridad moral. He de decir que me encanta. Que desde mis contradicciones soy el primero que cada tercer fin de semana de mayo está ahí, esperando al guayominí y viendo la gloriosa lluvia de tuelf points a la mayor horterada europea (o semítica, caucásica e incluso australiana). No quiero hacer moralismo barato, aunque sí recordar cómo hemos llegado hasta aquí, cómo hemos llegado a un mundo en el que la ultraortodoxia sionista utiliza al movimiento LGTBI para camuflar las vergüenzas del genocidio que ejerce contra el pueblo palestino.

Relato de los hechos. Quizá haya que comenzar unos cuantos años antes, exactamente treinta años antes. El 25 de agosto de 1939 se estrenaba en los Estados Unidos la película El Mago de Oz, donde una muy adolescente Judy Garland, primera diva gay conocida, cantaba aquel primer himno gay conocido, Over the rainbow. ¿Y qué tiene esto que ver con el tema que estamos hablando? Pues mucho. Judy Garland vivió atormentada por sus varios descalabros profesionales y amorosos. La presión de la incipiente industria cinematográfica y el hecho de que iniciase su carrera profesional en la cumbre, ganando un Óscar, y posteriormente fuese degenerando en una suerte de caída libre, le llevó a suicidarse el 22 de junio de 1969 atiborrándose de barbitúricos. Toda una reina del drama.

Y aquí nos situamos ya en el pub Stonewall Inn, al sur de Manhattan, en Nueva York. Cuentan que aquella muerte cayó como un jarro de agua fría en la unida comunidad gay neoyorquina y que, aquellos últimos días de junio, bajo la presidencia de Nixon y mientras lloraban la muerte de su gran diva, la comunidad gay no aguantó más y estalló.

En aquellos tiempos eran frecuentes las redadas en lo que hoy llamaríamos bares de ambiente, en una época de persecución y represión sistemática a la comunidad gay en todos los Estados Unidos, bajo a connivencia del Gobierno.

Pero aquel sábado 28 de junio de 1969 iba a ser diferente. El Stonewall Inn era un tugurio en el barrio de Greenwich Village. En él solían reunirse los eslabones más débiles de la comunidad gay: transexuales, drag queens, jóvenes afeminados, prostitutos masculinos y jóvenes sin techo. Y aquel día reventaron. Reventaron e iniciaron la historia contemporánea de la lucha del colectivo LGTBI.

Cabe reseñar que fueron aquellas que no tenían nada que perder quienes iniciaron los disturbios que se prolongaron durante varios días y se extendieron a todo el mundo. Hubo que esperar ocho años, hasta el 26 de junio de 1977, para que tuviese lugar la primera gran manifestación gai en el Estado español. Fue en Barcelona, en plena Rambla y ni que decir tiene que aquello acabó disuelto vía policial con largas carreras por el Gòtic en unos tiempos en los que, pese a haber muerto el dictador (aquel que acababa de ganar una cruzada tras el Golpe de Estado del 36 cuando Garland cantaba aquel Over the Rainbow), todavía estaba en plena vigencia la Ley de Preligrosidad Social, que condenaba al ostracismo, el ocultamiento y la persecución a todo el colectivo.

Desde entonces hasta hoy han pasado muchas cosas. En este 2019 se cumplirán 50 años de aquel 1969 en el que Salomé cantaba, soñaba y danzaba y de aquel 1969 en el que murió Judy Garland, pero también de aquel 1969 en el que la Humanidad conquistó la luna.

Esta es una cronología poética, pero también bien podría reunir una serie de hitos que deben guiarnos: el qué somos, el de dónde venimos y el a dónde vamos. No podemos olvidar que fueron las transexuales las que iniciaron esto, no podemos sino agradecer a quienes se dejaron todo lo que tenían y pusieron en peligro sus vidas para defender los derechos del colectivo y no podemos olvidar nuestros sueños y el camino que nos queda por delante, que no es sino la plena inclusión del colectivo LGTBI en la sociedad mayoritaria.

Una inclusión que, recordemos, no debe ser sinónimo de uniformidad, porque aquellas trans, aquellos chaperos, aquelles que iniciaron la lucha no eran en absoluto uniformes y no fue la uniformidad precisamente lo que les hizo iniciar la lucha.

Conquistemos la luna.

20 junio, 2019

Autor/Autora

Colla LGTBI de Chunta Aragonesista


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