El 1 de mayo nos convoca, año tras año, para reivindicar un principio básico: que el trabajo debe ser una garantía de dignidad, no una fuente de incertidumbre. Pero para muchos jóvenes esta afirmación empieza a sonar a ironía. Vivimos una realidad en la que acceder a un empleo digno se ha convertido en una carrera de obstáculos que no siempre ofrece una meta. La precariedad ha dejado de ser una etapa para convertirse en una constante. La juventud ha crecido con un mandato claro: formarse, esforzarse, adaptarse. Y lo hicimos. Acumulamos grados, másteres, idiomas y cualquier otro título que …


