Alicia, Esther y Pilar son madres de tres jóvenes con discapacidad —Beatriz, Nerea y Leyre— que acabaron el colegio en junio y siguen sin plaza en un centro ocupacional. Mientras la DGA retrasa la ampliación de plazas, ellas sostienen en casa rutinas imposibles, la pérdida de autonomía de sus hijas y una sensación compartida: la de haber sido abandonadas por el sistema.

