Nací en un sitio de donde decidí irme para irme a otro del que me sentía parte. En donde no nací pero sí crecí y empecé a amar desde bien pequeño. Ese sitio de donde todo el mundo se marchó en dirección contraria y yo (nosotros), decidí "volver".
Aquí continúo muchas noches sin dormir después, muchas horas, días, semanas y meses trabajados después; varios tragos amargos después, con menos ilusión —no quiero mentir— pero con la misma decisión que cuando llegué hace cinco años.
Y fuimos héroes al llegar y villanos al hablar, al contradecir, al proponer, al negar y al renegar. Pero... no. Ni héroes ni villanos.
Hoy no soy de donde nací ni puedo ser de donde vivo, trabajo, sufro, amo y crece mi hijo: "Si no les gusta lo que hay que se vayan del pueblo", dijo alguien.
Soy de donde me siento, vivo y amo pero siempre y cuando guarde silencio. Silencio similar a cuando llega el 1 de septiembre.
Se quemó el monte. El mío, el suyo y el de todos y todas. Todavía tenemos contusiones, heridas, torceduras y cansancio. Sin embargo, me dicen que es ahora cuando tengo que conmemorar, que es ahora cuando tengo que aplaudir; que es ahora cuando tengo que guardar silencio por un minuto y cuándo mi casa es mía o cuándo soy solo quien la ocupa.
Me lo dicen los que nacieron pero no están y están donde yo nací mientras yo no digo nada en donde nací ni tampoco puedo decir en donde nacieron pero no están.
Y es que aquellos exploradores llegados a la aldea africana, construyeron preciosas y fuertes casas a sus habitantes. Y volvieron al tiempo y vieron que quienes las habitaban no eran ellos sino sus animales.
Hicieron de buena Fé olvidando preguntar si su buena Fé era buena y necesaria para aquellos aldeanos.
1 minuto de silencio de 11 meses el 1 de septiembre. La pancarta que nadie ve. La plaza vacía, las casas cerradas.
Los bomberos seguirán su lucha; las carrascas y los buchos seguirán calcinados. Las calles congeladas mientras nuestras pupilas nos calentarán el invierno con el reflejo de las llamas.
El 1 de septiembre seguiremos recordando, conmemorando y, sobre todo, guardando silencio. No seremos 50, seremos 5. Los contusos y heridos de alma que, mirando al monte, daremos las gracias.
Las daremos por conocernos más y mejor, por estar donde hay que estar, con quien hay que estar y por lo que hay que estar.
Sin haber sido preguntado, un explorador contestó: "Esto hay que hacerlo ahora porque en septiembre estaremos a otras cosas".





