La asociación Towanda, en representación de las decenas de miles de víctimas LGTBI del nazismo, viene participando cada Enero en los actos de Conmemoración del Holocausto en Aragón desde 2010, año en el que tuvieron lugar por primera vez a iniciativa del Rolde de Estudios Aragoneses y de Amical de Mauthausen en las Cortes de Aragón.
Desde entonces, junto a entidades como Sefarad, Secretariado Gitano o la Fundación Rey Ardid hemos aprendido y compartido las vivencias, los daños y las esperanzas de las distintas comunidades que sufrieron los crímenes contra la Humanidad que ejecutó el nazismo en Europa a partir de 1935, con la complicidad de otros regímenes fascistas como el franquismo.
En estos años, como la mayoría de las intervenciones que nos acompañaban, nuestra participación ha consistido fundamentalmente en recordar y traer a la actualidad el mandato inapelable del recuerdo para la prevención y la no-repetición: la universalidad de los Derechos Humanos no es un bonito marco en el que lucir nuestras buenas intenciones ni un baúl en el que guardarlas hasta el año siguiente, ni una percha que nos viene bien para colgar nuestras reivindicaciones sólo cuando nos venga bien. Es una profunda y permanente exigencia ética y democrática para un mundo vivible, que pierde todo sentido cuando deviene arma arrojadiza que se apaga o enciende a voluntad.
Una exigencia que hemos venido repitiendo en esos actos con las voces más lúcidas de nuestras sociedades: frecuentemente las de pensadoras de origen judío. Como Hanna Arendt, que advirtió de que limitar la culpa a los autores materiales de los crímenes impediría cuestionar los mecanismos sociales y políticos que llevan a la muerte de millones de personas, sustituyéndolos por el miedo a “monstruos” aislados de todo contexto.
Querríamos creer que estas reflexiones hechas hace casi 80 años estaban más que asumidas. Pero no hace ni una semana, Judith Butler, una pensadora queer también de origen judío, ha tenido que salir a preguntarse , en el contexto de la última escalada en Israel y Palestina: “¿Por qué no podemos condenar actos moralmente atroces sin perder nuestra capacidad de pensar, conocer y juzgar? Seguramente podemos y debemos hacer ambas cosas.”
Esto debería ser posible, especialmente cuando en su caso -y en el de tantas y tantas personas y entidades judías- se ha condenado por activa y por pasiva los crímenes de Hamás a la vez que los del Estado de Israel.
Sin embargo, estos días la censura de todo lo que no sea una condena limitada a unos crímenes -y no a otros- intenta implantarse por variados medios: frecuentemente, apelando parcialmente a la Memoria del Holocausto. Como si las atrocidades del pasado justificaran las atrocidades del presente, como si una suerte de venganza diferida sustituyera al mandato de no repetición.
A las activistas y entidades que trabajamos por la diversidad afectiva y sexual se nos intenta callar, por ejemplo, con el argumento de “a tí te degollarían los palestinos”, en una nueva versión de la consideración, por el ministro de defensa israelí, de toda la población palestina como “animales”. Debería sorprendernos que estos ‘argumentos’ vengan de quienes no han levantado la voz durante los gobiernos ultras en Hungría y Polonia, que desde 2005 han constitucionalizado la discriminación a la población LGTBI, creado “zonas libres de ideología LGTBI” y leyes que permiten denunciar a parejas homosexuales y las vinculan a la pederastia.
Pero no nos sorprendemos, porque hace muchos años que el Estado de Israel utiliza el “lavado rosa” para, paradójicamente, justificar sus políticas de apartheid que, por supuesto, impiden a ninguna persona LGTBI palestina “refugiarse” en Israel. Como denuncian hace tiempo organizaciones LGTBI palestinas como AlQaws o Aswat, a las que nosotras sí prestamos atención, y que también señalan el uso por el servicio secreto israelí del chantaje por orientación sexual contra activistas palestinas.
De modo que no vamos a callarnos ni a dejarnos presionar por quienes nos dicen de qué debemos preocuparnos las personas LGTBI: hace mucho tiempo que sabemos que la defensa de nuestras vidas es inseparable de la de las vidas golpeadas por el machismo, el colonialismo, el racismo y la explotación, como lo era el siglo pasado frente a los fascismos.
Debemos condenar y condenamos los crímenes de Hamás, como los crímenes del estado de Israel, incluidos los recientes (pero no novedosos) ataques a hospitales y a escuelas, las miles de víctimas civiles, la privación de agua y recursos básicos y la vulneración continuada de la legislación internacional del Derecho Humanitario, que dirigen a Gaza a un auténtico genocidio.
#NoEnNuestroNombre
Como siempre hemos hecho, no nos callaremos en las Conmemoraciones del Holocausto porque la defensa de los Derechos Humanos Universales aquí y ahora es la única conmemoración honesta posible.
Y no nos callaremos este sábado, cuando reclamaremos en Zaragoza la acción decidida de nuestro gobierno para la detención de la masacre, el fin del apartheid y el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas.

