A veces, por increíble que parezca, podemos encontrar más inteligencia emocional en un Montoya descamisado, iracundo y lacrimoso corriendo por una playa que en un tío tranquilo que te habla en voz baja


A veces, por increíble que parezca, podemos encontrar más inteligencia emocional en un Montoya descamisado, iracundo y lacrimoso corriendo por una playa que en un tío tranquilo que te habla en voz baja