Entramos mi madre y yo en una cafetería clásica de las de café, churros y chocolate. Diviso al fondo, sentado en una mesa, a un señor muy pinturero, de complexión fuerte, con su camisa y su pelo canoso. Elegante. Atractivo. Según nos acercamos confirmo mi primera impresión: es un señor elegante. Hablo de un señor mayor. Mayor de verdad, de unos setenta para arriba. Justo cuando pasamos para sentarnos en una mesa cercana, pide un café americano. Su acento me ha sonado argentino, sin estar muy segura. Bueno, para ser más precisa, me ha sonado porteño, de Buenos Aires. Más …








