No miento si digo que el 23 de abril ha ganado importancia en mi vida y en mi relato desde que vivo fuera, concretamente en Catalunya. Ha sido aquí, en Barcelona, donde realmente he conformado mi identidad aragonesa cuando se me llama española y he de explicar que no me siento así, que soy aragonesa, y que Aragón no es Madrid. Entiendo, sin embargo, que seamos leídos de esta manera cuando el complejo de personaje secundario se intenta suplir idolatrando al grande y fuerte, a ese que dice que España es “una, grande y libre”. No sé si grande y …

