Pero qué orgullosos nos sentíamos todos, hace pocos años, cuando defendíamos la libertad de expresión frente a los islamistas salvajes que masacraron a los periodistas de la revista satírica francesa ‘Charlie Hebdo’. ¡“Yo soy Charlie”! decíamos todos, y defendíamos la libertad de publicar viñetas mofándose de Mahoma. Se oía decir cosas como: “¡la libertad de expresión es una seña de identidad de nuestra cultura occidental!, y “es lo que caracteriza nuestra civilización”. Aparte de que esto estaba lejos de ser cierto, ya que la libertad de expresión se ha ido abriendo paso con dificultades tan sólo entre los siglos XIX …
