Está claro que, en pleno siglo XXI, aún quedan gentes crédulas que recurren a pitonisas, nigromantes y echadoras de cartas profesionales para conocer lo que les espera el día de mañana, convencidos de la eficacia del tarot, los conjuros, la clásica bola de cristal y otras supercherías. Naturalmente, son engañados, pero no en todos los órdenes de la vida es tan difícil adivinar el futuro. En materia política, por ejemplo, no hacen falta bolas ni naipes para predecirlo con poco margen de error: basta con manejar buena información, tener cierta experiencia, quitarse las anteojeras partidistas y no confundir la realidad con los deseos propios.
Más o menos eso es lo que hice yo en diciembre pasado, pocos días después de las elecciones legislativas… y acerté. Afirmé entonces, con los resultados en la mano y en un artículo como este, también publicado aquí, que la única posibilidad real que existía para formar gobierno era que el PSOE se abstuviera en la votación de investidura para facilitar un gobierno de coalición entre el Partido Popular y Ciudadanos. La alternativa a esta solución, según pronosticaba, eran… nuevas elecciones. Y en ello estamos, a pesar de tantos litros de tinta gastados en analizar otras fórmulas en la prensa y de la verborrea desparramada con el mismo objetivo en tertulias y comentarios de radio y televisión. Onanismo político, lo llamé en ese artículo: la realidad estaba ahí para quien quisiera verla y yo expliqué los razonamientos que me llevaban a esa conclusión.
Visto el éxito de esa primera intentona me propongo repetir (con la vista puesta en el 26 de junio) razonamientos similares a los que empleé entonces, junto con algunos más que expondré a continuación. Y ya adelanto que llegaremos a conclusiones muy parecidas… si no son las mismas. Para empezar, y partiendo de la razonable hipótesis de que los resultados de las últimas elecciones fueron la consecuencia última de una determinada situación social y económica, determinada por la crisis y por las políticas de austeridad que se han venido aplicando (además de otros factores, como la corrupción, que afectan sobre todo a los partidos tradicionales), cabe hacerse una primera pregunta: ¿Qué es lo que ha cambiado en los más de cinco meses que lleva el país con un gobierno en funciones?
Yo diría que han cambiado pocas cosas y que, si algo ha cambiado, ha sido a peor. En cuanto a la corrupción –todo indica que su influencia sobre el voto es limitada-, han aparecido nuevos casos que afectan sobre todo al PP y se han producido nuevas noticias sobre otros ya conocidos, que afectan también al PSOE. Y en cuanto a la situación económica –más decisiva, en mi opinión-, todos los datos conocidos hasta la fecha nos están diciendo que, a pesar de la propaganda gubernamental, solo ha mejorado para una minoría de privilegiados a los que hay que buscar entre las clases más altas de la sociedad.
Así que, si seguimos pensando que lo que en última instancia determina el voto es la percepción que cada uno tiene sobre su propia situación, y sobre la manera en que esta puede verse afectada por las políticas que apliquen los diferentes partidos, tendremos que concluir que los votantes españoles cambiarán muy poco el voto o se radicalizarán. El razonamiento es simple: no cambiarán aquellos que no han visto cambiar su situación (la mayoría) y se radicalizarán los votantes (muchos menos) cuya percepción les diga que están peor que en diciembre. Me parece algo tan evidente que, con sinceridad, no alcanzo a entender la mayor parte de los análisis y comentarios, cuando no auténticas elucubraciones, que derrocha estos días en los medios de comunicación esa conocida legión de listos, listillos y profesionales de la hipótesis, que se devanan los sesos para acarrear agua a su molino político o personal.
Según señalan todas las encuestas (que esta vez no me parecen demasiado fiables) lo único que alteraría sustancialmente los resultados de diciembre es el acuerdo alcanzado entre Podemos e IU, que propiciaría el adelantamiento del PSOE, y una más remota posibilidad, también apuntada: que la suma de escaños entre PP y Ciudadanos haga innecesarios los votos del PSOE.
A pesar de todo ello, todavía queda gente en la izquierda que acaricia la idea de que Unidos Podemos adelante al PSOE y, entre los dos grupos, sumen mayoría suficiente para gobernar con Pablo Iglesias como presidente… Bueno, a quienes esperan que ocurra algo así no me queda otra que recordarles aquella triste advertencia que vio Dante a las puertas del Infierno: Abandonad toda esperanza.
Como dije antes, la experiencia es un factor básico a la hora de enjuiciar el panorama político y uno, modestamente, ha sido testigo –y a veces actor- de algunos acontecimientos claves. Fui testigo de la campaña a favor del referéndum para salir de la OTAN, del posterior viaje de Felipe González a EE UU y, finalmente, tuve que ser coordinador en Aragón para pedir el “sí” a la OTAN. Algo ha cambiado, por cierto: en esta ocasión no hará falta que Iglesias vaya a Washington porque la Montaña Obama tiene previsto venir a Mahoma-Iglesias. Y, claro está, una circunstancia así no se desaprovecha. ¿De verdad queda por ahí algún ingenuo que crea que los herederos de Kissinger (el espíritu de aquel viejo pirata aún está muy vivo) no van a sondear, a aconsejar y a condicionar todo lo que puedan? Desde luego que lo harán. ¡Y pueden mucho, ya lo creo! Como me gustaría equivocarme….
Para mí, a pesar de todo, estas elecciones del mes de junio van a ser el punto de partida de un nuevo tiempo político, un tiempo en el que el entendimiento va a tener por fuerza que sustituir al enfrentamiento, tanto en la izquierda como en la derecha, e incluso entre ambas tendencias, so pena de eternizarnos repitiendo elecciones, que sería un disparate aún mayor que todos los cometidos hasta ahora. Esperemos y deseemos que ese nuevo tiempo avance en una dirección favorable a los intereses generales del país, y en particular a los de sus clases populares… es decir, lo contrario de lo que ha venido sucediendo en los últimos años. Porque nos conviene a todos tener muy presente que, mientras las decisiones del Club Bilderberg (que acaba de reunirse en Alemania y al que algunos llaman El Gobierno Oscuro del Mundo) sigan “imprimiendo carácter” sobre nuestras sociedades y las aspiraciones de los indignados se disuelvan en falsas esperanzas y promesas imposibles, cada paso adelante seguirá costando demasiado.
Ah, el pronóstico, que me olvidaba: Estoy seguro de que a los que mandan de verdad les da exactamente igual que sea Rajoy o un sustituto quien encabece el Gobierno. Es más, si se encuentra una alternativa algo más presentable dentro de esa línea, lo podrán vender como un gran avance del progreso y la democracia. Que algo cambie para que todo siga igual, ese es mi pronóstico.





