Creo que todos conocemos la fábula de Samaniego: lechera que va con el cántaro lleno pensando en lo que podrá comprar cuando venda el contenido. "Con las monedas mercadas, compraré una docena de pollitos, cuando sean grandes los cambiaré por un lechón. Lo cebaré hasta ser un cerdo enorme y lo trocaré por una ternera. Al poco, me dará mucha leche, tanta que, vendiéndola toda, podré comprarme trajes, una casa y…". Sabemos el final, el tropezón, la caída, el cantarillo roto y los sueños hechos añicos. El señor Azcón ha tardado en deshojar la margarita que le orientara hacia dónde …







