Como miembro de la tardía generación X, aunque ya solo me pillase por los pelos, estoy en esa edad en la que uno emite sonidos involuntarios al incorporarse, encuentra incomprensibles actividades y sensibilidades y también se permite el lujo de fantasear con lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Sí, yo también tengo un lugar imaginario a donde volver cuando la realidad se torna extraña o cuando necesito una buena taza de autocomplacencia calentita. Una fantasía en apariencia cómoda, pero que esconde horribles derivas si no andamos al ojo. Una fantasía en la que el feminismo era una competición …

